La toca

Mª Victoria Paéz Rodriguez

Azul, era de un azul inconfundible y de un puntualidad envidiable. Pero, no sólo era azul la toca, lo era también la falda en la que se arremolinaban niños que no levantaban un ápice del suelo, y que se protegían del miedo a lo desconocido, la ausencia de mamá o el frio de la mañana.Todas y cada una de las mañanas del curso escolar estaba allí, cuando yo paseaba a mis perros , y mis hijos,aún, no habían nacido. Fue quien los recibió en aquel Septiembre del 2006, entre mi pavor y mi llanto, y a quien una mañana, escuche  preguntar ,al alguien ,si le podía proporcionar una caja de ibuprofeno. Tres, creo que le baje tres, en todas las presentaciones a la venta. ¡ Ahí empezó nuestra historia!¡ Ven como el ibuprofeno sirve para todo! Muchas veces he pensado, si esa pregunta al aire, realmente no era la llamada de ese Dios todopoderoso, que sabía que tenía que presentarme a mi ángel de la guarda, porque iba a necesitar tenerlo muy cerca, “ a mi vera”, porque se venía encima una catástrofe nuclear. Siempre, con su toca azul, me esperaba cada mañana, y acariciaba con especial dulzura a mi “bomba”, que ya había aprendido a adorarla.Sin falta, en su falda impoluta, recogía sus mejores restos y los llevaba al sueño, para después, consolar mis más grandes lágrimas y llevarme en una oración a la Virgen Milagrosa.Desde esos momentos empezaron a llegarle “ las flores a María, que madre nuestra es”…no cualquiera, todas llevaban una rosa de un tímido rosa palo en medio. Mi ángel veía crecer nuestra oración sin fin, nuestro proyecto infinito. Se hacía un hombre sin tapujos, porque ella, se había encargado de que María Santísima no se despistara ni un momento de aquella tarea. Un hombre, nuestra oración y proyecto se hizo un hombre, al que seguía vigilando en los recreos, y que , al verla, la revoloteaba, con su toca azul, como un pajarillo. El proceso había terminado, por lo menos para Dios, que para mi no:

  • Se enfermo de verás
  • ¡ Anda ya!¡Es de roble! Tiene tantas cosas por hacer. Tiene que llegar al final. Tiene que verlo graduarse.

Pues no, fui un Moisés sin tierra prometida; me quedé al final del desierto, sorprendida…. Dios sólo me había dado dos días….después de trece años de desierto…. Dios me había dado dos días, una palomita y la toca. Se que está en un sitio mejor, donde se merece, que nos ve a todos, y estará más orgullosa que nunca del hombre que construyó desde los pedazos de un niño. Yo solo pude retirar la palomita e inundarlo todo de las flores que tanto le gustaban. Ahora nos toca aprender a vivir sin ángel…..pero ¡ alabado sea el Altísimo!¡ El nunca se equivoca!