El incendio de Notre Dame: ¿UNA SEÑAL?

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Me fijo de vez en cuando la celebración de un acontecimiento que rompió mi vida, como creo que probablemente hace mucha gente. Yo lo hago escribiendo porque mi sino es el de escribir. Otros lo harán rezando, quizá yendo detrás de un paso en Semana Santa. Todos tratamos de justificar nuestros errores, porque se quiera o no cuando se pierde a un ser querido uno tiene mucho que hacerse perdonar. Es el eterno niño que se cae por una ventana en un despiste, pero a veces es un accidente de automóvil, un tiro, una enfermedad, cualquier cosa que marca la línea entre la maravillosa vida y la espantosa muerte. A mí se me ocurrió escoger para escribir este martes de incendio catastrófico el recuerdo y cuando ya llevaba un buen trecho de recorrido en el teclado oí la primera noticia del incendio de Notre Däme de París. Pero reconozco que para mí el recuerdo de lo que supuso un antes y un después en mi forma de encarar la vida pudo más, y seguí erre que te erre mientras la iglesia más bella de la cristiandad seguía ardiendo. A estas horas, los bomberos han conseguido parar la catástrofe. Supongo que habrán echado sus mangueras a un lado y se habrán recostado contra una de los muros que dan al Sena y del que Notre Dame era como la proa de una nave.

De todos los turistas que alguna vez han visitado de verdad París, tantos y tantos millones, conocen Notre Dame e incluso podría ser, por una casualidad milagrosa, no hablo de los verdaderos cristianos, que hayan entrado en la catedral, para verla aunque sea de paso, porque un viaje de turismo cuesta caro y hay que amortizarlo. No creo que la inmensa mayoría haya entrado para orar, esos turistas con los oídos rotos del jaleo de los niños que arrastran después de haber estado en Disney, que probablemente ha tenido más clientes que la iglesia gloriosa incendiada, aunque desde París haya que tomar un tren y pagar una entrada, bocadillos y todo el rollo.

No creo porque no creo en la bondad de los hombres. Tal como está hoy la vida, la religión, la católica con sus pederastas por todas partes, es difícil pedir a la gente que tenga fe, que crea, aunque sea en Jesús, el que nunca falló. Dense cuenta, imbéciles del cartesianismo que ni siquiera conocen, que hay libros, no la biblia, documentos pensados y redactados por gente del siglo XIX, basados en otros documentos hallados en Tierra Santa, que prueban perfectamente que Jesús fue un hombre, que se dejó crucificar por todos, por los ateos como por los creyentes, por los judas como por los buenos.

Durante cuarenta años he vivido en la mima ciudad que Notre Dame, y durante un tiempo hasta fuimos vecinos. Y confieso que solo iba, entraba, cuando tenía alguien de paso que hacía turismo y había que acompañar. Es cierto que yo tenía mi iglesia en Notre Dame de Lorette, en la otra parte del rio, bastante lejos del monumento quemado como en una hoguera de brujas.

Y nunca durante todo ese tiempo se me ocurrió pensar que allí estaba la corona del Cristo, con lo cual hubiese podido tener seguramente una conexión más directa con ese hombre que dio su vida hasta por mí, que ya hay que tener ganas de darla.

Un actor francés muy conocido en Francia, Fabrice Luchini, entró el día del incendio en el escenario donde todas las noches trabaja y antes de empezar la obra habló un momento de lo que había ocurrido a orillas del Sena. No sé si Luchini es creyente o no, pero a él le pareció que era lo que había que hacer.

Y esta mañana, en el diario Le Figaro, deja caer esta frase enigmática: “Se podría casi pensar que ha sido una señal”. Que el incendio haya sido una señal, ¿por qué habría que extrañarse?. Puede ser que harto de contemplar los horrores de las guerras de los hombres, humanos no puede llamárseles, Jesús haya querido decir que ya está bien. Que tenemos que ser mejores porque si no…

Soy cristiano, ya no católico por las maldades que el Vaticano, su eterna bendición a los pederastas con sotana, sus trapisondas, sus trucos, me han hartado. Como creo que habrán asqueado a Jesús. Lástima que ya no sea tiempo de bajar y de sacar a zurriagazos a todos los mercaderes del templo de eso llamado Vaticano. Cuántas sotanas de todos los colorines saldrían corriendo y gritando histéricamente por la Plaza de San pedro.

Miles de millones de euros, de dólares, van a ser empleados para reconstruir Notre Dame. Y son pocos porque son tantos más los pecados que no se redimen ni con todas las reservas del mundo… Esperemos que esta vez comprendamos el mensaje. Las llamas han sido una advertencia. Arderíamos en ellas si no lo entendiéramos. Los primeros en sacar la chequera para dar millones han sido franceses. ¿Creen ustedes que el Papa sacará su chequera también? Claro que tal vez no tenga, como los curas son tan pobres…

¿Y se han fijado en que por lo visto solo hubo un bombero herido? ¿No se han admirado que un lugar tan frecuentado no haya provocado victimas a porrillo?

Quizá el actor Fabrice Luchini tiene razón: ¿No será una advertencia?

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