Volver

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Mamarrachos del mundo entero, uníos, porque del mismo modo que Zinedine Zidane ha vuelto al Real Madrid donde fue feliz y comió perdices, nosotros volveremos a nuestros amores, a nuestras pasiones, a nuestros errores, a nuestros gozos y sombras y probablemente no triunfaremos, pero habremos vuelto.Volver ya es una victoria por mucho que los majaras como el que suscribe sean firmes en su oposición diciendo que es un error. Que nunca será lo que fue. Sí, hay que volver a lo que fue, a nuestros amores, a nuestros fracasos, a nuestros pocos éxitos, adonde sea que alguna vez fuimos más o menos felices, o que creímos serlo. Porque retroceder es de cobardes. Y ya saben lo que dijo el viejo general McArthur cuando tuvo que abandonar Filipinas a patadas: “Volveré”. Pero a él no le dio tiempo, porque era un héroe de gorra de plato y gafas oscuras de las que entonces no llevaban más que los ciegos. Y porque nosotros, los que fuimos felices en una ciudad, en unos brazos, en una esquina de una calle del mundo, tenemos que volver a intentarlo, ahora con la frente bien alta. O como decía aquel Carlos Gardel “Y aunque no quise el regreso siempre se vuelve al primer amor”. Pero no se equivoquen, marsupiales del mundo, hay que volver a meter la pata, pero si entretanto nos permiten ser un cachito felices, una mijita de lo que fuimos cuando las bellas soviéticas con carne de leche de vaca suiza miraban pasar las cigüeñas en aquella película inolvidable del realismo soviético, cuando ellos representaban el sueño del bien sin el mal.No hay más remedio. Y vuelvo a citarles el ejemplo de Zidane, que se fue del Real Madrid millonario pero insatisfecho porque la vida tiene esas cosas, que a veces necesitas te peguen una patada en el culo para que espabiles. Zidane no volverá a gozar de los mismos triunfos ni será tan feliz como cuando de futbolista pasó a entrenador del primer equipo de fútbol del mundo y luego aprendió a hablar español con ese acento que no se le quita a los franceses mamados en las afueras de París ni con silicona. Volveremos todos juntos hacia aquellos horizontes maravillosos de la Rue Rodier en París, de la Calle 23 en La Habana o de la Rue Ensallah de Tánger. Volveremos y aunque solo triunfemos un poquito, un primer tiempo, un cuarto de tiempo, tendremos nuestra eternidad.

Nunca se es suficientemente viejo para volver a meter la pata, camaradas agrícolas y rutinarios que habéis creído que el mundo se acababa cuando corrían por la pantalla los títulos de crédito. Tenemos derechos a nuestra revancha. Porque todo es cuestión de voluntad, de imaginación y de valentía. Volveremos a pasear por la Rue Mouffetard de París y en la place de la Contrescarpe volveremos a entrar en el mismo restaurante donde aquel viejito republicano español cocía los últimos huevos de su vida de combatiente por la libertad. Lo encontraremos. Si no es él un nieto o un nieto de su biznieto pero tendremos la impresión de que no habíamos sabido cómo triunfar y ahora conocemos todos los trucos.

Volveremos a comer las deliciosas patatas fritas con mayonesa de la estación del Norte, de donde partes para el infinito de la vida porque la vida es un tren que hay que coger, antes o después.Ay, Zinedine Zidane, hijo de padres del Mediterráneo, donde las fachadas blancas las cubren de porquerías políticos sin conciencia, flor de esos adoquines que en Mayo del 68 sirvieron para dar cuatro pasos de una danza llamada rebelión. Todavía no han vuelto los revoltosos. Unos son diputados, ricos, poderosos, otros, los más, han desaparecido. Ay, Zinedine Zidane que con 50 años te has atrevido a tratar de enderezar el equipo del Real Madrid, que pronto tendrá que jugar con equipos de escuelas para ganar algo.

Ay, Zinedine Zidane, con tu cara cansada de tantas batallas. Te fuiste corriendo, como escapado, y eso que no habías fracasado. Ahora te han traído en alfombra voladora de Damasco para imponer tu saber a esos multimillonarios maleducados. Ay, Zinedine Zidane, aquel personaje del Quijote, de cuyo nombre no quiero acordarme, habría exclamado: “Huevos de platino tiene ese hijo del sol y de las moscas. Ay, Zinedine Zidane, triunfa porque nosotros vamos a tratar de volver también aunque sea, como dijera Carlos Gardel, “con la frente marchita/las nieves del tiempo/platearon mi sien”. Estoy seguro de que cuando nosotros volvamos a volar, cada uno para aquel destino donde le dieron amor, pan, y mucha fantasía, pensaremos aunque sea muy calladitos: “tengo miedo del encuentro/con el pasado que vuelve/a enfrentarse con mi vida”.

 

× ¿Cómo puedo ayudarte?