Cine con góticas Villaclareñas

Sergio Berrocal Jr | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

En aquel mes de diciembre donde fue galardonado Ian Padrón por la película “Habanastation”, no lejos de allí se proyectaba en el mítico cine Yara un largometraje titulado “Chamaco” sobre los bajos fondos de la prostitución habanera. Estábamos en una edición más del Festival de Cine Latinoamericano de La Habana. Lo que me interesaba en ese film era la interpretación de una actriz que pocos conocían en Europa por aquel entonces, Laura Ramos, quien se graduó en Artes Escénicas por la Escuela Nacional de Arte de Buenos Aires y de quien había oído hablar por boca del profesor de Arte Dramático cubano Ramón Díaz Hernández.  Díaz era maestro de arte dramático especializado en mímica y había sido discípulo de mi tía Adela Escartin Ayala, quien durante años se vinculó al Ballet Nacional de Cuba entonces dirigido por Alberto Alonso antes de ser nombrada profesora de actuación y dirección de la Escuela Nacional de Arte de Cubacán (CNC) donde formó a ese dramaturgo amigo entre otros muchos.

Cuando Ramoncito, como le decíamos, hablaba de esa chiquita habanera, siempre exclamaba con admiración:

– Es una hija de Oshún, sensual por naturaleza, no pasa desapercibida, dulce como la miel y como el cauce de los ríos, esta chiquitilla va a llegar mucho más alto de lo que se piensa. Hará historia. Acuérdate que es la única cubana que ha podido reinar en tierras brasileñas y que ahora anda allá por Colombia de mano de su representante Gabriel Blanco. Recuerdo que cuando empezó a repiquetear su nombre fue de las manos de Pastor Vega en aquella mítica película titulada “Las profecías de Amanda”. Laura era y es aún después de la muerte del inmortal director cubano su pequeña protegida.

Es una actriz que ha sabido desarrollar unos dones teatrales que pocos dominan y que yo recuerde estuvo magnifica en aquella obra de Roberto Blanco titulada Electra Garrigó. Tiene muchos puntos en común con quien fue tú tía y mi amada profesora Adela Escartin.

Ramón siguió contando:

– Existen muchas leyendas acerca de tu tía Adela pero es cierto que Marlon Brando fue a ver “Un tranvía llamado deseo” casi de incógnito por ella y quedó prendado. Esto no me lo contaron, lo viví en primera persona. Se dice que cuando Brando estudiaba arte dramático sentía una gran afición por la música cubana y cuentan que en una ocasión en la que el percusionista Silvano Shueg “El Chori” lo escuchó tocar lo entusiasmó tanto que anduvieron rumbeando hasta el amanecer. A Adela le gustaba pasear por el Malecón, pero lo curioso es que muchas veces en las que yo estaba con ella las aguas del mar se revolvían sobre todo cuando estaba como se dice “empingada”. Aquello era ver para creer, aunque era normal pues tu tía tenía hecho santo, era hija de Yemayá y para quien es religioso eso es de lo más normal del mundo.

Déjame decirte que a tí que te gusta escribir deberías seguir la estela dejada por tu tía e introducirte en esto del mundo teatral escribiendo obras dramáticas, es algo que llevas en la sangre y deberías intentar esa aventura. Una de las veces que estaba en el Hotel Nacional esperando por Ramón y Rafael Lam un ya mayor Alfredo Guevara en sillas de ruedas y en compañía de su bella nieta Claudia se me acercó y me saludó preguntando:

– ¿Usted es el hijo del compañero Berrocal verdad? ¿Por dónde anda el patriarca que hace tiempo que no lo veo? Déjeme invitarlo a una pequeña reunión que tiene lugar aquí mismo en la Sala Rosada esta noche. Espero verlo por allí. Salúdeme a su padre.

Al llegar Rafael Lam con Ramón le trasladé lo sucedido con el entonces presidente del festival y fue entre risas que aquel dramaturgo exclamó:

– Pero no sé de qué te sorprendes. Tu tía ha sido una figura muy importante en Cuba y tu padre es uno de los causantes de que el Festival de Cine sea lo que es. Lo que te pasó no es “cubaneo”, es la confirmación de que usted es parte de esta lindo lugar donde reina el Malecón. Usted pertenece a esta tierra.

En una de las últimas conversaciones que tuve con él le pregunté cómo se planteaba el futuro de aquella isla. A lo cual me respondió muy seguro de sí:

– Conociendo como conozco al comandante Fidel ya hemos entrando en un periodo de reflexión camino a la transición y lo más seguro es que si Fidel faltase en algún momento, ¡Dios quiera que no! su hermano menor tomara el puesto del Consejo de Estado de Cuba y del Consejo de ministro por lo tanto presidente de este país, pero si en algún momento uno de los dos despareciese de la escena por cualquier motivo que sea lo lógico es que se colocase a una persona de máxima confianza que siguiera las enseñanzas y las huella dejada por Fidel.

Con respecto al festival, hombre, Alfredo ya está viejito y a mi modo de ver lo más seguro es que el próximo presidente del certamen sea una persona de confianza del entorno de Guevara.
Un año antes de la desaparición de Ramón Díaz, Alfredo Guevara fallecía de un ataque al corazón a los ochenta y siete años de edad. Hoy las cenizas de aquel gran personaje del cine cubano habitan las escalinatas de la Universidad de La Habana.

Tres años después, Raúl Castro hermano menor de Fidel anunciaba en televisión:

“Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy, 25 de noviembre del 2016, a las 10.29 horas de la noche falleció el comandante en jefe de la revolución cubana Fidel Castro Ruz”.  En abril pasado, Raúl Castro dejó la presidencial a su sucesor, un ingeniero y profesor universitario llamado Miguel Díaz Canel natural de Santa Clara, lo cual me recordó las conversaciones con aquel maestro de la dramaturgia. Fuera como fuese, aquella herencia habanera tiene unas goticas de cine santa clareño.

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