¿Soy culto?

 

Ary Suarez | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Y leía por algún lado (Facebook) para más exacta ser, un certero y sabio consejo de un abuelito a su nieto, ´´estudie mijo, que un lápiz pesa menos que una pala´´, y es que a lo largo de los años la noción de cultura (en sentido general) ha tenido muchos matices y significados, en un tiempo fue una hermana inseparable de la religión, en otro incluso la manifestaban sobre las artes, la literatura, lo cierto es que a pesar de todas esas variantes siempre significó una suma de factores y no matemáticos precisamente, que la constituían y a su vez ella implicaba o implica una tormenta de ideas, de valores y de obras de artes, de conocimientos históricos, científicos, religiosos, filosóficos que se han mantenido hasta la actualidad en una constante evolución. Hoy se mantiene dentro de ella los rangos  sociales entre quienes la cultivan, o la enriquecen con aportes diversos y la hacen progresar, quienes se desentienden de ella, y solo la manifiestan de una manera muy suya, muy peculiar, o simplemente quienes deciden no pronunciarse al respecto. Lo cierto es que esta noción se ha extendido y hoy nadie se atrevería a reconocerlo como un criterio explícito, con suerte han ido desapareciendo un poco los límites que mantenían separadas a la cultura de la incultura, a los seres cultos de los incultos, hoy ya nadie es inculto, o mejor dicho, todos somos cultos. Basta solo abrir un periódico en la mañana, ya sea en la puerta de la casa de la mano del cartero o iniciando el google de tu pc con acceso a cualquier noticia digital, no tiene relevancia el haber visitado una galería de artes, asistido a un concierto, o haber aprendido algunas nociones de conocimientos científicos y tecnológicos del mundo en que vivimos. Como podríamos hablar de un hoy sin cultura cuando cuando el porcentaje de analfabetos es el más bajo de todos los tiempos? Y no es obra de mujeres y hombres cultos, sino de especialistas, y entre cultura y especialización existe una gran distancia. Nadie puede saber todo de todo, no ha ocurrido antes ni ocurrirá jamás, todos tienen en algún rincón bien atesorado su aporte aunque muy discreto sea a la humanidad. La cultura puede ser arte, reflexión, sueños, pasión, poesía, y una revisión crítica de todas las creencias que la abruman a su alrededor, pero no puede apartarse de la vida real, la que se vive a diario, la que se enfrenta con grandes luchas, la del niño que sale a empinar su papalote con la inocencia nata impregnada que lo caracteriza, o la de un par de locos, enamorados que un 14 de febrero deciden optar por sentarse un par de horas en el malecón habanero, acompañados del hermoso canto de las olas del mar e ignoran la idea de cenar románticamente a la luz de las velas en cualquier lugar. Elevemos la cultura si, trasladémosla a cada rincón, sin perder tu esencia, tu arte, tu valor y tu grandeza, puedo sonar pesimista, pero no la convirtamos en uno de esos vistosos pero frágiles castillos construidos sobre la arena que se deshacen al primer golpe del viento.