Cristal líquido

María Victoria Páez | Maqueta Sergio Berrocal Jr

 

 

 

 

 

El móvil de Lola estalló en mil pedazos cuando se le callo de las manos empapado por las lágrimas. Cientos de fragmentos de cristal líquido inundaron la terraza de su ático en las playas de la Misericordia: “ No podía ser verdad, ¡no tenía permiso para ser gaviota! ¿ Cómo se había atrevido a construir castillos en el aire sin ella?¿ Por qué se dedicó a abrir ventanas maravillosas sin que estuviera en su presencia?”

Se levantó inundando de llanto la terraza, clavándose los restos de cristal en los pies, y se tiró en el sofá envuelta en desconsuelo. Sus ideas se entrecruzaban con los recuerdos….entonces voló, voló hacia aquel 12 de Agosto de veintitantos años atrás, cuando todavía no llegaba a los treinta y esperaba con su vestido de algodón blanco y una tarta helada, al hombre de su vida: un 48 rojo coronaba la golosina.

Por eso iba a sonar aquella canción, en el fondo seguía siendo una niña caprichosa, y esta vez en medio de sus juegos, el destino la había llevado a enamorarse de un hombre veintiún años mayor que ella:

-¡ Qué mas da!¡ El amor no tiene edad!

En eso estaba Lola cuando escucho el inconfundible tintineo de sus llaves: ¡Vamos allá! – y puso en marcha el CD

“ A partir de mañana empezaré a vivir

la mitad de mi vida,

a partir de mañana empezaré a morir

la mitad de mi muerte,

a partir de mañana empezaré a volver

de mi viaje de ida,

a partir de mañana empezaré a medir

cada golpe de suerte….”

Lola saltó a su cuello y enroscó las piernas en aquella cintura que tan bien conocía, mientras el la sujetaba con sus manos fuertes:

Eres un caso Lolilla – fue lo que pudo decir entre los besos de Lola – Tu también llegarás a mi edad, entonces seré yo quien te cante “ A partir de mañana”.

Lo que ninguno de los dos podía imaginar de aquel cumpleaños, es que ambos pasarían de jugar a los amoríos a rememorar a Goyo:

“ Que maravilla Goyo,

   que maravilla,

   ha brotado un retoño

   de tu semilla.

   Andarás recogiendo,

   Sin duda alguna,

   Las mejores estrellas

   Para su cuna”

A las 40 semanas de aquel cumpleaños Lolilla salía del Hospital Provincial, con el hijo de ambos en brazos, cansada, ojerosa, dolorida. No tenía nada que ver con la mujer del 12 de Agosto, su carcajada se había vuelto sonrisa tierna y, de momento, no tenía el cuerpo para saltar a la cintura de nadie. Se miró en un escaparate, casi no se reconoció, de hecho no hubiese pensado que era ella si no hubiese llevado consigo aquella carita que en 24 horas se le había vuelto tan familiar…. Bueno, a su hijo y a su hombre, que seguía siendo veintiún años mayor que ella. Al verla dudar ante el espejo, se acercó a su oído y tarareó:

“ Te sigo queriendo

   como el primer día,

   con esta alegría

   con que estoy viviendo.

   Como el primer día

   De una algarabía,

   Como el alfarero de mi fantasía.

   Como el primer día,

   Como el primer beso,

   Como el primer exceso de melancolía”

Lola volvió a ser consciente de que estaba en el sofá y que tenia los pies con cristal líquido, cuando sus hijos abrieron la puerta:

-¡ Mamá!¡ Qué pasó!¿Por qué lloras?

-Se marchó un amigo de vuestro padre y mío, para siempre, no sé si su voz en nuestras memorias será bastante.

– ¿ No lo conocemos mamá? ¿ Quién era?

– Era….era un poeta argentino, que tenía la manía de poner música a sus versos, y así cantarlos, en vez de recitarlos. Grande como un armario, y con sonrisa inmensa. Sabía tocar las cuerdas de cada alma de forma diferente, afinarlas y dejarlas en su mejor acorde. Un huracán de chaqueta negra y manos que no precisaban palabras. Un enrevesado del soneto que siempre ganaba…¿ qué era lo que ganaba?: Aplausos, largos y sinceros, algunos con sabor a melancolía, otros de suave picardía. Pero no era egoísta, no, y todo lo que ganaba lo repartía, a mí me regaló a vuestro padre y vuestras vidas.

– Hola Lolilla – escuchó a su espalda- no llores más vida mía. Siempre quedaran sus versos y para ti, mi reina, una rosa cada día.

 

 

    In memoriam

                José Alberto García Gallo ( Alberto Cortez)

                            Siempre le esperaré en el Conde- Duque, maestro