El día que nos quitamos la corbata

 

Mª Victoria Paéz | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Se nos perdió el respeto el día que nos quitamos la corbata – Alberto estaba poniéndole hielo frío a Inma en la cara, mientras la Policía Nacional se llevaba a rastras a la energúmena, que le había cruzado la cara a su médico en aquel centro de salud del fin del mundo- Es así, en este país se ha perdido la educación y el respeto, y nosotros hemos ayudado a ello, porque hemos querido dejar de ser “ doctores” y pasar a “ el médico amigo y coleguita” al que tratas como te da la gana. Inma lloraba, sentada en aquella silla azul metálica, por miedo y por humillación. Había estudiado desde niña para ser médico, sólo quería eso, y, ahora, cualquiera tenía el derecho de romperle su sueños a guantazos. Me senté a su lado y le pasé el brazo por los hombros: “ No llores mas, chiquitina, ya pasó”; mientras, mi cabeza seguía dando vueltas a las corbatas y el respeto. Mire mi atuendo azul y naranja, tan familiar y tan parte de mí, llevaba más de 15 años con él, casi no me recordaba vestida de otra forma, ni tan siquiera me veía con bata blanca:

¡ No Alberto , no ¡ No te confundas: Nos quitamos las corbatas y nos vestimos con fluorescentes, en el momento en que nos dimos cuenta que no podíamos estar en una carretera con bata blanca al acudir a un accidente de tráfico. Nos quitamos las corbatas, porque los chiquitos mocosos que acuden de madrugada se asustan del blanco, pero no del azul ni de los fonendos rosa; y no sólo eso, sino que, el jubilado que acude desesperado ,porque tras toda una vida de trabajo, su linda esposa está perdiendo la cordura, se confiesa y llora mejor con alguien que viste no se viste de blanco.

Si yo me calzo este uniforme ,me monto en una ambulancia que llega al fin del mundo, o en un helicóptero que transporta un órgano para trasplante desde la otra punta del país, o en una avioneta medicalizada que va a Melilla a por alguien que necesita un recurso especial. Si voy así vestida, me amparo detrás de la Policía para poder acudir a por aquel trastornado, que cree que lo persiguen, y me es mucho más fácil tirarme al suelo si tengo que poner un tubo para que alguien respire o dar masaje cardiaco en la arena de la playa. No llores más princesa, lo que hicimos mejor, fue quitarnos los adornos y acercarnos al otro. Allí reside la empatía, la ternura, el consuelo, la valentía, la curación por el oído y la palabra.Nosotros no somos los culpables de que se nos haya perdido el respeto, pero si somos los únicos responsables de ser un colectivo dividido desde hace más de 30 años, en el que los políticos hacen y deshacen a su gusto, trayendo y llevando nuestras vidas y las de nuestras familias de acá para allá.

No me mires así Alberto, tu y yo nos hemos quedado callados todas y cada una de las veces que nos han utilizado, y lo peor, es que así seguiremos, porque preferimos la discreta comodidad que nos han dado a pelear por lo que siempre ha sido nuestro. Ahí, amigo mío, ahí es donde si que nos quitamos la corbata, ante todo ese acuartelamiento de politiquillos que tanto nos prometen pero nunca nos dan. Si cualquier acosador desgraciado pone la tele y ve como nos manejan, por qué no van a venir a darnos un puñetazo. Les han enseñado que todo vale, que todo es un regalo, que no merece la pena el esfuerzo y es mejor vivir en la cultura de lo gratuito,  que todo es si porque sí….. Noooo, nosotros somos los únicos culpables de lo que nos pasa y nos pasará, y a los más que llegamos es a cambiar de Comunidad Autónoma, porque en otra ser cobra más.

Alberto e Inma me miraban con los ojos como platos, yo, la más sumisa del corral, había soltado un discurso de “ Campaña Electoral”.-No llores más Inma – seguí sin parar – maldita sea la que te puso la mano encima. Malditos sean todos y cada uno de aquellos que nos agreden, cerrando todas y cada una de las puertas de los que podemos ayudar. Se creen mejores por levantar la mano, por atemorizarnos, no se dan cuenta, que, ante la necesidad, sólo nos tendrán a nosotros delante. Inma había dejado de llorar hacía rato; se había crecido con aquel discurso y  comenzó a recolocarse para acudir a la comisaría. Alberto todavía no se creía todo lo que había escuchado, viniendo de quien venia.

Vamos tesoro, tu denuncia es otra prueba de valentía. Así me gusta, una mujer del siglo XXI. Y no olvides nunca, que entre el cielo y la tierra, estamos nosotros, LOS MEDICOS SIN CORBATA

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