Ojos marrones

Victoria Paéz Rodriguez | Maqueta Sergio Berrocal Jr

 

 

 

 

 

 

“ Profundo desierto de lagrimas

donde el viento mece pequeños

granitos de arena, exuberantes campos andaluces

dorados por los largos paseos

del alto astro,

cielo de un nuevo atardecer

cada caída de primavera,

tierras donde duermen

mis callados secretos.

En vuestros ojos veo caer las hojas

de los árboles,

que bailan entre susurros

de una leve brisa,

efímera melodía cantada

por los pájaros de mi alma.

En vosotras las rosas florecen

entre esperanzas de vida,

y vuestros ojos son dos constelaciones

que son bocetos de luna.

Con vuestra mirada sembráis deseo

en la cosecha de mis versos,

que transformo en palabras cargadas de anhelo,

con las letras de vuestros nombres.

Y en vuestros ojos veo tiritar las nubes.

Ojos marrones fruto de la ilusión

de mi alma,

ojos tan allegados al alma mía,

os recordaré siempre.

¡ Ojalá fuera posible que de mi cerebro saliera algo así! Lo único que fui capaz de lanzar un grito bajito cuando os vi esperándome en la acera y detrás la angustia de salir corriendo de aquel lugar. Vivas , os teníais que marchar vivas, y seguras, sin otra soga al cuello que la de mis brazos besando vuestros largos hocicos y repitiéndoos: “ Se acabó peques. Vuestra vida empieza ahora”

Esos cuerpos esbeltos, el pelaje atigrado para perderse en el campo y los ojos, los ojos caramelo que me leyeron el alma nada más mirarme. Me calasteis el corazón como un melón, os disteis cuenta que no ibais a cazar más, que os ubicaríais en un sofá blandito y, con suerte pillaríais algún un mosquito trompetero.

Mis bellas supervivientes, ya estáis a buen recaudo; nadie os hundirá en ningún pozo ni os enseñará mas corbata que la que destrocéis jugando con vuestros colmillos, nosotros mismos os las compraremos al peso, si es preciso.

Mis princesas , luchadoras de campos con castillos sin bandera, ni China ni Lagartija, ni nombres heredados de campeones antepasados,  Aria y Samsa, mujeres fuertes en un mundo de hombres desalmados. Ya estáis conmigo …. Menos mal que nos acompañó Dracaris en la aventura, por si nos daba miedo, por si había alguna nariz que romper…  fue muchísimo mas fácil para las tres.

Gracias nuestro dragón protector, muchas gracias, os debemos una batalla si alguien osa nombrar vuestra honra.

Suerte mis princesas del norte. ¡ Ahora seréis reinas!

 

 

 

 

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