Gimoteo por 007

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Va siendo hora de decir un último adiós a nuestro querido James Bond, que fue el agente más terrorífico al servicio de Su Majestad Británica y de los Altos Intereses de los Estados Unidos de América, siempre en favor de la paz y de las espías soviéticas, chinas o vietnamitas que puso por el buen camino usando su machista método horizontal. Los más jóvenes apenas se acordarán de este individuo salido de la imaginación de otro  británico y de sus recuerdos de los tiempos en que Gran Bretaña era una superpotencia y todavía no se había salido de la Unión Europea, que todavía balbuceaba. James Bond, agente especialísimo hecho para resolver crisis mundiales con bombas atómicas y gente requetemala que no pensaba más que en fastidiar el bienestar de los sujetos del mundo libre, del que entonces, y por supuesto, se excluía a la Unión Soviética y a sus satélites europeos, chinos, japoneses y otra gente de mal vivir. Éramos todos blancos buenísimos de la muerte que luchábamos por un mundo mejor.En realidad, James Bond y sus películas de 007, con sus automóviles todo terreno de astucia para vencer al enemigo malo, comunistas de preferencia, se pasaba todos los largometrajes que se han hecho, unos cuantos, tomando Martini con ginebra pero sin que ningún barman se atreviese a agitarlo… Con el alcohol y todas las bellezas que encontraba en sus habitaciones de hotel, nada de cinco estrellas, por favor, todavía se maravilla la gente de que tuviese tiempo para mantener en jaque a las espías o “espíos” que solían mandarle para probarlo los repugnantes soviéticos. Un batallón de mujeres entrenadas para la lucha horizontal, la preferida por nuestro héroe. En realidad, desde pequeñito James Bond fue un machista empedernido, servido por un par de mujeres de los servicios secretos británicos que probablemente estaban enamoradísimas de él y le dejaban pasar todas sus imbecilidades sexuales y sus enormes notas de gastos. Ahora repican terribles campanas para el héroe de esas damas, que perdían la cabeza y todo lo demás por una noche de pasión con él y su inseparable pistola especialmente diseñada por los laboratorios de los secretísimos servicios de Su Majestad Británica, en un escondrijo de Londres.

Hoy ninguna casa de apuestas daría dos duros de las antiguas pesetas por James Bond. Está condenado a perecer vivito y coleando en las hogueras que brillantísimas feministas de Hollywood City encendieron hace ya un tiempo para ir quemando a todos los actores, directores, productores o similares convencidos de ser o haber sido machistas, violadores y otras cosas. James Bond ha sido quemado sin que nadie lo supiera. Ningún productor con dos dedos de frente, y todavía quedan algunos, se atrevería a producir una nueva película con ese héroe que pasaba más tiempo desvirgando voluntades femeninas que combatiendo a los comunistas de todo pelo. Tal vez el único lugar del mundo donde podría resucitar sería en esos países del Golfo Pérsico donde el papel de las mujeres es tan poquita cosa que no existe siquiera la palabra feminismo. Y, por supuesto, no hay feministas pero sí señores con chilaba que son los amos del mundo gracias al petróleo y que, por cierto, ahora parece que se dignan considerar que ver una película no da ceguera.  Mientras no tenían cines abiertos se entretenían apedreando hasta la muerte a mujeres impuras, cortando manos de corruptos y otras minucias. Pero la mujer ha permanecido durante todo ese tiempo en su casa sin posibilidad de nada.

El primero de esos países en abrir las puertas de una sala de cine ha sido Arabia Saudita. Y puede que no se lo crean pero la película que ha roto el ayuno cinematográfico después de 35 años ha sido ni más ni menos que “Black Panter”, una cosita de vengadores de esas tan espantosa que yo lloré en la puerta del cine, pero no el de Ryad sino el de mi isla africana… Pero hay que quitarse el sombrero, como decía Charles de Gaulle, aunque él prefería el kepí, ante la ingeniosidad y oportunismo de los productores de ese Hollywood tomado y ajusticiado como si las brujas de Salem hubiesen despertado de su letargo y decidiesen volver a las hoguera para poner orden en la maltrecha administración moral que es la nuestra. Hace ya años que inventaron superhéroes, los más modositos son probablemente Superman, Batman y algunos más, que ahora han convertido en Vengadores, encargados de mantener a la América de Trump fuera de las corrientes ascendentes de los malos, que siempre son los otros, los que quieren más pan y cosas así.

Ahora tenemos los Vengadores y desde que James Bond y sus congéneres encargados de mantener la paz en la Tierra han pasado a la reserva, otros productores quizá menos refinados que los que llevaban a las pantallas al estilizado agente británico en versiones tan diversas como actores lo encarnaron (los más guapos y nuestros preferidos fueron, por orden de entrada en escena Sean Connery, Roger Moore (el más encantador, puro producto de exportación de la Gran Bretaña) y Pierce Brosnan). Desde que se produjo la revuelta feminista de Hollywood, lo que implica una condena a muerte para un personaje como James Bond, los productores de los Vengadores están que no paran de celebrar su buena suerte con champaña Taittinger fresquito y servido en la piscina de su último monstruo. Porque lo de ellos, lo que mejor se les da a estos depredadores del buen gusto cinematográfico, es crear monstruos, a los que meten en la boca, o más o menos, “diálogos” que solo entienden aquellos que llevan encerrados en psiquiátricos por lo menos veinte años. Es la juerga del mal gusto, de la imbecilidad, de tomar al espectador por lo que es, un pagano que les llena las taquillas de dólares. El último de la serie de titula nada menos que “Vengadores: Infinity War”. No me pregunten más. Estuve a punto de romper la butaca de la sala minúscula y con apenas doce retrasados mentales que se reían de no sé qué. Es la negación de los hermanos Lumière, de cualquier Meliès que pudiese andar por ahí… Es la negación de todos y de todo. Pero funciona. Y en Hollywood eso es lo que cuenta. Hasta que un día veamos una de estas cosas que ellos llaman filme o película aparecer como ganadora en cualquier Festival de Cine.

James, James Bond, regresa, te queremos, te perdonamos. No nos dejes solos con todos esos monstruos. Seremos buenos y tú menos machista.