Cuba, ¿qué está pasando?

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Mi editor es puntilloso en cuanto a Cuba. “¿Qué está pasando?, los lectores quieren saber”, insiste cuando paradójicamente el tema decrece en otros medios, al menos en México. La prepotencia de Trump y la crisis venezolana sobran para llenar la página y media que le queda a la sección internacional –versión impresa- del Grupo Multimedios para el cual reporto desde hace casi 19 años, en tanto la digital solo quiere noticias – no contexto- de esta isla sui géneris en las que las noticias abundan, pero sin el tremendismo de Trump y Venezuela. Es una especie de encrucijada en la era en que la digitalización se impone con más efecto que sustancia. No obstante, hay que responder a los reclamos que llegan de España, aunque el asunto cubano siempre implique ir por el filo de la navaja debido a lo mucho que ocurre, lo poco que trasciende, la cuidadosísima parquedad de las fuentes y lo incierto de una perspectiva en la que señorean las tribulaciones. Entonces apelo solo a un trozo del acontecer nacional, que quizá alcance para ilustrar a un lector entrenado. Hace poco un primo, desde la distante Buenos Aires, preguntaba “por qué han decrecido las cosechas azucareras de Cuba”, cuando en la primera República (1902-1959) el país fue potencia mundial en producción y exportación de ese alimento, y en la segunda –todavía en curso- llegó a producir en 1970 ocho millones 535 mil 281 toneladas. Para examinar “la tensa zafra” actual –otra más- se reunió el presidente Miguel Díaz-Canel con los directivos del sector, dejando entrever que este año tampoco se cumplirá el modesto propósito de producir 1,7 millones de toneladas. Pocos días antes, el mandatario encabezó otro balance de la marcha de las renovaciones en las predominantes empresas estatales, “esenciales en el modelo económico cubano”, según se afirma oficialmente, y las ineficiencias de un nuevo mecanismo de control creado a la par de la renovación, que en opinión de economistas independientes “ahogan la creatividad” de ese sector. El encargado de estos experimentos, el economista Marino Murillo, concluyó que “la existencia de estructuras sobredimensionadas, incrementos en los presupuestos de gastos, demasiadas reuniones y trámites, y una excesiva centralización de funciones, actividades y aprobaciones de competencia empresarial son algunas deficiencias que persisten en las Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial”.

Si uno se detiene en este trozo de cotidianidad llega a la elemental conclusión de que pese a la urgencia que tiene el modelo cubano de renovar sus formas productivas, los cambios de la última década quedan muy por debajo de las necesidades nacionales, cuando además Trump arrecia su bloqueo a la isla, lo cual implica un llamado a la audacia, si se quiere que la alternativa social isleña trascienda en un planeta donde impera el capital.

Esto es una pequeña muestra de lo que está pasando aquí, cuando también desde el ámbito académico se le reclama a los que mandan tomar en cuenta otros puntos de vista, como el adelantado por Armando Nova González en la web oficial Cubadebate, al examinar la urgencia de terminar con la doble circulación monetaria y cambiaria que rige aquí desde hace décadas, dejando la sensación de que pese a la premura, ese paso definitorio es imposible en momentos como este, en que la productividad sigue a la baja y la falta de divisas no permite ni pagar a tiempo a los proveedores extranjeros de productos o materias primas esenciales. Mirando un poco más allá de esta coyuntura –ni hablar de lo que pasaría si cae Maduro en Venezuela, de donde se reciben buenas cantidades de petróleo, con facilidades de pago- Nova Gonzáles hizo algunas recomendaciones con las cuales espero responder a la insistencia de mi editor francés, radicado en la península.

  • La situación actual –aseguró- se torna sumamente compleja e insostenible a corto plazo. Habrá que adoptar medidas inmediatas, de forma gradual o paralela, primero en el sector empresarial, como se ha señalado: descentralizar y conceder mayor autonomía de gestión, de forma más acelerada en sectores clave como el agropecuario, la agroindustria, el sector exportador; mayor apertura a la inversión extranjera en sectores que encierran un efecto multiplicador importante, que impregnen rápido dinamismo, incluyendo las cooperativas (agropecuarias y privado).
  • Considerar la posibilidad de que productores individuales no estatales (incluyendo las cooperativas agrícolas), que tengan potencialidades en cuanto a calidad, surtido y sistematicidad en la oferta, puedan acceder a la inversión extranjera, con el objetivo de exportar e insertarse en las cadenas de valor externas, para atraer tecnología, métodos de gestión modernos, generar ingresos en divisas y cubrir gastos en divisas generados por insumos que necesitan importarse.
  • Que las tiendas habilitadas y por habilitar como mercados mayoristas (alimentos, materiales, insumos en general) –aun inexistentes en el país, por lo que emprendedores viajan al extranjero a comprar y revender en la isla- sean el lugar al cual acudan los nuevos entes económicos (cooperativistas no agropecuarios y privados en general, previa identificación) y que el pago por las compras realizadas se haga en USD, euros u otra divisa apropiada. Es de esperar que esta medida motive el incremento de la demanda de divisa real y, a la vez, aumente la tasa de cambio en el mercado subterráneo. También deberá incrementarse la demanda de USD en la casa de cambio (CADECA). Valorar la conveniencia o no de aplicar un porcentaje de descuento al precio en USD, a partir de determinada magnitud o cantidades a comprar.