Jesús, otra vez a la cruz

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Mira, Jesús el Nazareno, te ando buscando porque no tienes más remedio que dejarte crucificarte otra vez en Tierra Santa a ver si los benditos Israelíes, bestias que gobiernan en esas regiones dejan en paz a los más débiles, esos palestinos que viven como mendigos desde siempre, y a los que vejan, matan y escupen con el desdén de los poderosos, de la gentuza que se cree por encima de todo porque están protegidos por el país más poderoso del mundo, Estados Unidos, donde también habría alguna cuenta que ajustar.

No da la impresión de que estés al tanto, pero desde que los romanos te crucificaron hace más de veinte siglos el mundo no se ha arreglado y tu papá es un farsante. Donde menos se respetan, donde más se atropellan los derechos humanos, a tiros, como en las películas del Oeste, con las lindas manos de los soldados israelíes a los que los norteamericanos con su apoyo en armas, dinero y diplomacia permiten machacar palestinos, desde la más temprana edad a cualquier otro momento de la vida.

Cuando no los matan los meten en unas cárceles que enseñan a delegaciones extranjeras con infinito orgullo.

Tu patria, Palestina es un gigantesco campo de concentración donde los émulos de los romanos hacen y deshacen, asesinan, roban las tierras de los demás, los palestinos, claro, bombardean sus viviendas y dejan la esperanza a cero.

Pero ocurre que el protector de todas estas atrocidades, el presidente benefactor de los ricos Donald Trump, cuya religión se desconoce, autoriza tropelías parecidas con los latinoamericanos que huyen de sus países muertos de vida en busca de un trabajillo, por mal pagado y apaleado que sea, en Estados Unidos.

Trump autoriza que a niños de cuatro o cinco años se les pase las esposas como a criminales, que se les deje morir por falta no de una de esas colas que él engulle sino por una botella de agua.

Resulta que te andamos buscando porque queremos pedirte que vuelvas a la tierra para empezar lo mismo que hiciste hace más de veinte siglos. Que nazcas, de Virgen o no virgen ese ya es tu problema, aunque con el movimiento feminista quizá sería mejor escoger un embarazo clásico, pese a que los tíos están muy respondones. Estamos viviendo momento su ni te lo imaginas. Ya nadie cree ni en los milagros ni en la virginidad. Ni las señoras más redentoras.

Prepárate un vestuario, siempre se te podrá encontrar un empleo de vendedor de libros, que falta hace que alguien los venda y como tú siempre han sido tan convincentes que los lean y acaben de salir del muladar de analfabetismo en que se encuentra la humanidad. No, Jesús, que no exagero.

El problema es que tendrías que dejarte arrestar por otro tipo que no sería Pilatos por formar una organización revolucionaria. Como Fidel Castro ya se murió, cómo no vas a saberlo tú, podrías instalarte por algunas montañas de esos mares Caribe. Nosotros te aconsejaríamos Haití, que es el país más pobre del mundo y al que le hace falta un repaso de tomo y lomo para que los niños puedan crecer y no se mueran tan rápidos por falta de alimentos. Allí encontrarás palacios y Herodes que van a ser tus peores enemigos. Porque está claro que ya tuvieron bastante con Fidel Castro y el Che Guevara y que tú vengas a predicar otra revolución, te lo advierto, se lo van a tomar muy mal. Pero no te vengas con           látigos para pegarle a los malos, compra de contrabando las armas más pesadas y si te venden baratita una bomba algo atómico no vaciles.

Para no cansarte, mis amigos y yo que formamos una asociación que pide tu vuelta a la tierra, aunque donde de verdad te llaman a gritos es en Brasil, te haremos una serie de peticiones, que en realidad tú ya cumpliste hace más de veinte siglos. Pero comprenderás que los mercaderes del templo, aquellos ladrones que tú echaste a zurriagazos, han cambiado mucho. Ahora no se llaman mercaderes de nada, forman mafias, con jefes llamados Padrinos, más o menos como aquellos sinvergüenzas que tú y tus discípulos tratabais de meter por vereda sin demasiado resultados. Tendrás que olvidar los doce apóstoles a lo que te acostumbraste y formar una sólida pandilla de hombres de bien que quieran dar leña a los malos de Wall Street. Y re repito, nada de látigos, por muy romántico que sean. Por lo menos fusiles ametralladores. Y me los entrenas bien.

Sí, ya sé, tu estabas más tranquilo con la última cena, ahora se utilizan cubiertos, aunque no siempre como tú imaginas. La otra noche, un señor muy rico que se alojaba en la más abracadabrante suite de uno de los hoteles más lujosos de esta costa (las suites son habitaciones, pero como casas de lujos y con mucha cristalería) se suicidó con uno de esos tenedores que el resto de los malos mortales que ahora habitan el mundo usa para comer. Se apuñaló el cuello con el tenedor hasta desangrarse. Ni que decirte cómo puso a los médicos que acudieron en su auxilio. Este es el mundo que te vas a encontrar.

Te cuento esto para que veas que ya la gente no se cuelga de un arbolillo indefenso, como aquel amigo tuyo que se llamaba Judas. Las cosas han cambiado mucho, Jesús.

Y tú, porque te llamamos para eso, para que pongas orden, tendrás que adaptarte a las circunstancias. Te verás obligar a usar la violencia pero ya te estamos reclutando croatas de la primera guerra mundial que eran muy feroces. Aunque está claro que al final de cuentas el pato lo pagarás tú. Porque queremos que pongas orden y que cuando te sienten en una silla eléctrica por todos los delitos que te atribuyan, te marches con el corazón lleno del fervor de haber arreglado el mundo.

Aunque yo tengo ciertas dudas. Tu padre, ese señor llamado Dios, no creo que te eche una mano porque a estas alturas debe de pertenecer a alguna de las mafias que suelen actuar principalmente en Estados Unidos, porque tienen una tradición desde que los italianos llegaron a ese país, nada que ver con Galilea, vendiendo aceite de oliva, que tampoco puede compararse con el que tú serviste en la última cena.

Lo malo es que finalmente tendrás que morir para ver si así el mundo se da cuenta de que todo va muy mal y hay enmienda y arrepentimiento, cosa que dudamos, pero como tú tienes la experiencia… Lo que podemos asegurarte es que no tendrás que recibir escupitajos por las calles cuando los malos, que siguen en la tierra desde tiempos de Poncio Pilatos y sus piratas vestidos de ropa más o menos extravagante, algunos con gruesos cinturones y cascos de cobre y oro –si has visto el carnaval gay de La Habana o el de Río tendrás una idea-te hayan pescado para ejecutarte.

Sí, Jesús, es que no tendrás más remedio que volver a morir porque si no la gente, y sobre todo los brasileños que te esperan hace un siglo, se creerán que has venido de nuevo a la tierra a redimirnos. Pero, no te preocupes, ahora, matan muy decentemente. Procuraremos que sea un gobernador del sur de Estados Unidos que te condene a la silla eléctrica. Nada que ver con las atrocidades de la cruz que tan pancho consintió tu padre.

Creemos que esta lección tuya de amor por la humanidad, porque toda la prensa lo difundirá, no te preocupes, bastará para eso que el gordo del Presidente Donald Trump de Estados Unidos y otros majaretas que quieren hundirnos en la miseria, se postren ante ti, recen algunos rosarios y sean buenos por lo menos durante unas semanas. Luego lo contarán en unas cosas llamadas tuis y rezarán un padrenuestro.

Luego es posible que tengamos que buscarte de nuevo, Jesús. Pero ya verás cómo esta vida veinte siglos después te parece más simpática. Y no quieras ser listo y huir de nuestro llamamiento escondiéndote en tu Nazaret porque allí más peligros que en Nueva York, donde matar forma parte del paisaje.