Cuba y los grillos chillones

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Es cierto, hablamos tan alto que hasta los vecinos saben nuestra intimidad. Considero que ese es un atributo latino y supongo que los condimentos del Caribe, con tanta musicalidad africana traída a la fuerza, le dan un toque de mayor particularidad a los sonidos que retumban y escuchamos por aquí, a cualquier hora. Hay campañas contra el ruido, pero las campañas no pasan de ser eso, la tediosa repetición sin resultados de que el sonido sin límites “hace daño”. Y ayer, en una conferencia de prensa en la que se pidió disciplina y el mayor silencio posible –“¡Apaguen los móviles, por favor!!”, solicitó uno de los anfitriones-, llegué a la conclusión de que los ruidos entre los que vivimos los isleños, pueden inspirar a políticos, novelistas, guionistas y espías. No, no es una conclusión con base científica, es el resultado de dos años de seguir el tema de los “ataques sónicos” contra diplomáticos estadounidenses en La Habana, y hora y media dedicada a escuchar los argumentos de policías y académicos cubanos, en el primer informe de este tipo hecho público en el país, sobre las investigaciones realizadas luego de que Washington notificara en febrero de 2017 extraños padecimientos de salud de sus diplomáticos en la isla.

Por aquellos días, el comunicado estadounidense hizo pensar en una de las entregas de ficción bien elaboradas por Marvel Entertainment , pero craso error, en realidad era el comienzo de otra de las trama políticas de este bendito Siglo XXI, donde para hacer guerras no hacen falta soldados, sino saber manipular hechos, deseos e intenciones, y disponer de buena capacidad cibernética, ese engendro de nuestros días cuyos efectos ni se escuchan ni se ven, aunque se sienten y sobre todo se padecen, y de no creerlo pueden preguntar a los venezolanos y a sus casi siete días sin electricidad.  No fue ingenua la preocupación de Washington notificada a La Habana, porque casi de inmediato comenzaron a aparecer funcionarios anónimos en ese país amante de cualquier anónimo, siempre que tenga espectacularidad, que desbordaron los medios de información de alcance global con la afirmación de “Ataques sónicos en Cuba contra diplomáticos de EU”.

A partir de ahí llovieron las hipótesis de prensa y de políticos siempre “bien informados” como John Bolton o el senador Marco Rubio –los alimentadores de los medios- , mientas la ciencia, como suele ocurrir, hacía sus indagaciones a otro ritmo. De ataque sónico se pasó a ataques con armas de micro ondas; el número de estadounidenses afectados –a los que ningún simple mortal ha podido conocer allá en EU- sobrepasó la veintena; Canadá notificó después otros 14 de sus diplomáticos con síntomas similares, y en China se reportaron a dos americanos –se dice que agentes CIA-  afectados en las mismas extrañas circunstancias. Ah, las causas en la isla: conspiración de sectores de los servicios de inteligencia cubanos opuestos al diálogo con EU; los rusos diabólicos actuando desde la distancia contra su rival estadounidense; el sonido de un tipo grillo chillón que abunda en estas tierras y que al parecer los cubanos han amaestrado para convertirlos en armas contra los yanquis. Y en este torbellino de estupideces, la comunidad científica internacional sin encontrar consistencia alguna a esas y otras muchas hipótesis, desplegando meticulosos informes, que por meticuloso casi nadie lee, porque en este siglo la preferencia está en los informes de minuto y medio de la tv o en lo que se diga en las redes sociales, siempre que no tenga más de media línea de sustancia.

Para los que duden de la repercusión de estos ruidos en las circunstancia cubanas, apunto algunos resultados inmediatos :  EU redujo su personal diplomático en la isla y obligó a hacer lo mismo a los cubanos en Washington, por lo que ahora los cubanos de aquí deben viajar a un tercer país para tramitar visados y a los de allá se les han complicado también las cosas porque el consulado casi cerró;  el Departamento de Estado notificó además que la isla “no es un país seguro” para que los estadounidenses lo visiten, y todo ello va conformando un escenario que apunta, en el mejor de los casos, a que pronto se volverá a incluir a Cuba en otra de las muchas listas satánicas que elabora EU -la de países que apoyan el terrorismo-, de la cual Barack Obama la excluyó.

Las investigaciones de policías y científicos cubanos concluyeron que no solo nunca hubo ataque sónico alguno –se demostró que es imposible realizar agresiones selectivas de ese tipo contra una o dos personas, viviendo entre otras muchas que ni se enteran-, sino que la diabólica manipulación del asunto del ruido tiene la única finalidad política de llevar las relaciones EU-Cuba un poco más allá del peligroso extremo en que ya se encuentran.