Teleguerra de religiones

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Percibo una guerra de religiones en las televisiones europeas entre dos mundos tan distintos como Estados Unidos y Turquía, amigos y enemigos de siempre que ahora se enfrentan, en lo más profundo, en lo más íntimo, a través de las pantallas pequeñas.No se trata de un enfrentamiento para ver quién se lleva el gato al agua de la popularidad televisiva que tanto importa. Porque los norteamericanos nos enseñan no solamente lo fuertes que son, lo justiciero que creen ser, y también una mijita de las fuerzas que pueden poner en juego si una guerra estalla y ellos están metidos en ella. Y la guerra de las televisiones es dura. El cine ha sido siempre para los Estados Unidos, y ello desde el año 1945, al final de la II Guerra Mundial, un arma de propaganda tan poderosa que se ha convertido en un producto que imponen en los contratos con cualquier nación. Nadie mejor que ellos han entendido que las imágenes de una película montadas alrededor de un guion a veces escrito por hombres de letras de prestigio es esencial para acompañar cualquier acción diplomática. Se trata, naturalmente, de que ellos, los yanquis, aparezcan siempre como los buenos capaces de intervenir en cualquier parte del mundo para restablecer la paz. Es totalmente falso pero el público se cree lo que le pintan y si no acuérdense del simpático y poderoso Superman y luego de toda la familia de la factoría Marvel.

En Europa, Francia no juega a ese juego en la TV. Se limitan a presentar de vez en cuando buenas producciones de temas diversos, el policíaco gana últimamente, y otro tanto hacen Inglaterra, Alemania y otros países que poseen el alma de la televisión.

Durante muchos años, las telenovelas latinoamericanas, esencialmente de Venezuela y México, cubrían una parte importante de las programaciones en toda Europa.

Desde hace algún tiempo, ha entrado en juego Turquía, país poderoso y estratégico que posee fronteras indispensables para el buen desarrollo de políticas exteriores como la de Estados Unidos. Está situado en el sureste de Europa y en el suroeste de Asia y a mano tiene el mar Egeo, el Mar Negro, el Mediterráneo.

La Unión Soviética está a un tiro de piedra y es hoy por hoy el país que más puede influir en la guerra de Siria y el que, por contrato con la Unión Europea, limita la galopada de inmigrantes hacia Europa.

Recep Tayyip Erdogan, que presume de islamista moderado, y probablemente lo sea, es el Presidente de este país cuya máxima ambición es ser admitido como miembro de la Unión Europea, a lo que se oponen varios países por el holocausto armenio, que se desarrolló entre 1915 y 1923 cuando los otomanos llevaron a cabo operaciones militares que tendían a un exterminio puro y simple de ese pueblo. Los autores de este intento de exterminio fueron los otomanos, digamos que los antecesores de los turcos. Pero Turquía considera que no fueron ellos los exterminadores pero algunos países europeos llevan años oponiéndose a su entrada en la Unión de Europa.

Turquía ha entrado en el negocio televisivo europeo con seriales en general malos y hasta malísimos, de un sentimentalismo pernicioso. Es probablemente la producción menos logradas del mundo, donde el sexo no existe prácticamente, y todo transcurre entre familias de muy buenas familias que suelen ser, curiosamente, mafiosos refinados o primos de.

El cuento es que en un capítulo de una de esas telenovelas visto por casualidad, el padre de una familia se retira en una pequeña sala para hacer sus oraciones, con lo cual se introduce el factor religioso de lleno.

Lo curioso es que hay una célebre serie norteamericana policiaca que lleva mucho tiempo en pantalla, Blue Bloods, que gira alrededor de una familia de policías irlandeses de Nueva York, muy familia norteamericana impecable, que todos los domingos se reúnen para comer. Pero antes, algo bastante inusitado en televisión, uno de los asistentes tiene que bendecir la mesa.

De ahí a peguntarse si los turcos no quieren también que los europeos comulguemos, además de con Jesús, con Alá, hay unos cuantos fotogramas que el tiempo dirá si se confirma.

Pero son inquietante estos dos ejemplos porque seguramente habrá muchos más. Entre el cristianismo y religiones como la musulmana las cosas no siempre ni nunca han andado bien, desde persecuciones menores a quema de iglesias.

Si todo queda en un intento fallido de realizadores que quieren aprovechar la popularidad de la TV para propagar en lo que ellos creen, bendito sea Dios.

× ¿Cómo puedo ayudarte?