El Presidente perdido en Amazonia

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Me provoca un supremo cabreo, he probado con otros adjetivos pero ninguno me llega para tanta indignación que me quieran tomar por Pepito el que vendía dólares a 25 centavos. Leo, releo y vuelvo a cabrearme cuando me dicen que en Brasil existe un señor llamado Raoni Metuktire, jefe de la tribu amazónica Kayapos, que se dice dispuesto a salvar la Amazonía, ese inmenso mundo verde de cinco millones y medio de kilómetros cuadrados que conserva las mayores reservas de agua potable del mundo (es decir, que no nos moriríamos de sed si nos la dejaran) amén de ser un espacio vital para el medio ambiente. Todos los especialistas están convencidos de que las plantas medicinales capaces de curar lo incurable está allí. Yo he visto instalaciones confortables en medio de la jungla, donde extranjeros, probablemente enviados por laboratorios farmacéuticos más ricos, esperan que aparezca la planta de la felicidad. No me refiero a ninguna utopía. Hablo de plantas que por fin liquiden esos horrores de enfermedades que nadie sabe curar. Los japoneses y otros extranjeros están al acecho y todos los encargado de la custodias de ese jardincito de cinco millones y medio de kilómetros metros cuadrados están convencidos de que la planta milagrosa saldrá de allí un día u otro. A menos que ya haya salido y estén procesándola en algún laboratorio. Los pocos militares que custodian e impiden que la desforestación de la selva vaya demasiado de prisa –enormes empresas se llevan y roban todos los días toneladas de madera de la más cara y rara—saben que regularmente salen de Amazonía, de forma muy discreta, claro, plantas que se llevan extranjeros a otros países para procesarlas. La Amazonía es un paraíso que nadie puede imaginar. En plata podría decirse que es una reserva donde hay de todo y todo rico. Las maderas más cotizadas y ansiadas, que ya han dado lugar a más de un enfrentamiento entre quienes quieren llevárselas por la cara y las autoridades, sin grandes medios, que tratan de evitarlo. Sin contar riquezas minerales y, sobre todo, el agua, que en los años setenta había dado lugar a un grave incidente entre Washington y Brasilia. Un diputado marxista, como diría el presidente Jaír Bolsonaro, descubrió o le hicieron descubrir que los norteamericanos tenían un plan perfectamente montado para apoderarse militarmente de la preciosa agua en caso que ellos creyeran necesario, es decir cuando les diera la gana. Pese a las protestas de Washington y al lío que se armó –presidía entonces el país Fernando Henrique Cardoso, antecesor de Lula—la cosa se calló pero es seguro que esos planes o planos siguen guardados en el Pentágono.

Amazonía es un inmenso país bajo la custodia de una serie de países: Brasil, Perú, Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Guyana francesa, y Guyana y Surinam. Es un universo aparte, con sus tribus, y sus ambiciones. La principal de los indios, aunque tengan otras más mundanales, es vivir en paz en un entorno que no existe en ninguna parte del mundo. Desde petróleo a oro y piedras preciosas hay de todo aunque actualmente la explotación más fácil y productiva es la madera.Todo esto sin contar las plantas medicinales, no las olviden nunca. Hay que repetirlo. Podría decirse que es el mayor laboratorio del mundo y más de un país versado en el negocio de los laboratorios médicos sabe que un día se encontrarán plantas que cambiarán la medicina.

Aunque se hace la vista gorda para que los traficantes de drogas hagan sus negocios y el robo de madera esté al orden del día, ha habido hasta ahora, si puede decirse, un cierto respeto por esta parte del mundo única y sus habitantes.Hasta ahora, insisto, Amazonía solo ha sido explotado de forma nada legal por quienes comercian con sus maderas. Pero cada día más, los indios quieren reivindicar lo que sin duda es suyo. Raoni Metuktire, jefe de la tribu de los Kayapos, se ha erigido en líder de esta cruzada y al parecer hace cuarenta años que se ha atribuido ser el guardián de la selva. A finales de 1970 se dio a conocer por una película realizada por el francés Jean-Pierre Dutilleux, acompañada de una gira mundial con el cantante Sting. De acuerdo con el diario francés Le Figaro Magazine, acaba de realizar una gira por Europa (en España no se le ha visto) donde por lo que dicen se ha entrevistado con personalidades como el presidente francés Emmanuel Macron y el Papa Francisco, para informarles de la tremenda y peligrosa deforestación que está sufriendo Amazonía.

Aunque fotográficamente queda muy bonita, la acción de este indígena no parece tener grandes posibilidades de llegar a algo. Desde que se asentó en la presidencia con sus ideas de extrema derecha, Jaír Bolsonaro ha dejado claro que Amazonia tiene un potencial que no se puede desperdiciar. A primeros de año, cuando tomó posesión de su cargo, dejó bien sentado que hay negocio por medio y que él no piensa desperdiciarlo. Refiriéndose a la tierra indígena de Raposa Serra do Sol, que ya ha sido demarcada, es decir, preparada para ser incorporada en proyecto que nada tienen de medioambientales, dejó claro que “es el área más rica del mundo”, con sus reservas de uranio y niobio.

“Se puede explotar- siguió el Presidente- de forma racional “dándole royalties a los indios e integrándolos en la sociedad”. Es decir, echándole unos reales devaluados cuando pasen por sus pueblos. Al Presidente no parece preocuparle demasiado que Amazonia sea reconocida por Naciones Unidas como patrimonio de la Humanidad, es decir que se declare que es intocable.

El 60 por ciento de la selva está en territorio brasileño pero 36 millones de hectáreas fueron ya taladas durante las últimas treinta años, según datos fidedignos. Entre agosto y octubre del año pasado, la deforestación de la Amazonia aumentó casi un 50 por ciento en relación con el mismo período de 2017. Y después de todo esto, quieren ustedes que yo me crea que un solo indio, por mucho apoyo moral del Papa que tenga, va a ser capaz de luchar contra la rapacidad de un presidente que hasta ahora ha hecho lo que le ha dado la gana y con la anuencia de su amigo Donald Trump. Pero estamos hechos de esa madera de la credulidad, de la que todo es posible y de que Dios puede arreglarlo todo La verdad es que ningún gobierno brasileño se ha tomado nunca Amazonia seriamente. En los años setenta los indios tenían una Casa, una especie de sede, en Brasilia, donde se podían ver a algunos chamanes realizar sesiones de magia, más o menos. Pero cuando ibas a coger el ascensor te encontrabas con dos pordioseros de no se sabe qué tribu que te pedían tabaco. La civilización les había agarrado por el cuello.. En todo caso, antes de que el ex capitán hoy Presidente transforme Amazonia en un Disneylandia cualquiera, viajen a esa parte del mundo. Les aconsejo sobre todo visitar El Pantanal, en la época en que las aguas cubren una porción de selva extravagantemente bella. Los animales más hermosos, las flores más extrañas. Y hasta esos deliciosos peces graciosos pero poco de fiar, que se meriendan un buey cuando tienen hambre. Pero desde su hotel flotante usted podrá pescarlo para hacer una sopa de rechupete.

× ¿Cómo puedo ayudarte?