Quechua en el Sena

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Cuando el altavoz anunciaba que un autobús verde de la línea vaya a saber usted cuál se había caído al Sena lleno de pasajeros, yo ya había entendido el principio del comienzo de la primera lección de la lengua quechua, que un compañero peruano, ex secretario general del partido comunista peruano y periodista, se esforzaba de meternos en la mollera. Se rumoreaba efectivamente que aquel compañero de faenas había sido secretario general del partido comunista de Perú y había aterrizado en París con su familia quizá porque los vientos en los Andes no soplaban demasiado favorablemente. El grupito de periodistas recién nacidos que formábamos el turno de la mañana del Desk Amsud (servicio en español) de la Agencia France Presse nos habíamos entusiasmado por el quechua, lengua que por supuesto los franceses y otros cuantos ignoraban supinamente pero que nuestro compañero peruano enseñaba con un entusiasmo delirante. Tanto que cuando sonó la alerta del autobús parisiense que había caído al Sena, precisamente en un momento tranquilo, estábamos todos, éramos cuatro o cinco, apiñados en la mesa de nuestro profesor que daba su lección encima de una pila de despachos que habían llegado en las últimas dos horas. Porque eran tiempos en que las informaciones se recibían por teletipo que unos auxiliares de Redacción cortaban y llevaban puntualmente a cada servicio.

Nuestro entusiasmo era tal que, lo confieso, no atendíamos a la actualidad. Entonces salió del despacho adyacente un francés –en los primeros tiempos del Servicio Español teníamos un supervisor nacional–, nos miró, miró el reloj de pared y comprendió que era la hora de su almuerzo. Pero hizo un alto y preguntó, en francés, no en quechua, si estábamos al corriente del autobús. Por supuesto, dijimos todos a una, y empezamos a rebuscar entre los despachos. Por fin dimos la noticia, no pasó nada, porque no hubo ni un ahogado, pero ya aquel día se acabaron las clases de quechua.

Aquellos primerizos de la que luego sería probablemente la mejor Redacción destinada a informar a la prensa latinoamericana éramos raritos pero voluntariosos y muy esforzados. Entre los que asistíamos a aquella clase de quechua no recuerdo si estaba nuestro futuro Premio Nobel de Literatura, que también era peruano. Ya saben, Mario Vargas Llosa. Había otro peruano en aquellos primeros fichajes que hizo la AFP para sumergir América Latina bajo informaciones escritas en castellano, Julio Ramón Ribeyro, uno de los mejores escritores nacidos en Perú y que había dado un paseo por París, donde pronto coincidiría con el boom literario latinoamericano. Era el hombre más callado del mundo, con una tímida sonrisa de la que se le llenaba la cara cuando, en momentos de descanso, abría su ejemplar de La Pleiade de Proust y ya parecía perdido para el mundo.

Éramos la avanzadilla del Desk Amsud, como llamábamos al servicio en español. Toda gente muy seria, con muchas ganas de aprender. La nota simpática solía ponerla alguno de los tres o cuatro españoles que habían perdido la guerra de España y se habían refugiado en Francia y de paso en aquella Redacción. Por las tardes, la alegría de la huerta era Xavier Domingo, un periodista español catalán de pelo alborotado y espantosos purillos toscanos que en aquellos épocas en los que no estaba prohibido el tabaco nos atufaba en cuanto podía. Era el periodista perfecto, imaginativo y poseedor de una escritura que daba envidia. A muchos nos enseñó que la fantasía condimentada con cierta mesura era la alegría del periodismo. Él fue el autor de aquella información URGENTE que lanzó al mundo entero: MARGARITA PARIO. Quería decir que su alteza Real la Princesa Margarita de Inglaterra había tenido descendencia en su palacio de Londres. El verbo PARIR que no procedía de lo poco que pudo aprender de quechua, volvió loco a los estilistas de las redacciones de nuestros periódicos abonados en América Latina, que aunque protestaron por pretender que una Princesa, y sobre todo británica, no podía parir como una gata, y sí dar a luz como la vecina del tercero b, apreciaron la originalidad.

Deliciosos tiempos de aquellos primeros años del Desk Amsud en los que muchos de los que habíamos ingresado en la AFP para ocuparnos de este menester aprendimos que el periodismo era algo más que contar y explicar y que podía ser incluso divertido. Eso sí, en aquellos tiempos inmaduros lo primero que nos enseñaron es que para que una noticia pudiese ser transmitida siempre tenía que tener una fuente; un cerdo mató esta mañana a su carnicero por puros celos, informó la policía de Burdeos. Cosas así. Pero había ratos en que el reportero estaba metido tan en faena que no se acordaba de estas someras instrucciones.

Así, durante una importantísima conferencia de militares latinoamericanos en Washington, adonde todos ellos habían ido en busca de armas, naturalmente, nuestro enviado especial era, casualidades de la vida, el primer periodista, por lo menos europeo, que estuvo con Fidel Castro en Cuba en sus primeras conquistas del suelo cubano arrebatado a Batista.Este histórico mandó una información diciendo que Tal País latinoamericano acababa de firmar un millonario contrato para comprar armas de Estados Unidos.