Cuba y la nueva crisis que cobra forma de fantasma

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Sí, nos ronda el fantasma de una nueva crisis económica, de esas que cuando estallan estremecen hasta los sueños de los niños.  A finales del siglo pasado sobrevivimos a aquella espantosa por la desaparición de la Unión Soviética, el aliado omnipresente, y no quedó más remedio que mal vivir sin electricidad a falta del petróleo ruso (era casi todo el que consumía el país), desayunar infusión de cascaritas de naranja y soñar con chocolates y cenas olvidadas. Muchos se lanzaron al mar con lo que tenían a mano para ponerse a salvo en Estados Unidos, cuando Washington mantenía sus puertas abiertas de par en par a los indocumentados cubanos, únicos latinoamericanos y caribeños con ese extraño privilegio, eliminado ya.

Por ello cuando comenzaron a escasear a finales del año pasado la harina y el pan, los huevos, la carne de cerdo, y otros productos básicos por falta de  dinero para pagar a proveedores extranjeros, el fantasma de los 90 comenzó a removerse en las entrañas de los isleños y los malos augurios fueron de boca en boca, aunque parece improbable que la nueva crisis que se vislumbra llegue a la dimensión de la anterior, porque el país ha diversificados sus fuentes de ingresos y mercados extranjeros. Esta vez las causas son dos, la asfixia financiera impuesta por su majestad, Donald Trump, quien al parecer supone que él y sus pajes pueden acabar con la alternativa social que se desarrolla en la isla –lo han intentado todas las administraciones estadounidenses desde 1959-  y las insuficiencias que arrastra la economía nacional desde hace demasiado tiempo, a pesar de los cambios en curso.

Llegarán momentos en que unos se aprieten el cinto,  de nuevo, y sigan pa´lante con el mismo rumbo de hoy por inercia o conciencia; otros se lanzarán a buscar suerte en cualquier parte que no sea EU, porque la política cero migrantes ahora no excluye a los cubanos; habrá tensiones sociales y los servicios especiales estadounidenses apelarán, también una vez más, a disidentes, opositores o contrarrevolucionarios –como usted quiera llamarlos- para que los ayuden en el trabajo interno;  y aflorarán incluso quienes se sienten en pijamas en el malecón de La Habana a las 10 de la mañana a tejer ilusiones, sin darse cuenta que están perdidas.

El monarca del planeta dice que Cuba es el “principal sostén” de la Venezuela chavista –la justificación de ahora- y mientras ensaya allá un nuevo tipo de guerra cibernética para cortar sistemáticamente la luz, el gas y el agua, persigue a las empresas y barcos que traen petróleo a la isla, con facilidades de pago –ese combustible equivale casi al 50 por ciento del consumo nacional- , incrementa las multas millonarias a bancos internacionales que todavía tienen la osadía de hacer negocios con la isla y pronto volverá a incluir al país caribeño en una de sus muchas listas satánicas para continuar el ahogo, mientras sus pajes anuncian una y otra vez: “Ahora sí, les llegó la guadaña”.

No sé cómo terminará la nueva crisis en gestación, pero de momento no hay apagones de 14 horas como en los 90; hay desabastecimiento, pero no barrigas vacías ni tristezas generalizadas; la economía no está encadenada a un solo mercado, aunque Venezuela sea el aliado principal, y reponer el petróleo venezolano, si ganan los yanquis, es posible pese a implicar una erogación de moneda fuerte en momentos en que la liquidez escasea. La guerra no declarada nunca ha dejado de existir entre EU y la Cuba que se les reveló, a veces solo ha amainado; en esas condiciones han vivido cuatro generaciones y todavía se mantiene en pie la apuesta por ese socialismo que le jode a su alteza y a sus pajes. Veremos entonces si en los próximos meses o años, quién puede saber, el Sol vuelve a asomarse en la isla por donde siempre lo ha hecho desde el 1 de enero de 1959. “Pa`lante con los tambores”, dicen los cubanos optimistas.