Por una Habana desconchada

Sergio Berrocal

Si me leo y releo regularmente Granma, el órgano oficial del Partido comunista de Cuba, no me queda más remedio que concluir que la prensa mantiene a los cubanos el pasado. Todos son alabanzas a lo que fue, a lo que pudo ser, a lo listo que todos fuimos pero las referencias a la realidad pura y dura salvo algunas noticias cortas, son lamentables. Y al lado fotos de mucha actividades. Reuniones y más reuniones, alguien me hablaba de la burocracia que tuvimos en Europa, paseos como si estuviésemos en campaña electoral. O como si hubiese que darle cuenta a Fidel. A la prensa cubana oficial no le gusta la realidad. Vive en el pasado o en un presente a lo Walt disney , con Fidel Castro, con Raúl Castro, con José Martí, con los muertos de otro calibre. De vez en cuando se entera uno de que habrá un hotel exclusivamente para gays (en Fresa y chocolate se llamaban maricones, creo, pero los tiempos cambian) y que se seguirán construyendo monstruosos edificios no aptos para turistas de toda la vida. De los que estábamos en el Nacional o el el Capri como en casa. Y no habla de los comentarios con fotos que aparecen en Face Book (que hace una bonita publicidad a Cuba pero tiene algún revés) sobre la búsqueda de alimentos en La Habana con todo tipo de retahíla. No entiendo que los comentarios sobre las barrabasadas de los Estados Unidos aparezcan de vez en cuando en Granma u otro similar, con foto de autor. No lo entiendo porque al lado se hace una singular apología de la cantidad de norteamericanos que visitan Cuba, que visitarán Cuba… Nadie parece echar cuenta que los esos super trasatlánticos que atracan un ratito para que los pasajeros bajen a tierra y compren cuatro souvenirs no son rentables, según las cuentas que echan otros países picos y avezados en estos menesteres donde los turistas han expulsado de sus casas a los que siempre vivían en ellas porque los propietarios le sacan más dinero alquilándolas por poco tiempo a turistas, que les importa una mierda el país. Que lo único que les atrae es la bebida barata, el sexo quizá y pare usted de contar.

Y ocurre lo que acaba de ocurrir. Al viejo de Washington se le ha pegado la locura de Londres y ha dicho que se acabaron los barquitos. Que se jodan esos putos cubanos que tienen la suerte de vivir en el país que tejió su libertad como ellos hicieron cuando los ingleses los pateaban como esclavos comidos por indios. Y el viejo mandó parar. Ya está bien. Pero ni su mujer le da la mano por miedo a que se la quede. Pero Estados Unidos, no lo olviden, volverá a elegirlo, porque EEUU es un nido de cucos locos como cencerros. Mientras tanto falta de todo en la mismísima Habana según lo que se publica en Europa. Por lo visto hasta fabrican carne de la que nadie había oído hablar. Pero bueno, están los listos, aquellos que saben que siempre quedará algo para ellos de los pocos de dólares que se gasten en tierra firme.

Se están dando con La Habana, me comentaba el otro día una amiga que ha estado no ha mucho. Se creen que con los hoteles de lujo ya tapan todos los boquetes. Sin hablar de la carestía.

Francamente, y ustedes perdonen, prefería cuando un funcionario más o menos alto me dijo en uno de mis primeros viajes a La Habana; “No tenemos divisas para comprar cemento y pintura pero creo que es más urgente dar de comer a los cubanos que reparar todos estos edificios que se caen”. Dios sabe dónde andará aquel señor que parecía tan sensato mientras contemplábamos La Habana desde lo alto de la piscina del Capri que ya estaba un poco deteriorada. Sin hablar de las habitaciones, claro.

Es posible que los cubanos no se lo crean, pero aparte del gobierno hay gente que se nutre de esos chanchullos de hoteles para maricas, a los que quizá les proyecten la película “Fresa y chocolate” en tres dimensiones” y los lleven de paseo por Coppelia en una plataforma cinematográfica. El truco de hoteles y hasta de poblados para los del otro sexo que tan de moda estuvo un tiempo en Europa y que ahora es de un aburrimiento mortal, aunque está la variante de la paternidad. ¿Inventarán también en Cuba el alquiler de vientres para que las parejas homos se lleven un niño made in Cuba?

Me da vergüenza tener que escribir estas cosas pero han pasado sesenta años de revolución, Fidel Castro ha muerto, lo que debería haber dejado la puerta abierta para una política comercial “más capitalista” (en el fondo todos queremos ser capitalistas, y si no miren del lado de China). Y no ha cambiado nada.

Repito, la única diferencia es que ya no veo el uniforme de Fidel acompañando uno de esos discursos que ponían rojas de rabia a las cancillerías del mundo, porque era el único hombre de Estado que decía sus cuatro verdades a los Estados Unidos. Les reprochaba sin la menor politesse su desatinada política “cultural” para engañar al mundo, sobre todo las películas, en las que el Presidente llegó a ser maestro de cine. Ahora a todo el mundo parece importarle tres pitos que se programe una película u otra, que cada vez los arrebatos neo culturales de Donald Trump sean más caprichosos y peligrosos. En tiempos de Fidel todavía no se ataban en Estados Unidos con esposas de delincuentes de series norteamericanas a chiquillos centroamericanos de cinco o seis años por el delito espantoso de haber querido seguir a sus padres hacia una vida mejor que, desgraciadamente, no la ofrecen los bandidos que mandan en algunos países latinoamericanos y que están al otro lado del muro que el fantoche nunca construyó, pero que existe con sus tiradores de élite.

Y, me dirán ustedes, ¿cómo mis amigos cubanos van a estar dando palos a estas políticas insensatas si no les llega el tiempo para avituallarse? Pongamos menos parches a La Habana para los turistas y dejemos de una puñetera vez que los cubanos, que ya penaron sesenta años, puedan vivir decentemente. Sois unos héroes, tíos, os merecéis el paraíso, pero no el de Donald Trump, desde luego.