Cuba, El Dor y The good fight

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Trato de no perder tiempo. Escribo cada día, arranco buscando noticias a las seis y media de la mañana, voy de tienda en tienda, calle por calle, cuando hay que reponer la despensa –ardua tarea – y a la noche, sigo algunas series televisivas hechas del otro lado, entre ellas, NCIS, Chicago P.D, Billions y The good fight.  Es mi manera de ejercer el oficio y de sobrellevar la cotidianidad complicada de esta isla, y observando esas entregas estadounidenses, siempre bien pulidas y al tanto de las tendencias políticas en el país norteño, por los sortilegios que acompañan a los mortales reapareció ante mí El Dor. Ya sé que a los lectores distantes esto no les dice nada –no, no es un serial televisivo cubano-, y sospecho que poco diga a las nuevas generaciones, pero cuando me inicié en esta carrera todos conocíamos y teníamos muy presente a El Dor, Departamento –o dirección, no recuerdo ese detalle- de Orientación Revolucionaria, del Partido Comunista de Cuba.

La Guerra Fría estaba en su apogeo –hoy nos reacercarnos con Trump y sus pajes queriendo hacer y haciendo lo que quieren-; aquí soñábamos con otra forma de organizar la vida a fin de que cupiera para bien la mayor parte; y los del otro lado –como ocurre ahora-  no querían permitirlo. Escribir entonces – y sigue siendo- era tomar partido en una inagotable guerra de ideas, y El Dor mandaba como especie de máximo diseñador de “la mejor estrategia informativa”, “la mejor propaganda”, “el mejor periodismo de trinchera” y era también censor omnipresente con la seguridad nacional en primer orden, porque desafiar al Norte cuesta caro y ejercer el periodismo en esas condiciones implica andar con brújula, si uno ha apostado a la utopía de cambiar al mundo.  Ya sé que hay mil opiniones distintas y contrapuestas sobre El Dor. Carlos Rafael Rodríguez, líder del viejo Partido Comunista, comentó irónico en cierta ocasión que cuando uno leía la prensa oficial de la isla podía llegar a la conclusión de que los únicos que se alimentaban bien en el mundo eran los cubanos y si acaso, un poco, los soviéticos.  Pero vuelvo a lo que les decía, porque curiosa y paradójicamente la resurrección de El Dor desde mis honduras ocurrió siguiendo esos seriales televisivos Made in USA.

Cuando Obama inició con Cuba el “deshielo” –maldita palabreja para mi editor- hasta NCIS, que va por la temporada 16 y llevó a pantalla a la mismísima Michelle Obama en una condecoración de utilería a los “bravos” muchachos de la navy, cambió su visión de la isla y sus isleños. Dejamos de ser malos y devenimos gente colaboradora y simpática. Corrían los tiempos del restablecimiento de relaciones entre Washington y La Habana, medio siglo después de que las yanquis las rompieran, y casi ninguno de estos seriales se mantuvo al margen de la moda, vendiendo al público la mejor imagen posible del otrora “nefasto régimen comunista”. Pero Obama terminó su mandato, se subió al trono el rubio bocón que nos toca en este tiempo, volvimos a ser los malos en la pequeña pantalla de USA –en la que creen devotamente los americanos- y hasta The Blacklist resucitó al controvertido y perseguido financista estadounidense Robert Vesco de su sepulcro en la isla. Me vino a la mente EL DOR siguiendo todo esto, porque parecería que allá también impera un diseñador supremo de información, aunque sea difuso, etéreo, aunque no tenga oficinas, ni siglas, ni manden los comunistas y la prensa se diga libre, pese a que casi en su totalidad se fue con la de trapo conscientemente, cuando aquello de que era necesario acabar con el régimen de Iraq por el tenebroso arsenal de armas químicas que disponía, aunque nunca lo tuviera. Con Obama en su último tramo fuimos buenos, con el rubio hemos vuelto a ser muy malos.

Y es que El Dor de EU funciona como reloj preciso e ilustra a la teleaudiencia incluso con las nuevas estrategias de comunicación en marcha allá (fake news, le llaman a la proliferación de noticas falsas para fraccionar a lo interno y a lo externo de la Unión Americana). De no creerme les recomiendo los capítulos dos y tres de la 3ra temporada The good fight y que conozcan a unos de los nuevos abogados de esa serie, el sr Blum, un tipo que usa supositorios de morfina a fin de estar lúcido y para quien lo importante, lo determinante en cualquier juicio –como en la vida- , no es presentar pruebas o evidencias, no es aproximarse a los hechos, ni cumplir con la legalidad, eso está pasado de moda, no cuenta; lo verdaderamente ganador es vender bien la información que uno quiere, aunque no tenga sustento ni allá, ni aquí, ni más allá. “Contar una buena historia y que los demás se la crean”, esa es la manera de vencer, asegura Blum y parecería que orienta El invisible pero persistente Dor americano.