Cuba, al fin una buena noticia

Manolo Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Aplicar un aumento de salarios –en ocasiones hasta casi cuatro veces más de lo que se percibe hoy-, sin elevar precios en el mercado minorista, es buena nueva en cualquier parte, pero si se trata de Cuba, donde el alto costo de la vida y los bajísimos ingresos le arrancaron a los salarios su capacidad de compra y de estímulo para que la gente trabaje y cubra sus necesidades básicas, entonces es todo un acontecimiento que beneficia a maestros, médicos, científicos, investigadores, barrenderos, fiscales, periodistas, dirigentes administrativos y políticos (salvo ministros y el presidente) , es decir al sector presupuestado, ese que no genera ingresos a la economía y representa el 48% del total. En medio de la crisis de los años 90, cuando llegamos a soñar con comida porque dormíamos con sinfonía en las tripas a falta de alimentos, mi hijo Ariel, que entonces se preparaba para ingresar en uno de los bachilleratos más exigentes del país, tuvo una revelación que compartió: “Mami, ya sé lo que voy a ser, voy a estudiar para dulcero de hotel de lujo o taxista de turistas extranjeros”.  –Ariel, ¡no me digas eso por tu madre!, si tú puedes ser ingeniero, médico, hasta científico-, respondió ella compungida y nuestro hijo le dio una de esas respuestas pragmáticas que comenzaban a calar en un país y en una generación, la única del planeta, que creyó en serio que se podía vivir sin pensar en el vil dinero. “Sí, mami pero los ingenieros, los médicos y los científicos se están comiendo un cable, y los dulceros de hoteles y los taxistas, ¡NO!, ellos viven bien”.

Han pasado más de 20 años con “este país al revés”, como le respondió la madre al hijo entonces. Veinte años, en los que se hicieron algunos remiendos salariales entre médicos y maestros sin llegar nunca a lo que encierran ahora los aumentos salariales –también de pensiones-; dos décadas en las que creció la desidia y la estampida migratoria. A partir del 1 de julio un maestro de enseñanza media, que hoy gana 555 pesos al mes (unos 23 usd), llegará a cobrar más de mil 400 (casi 60 usd) y un profesor titular de universidad percibirá más de mil 700 pesos; jueces y fiscales cobrarán salarios superiores a los dos mil pesos y los periodistas, con ingresos mensuales de 385 pesos (menos de 16 usd)  –por debajo del salario medio-, llegarán a mil 200 (50usd). A todo lo anterior, por las condiciones sui generis de esta isla, hay que añadir el ingreso indirecto que representan la salud y educación gratuitas, y un sistema nacional de subsidios estatales que incluye hasta una canasta básica de alimentos, subvencionada también, que no cubre el mes pero disminuye la carga de los más necesitados.

¿Cómo se ha podido vivir con tanta estrechez ?, pregunté. “Inventando todos los días”, me respondió un colega de la prensa nacional, de los que sigue creyendo en que “el país se va a enderezar” ahora que los que mandan, dice “ tienen los pies bien metidos en la calle”. Para otro amigo, septuagenario, de aquellos que entregaron su juventud completa a levantar un país distinto, sin pensar en ellos ni en sus familias, ni en premios ni en medallas, los aumentos anunciados, abarcadores, estimulantes y lo más cercano posible a la justeza en las condiciones de agobio económico que vive la nación, es el último recurso que quedaba porque de “continuar como íbamos- dijo-  esto se iba al carajo”.

La verdad de todo esto pudiera estar en el punto medio de ambas posiciones, porque la medida anunciada hace pocas horas es solo el comienzo de un reordenamiento -se especula que a partir de enero próximo-  que implicará también salarios, la tan anunciada unificación monetaria y cambiaria, regulación de precios, eliminación de subvenciones y despegue con mayor independencia de las empresas estatales.

Algo, finalmente, comienza a moverse en la economía nacional, Talón de Aquiles del sistema cubano, y solo queda esperar que lo puesto en marcha no pierda el ritmo o comience el muy dañino pa´lante y pa´atrás de otras veces.

 

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