La habana y su encanto

 Ary Suarez | Maqueta Sergio Berrocal Jr

“Y es que la Habana tiene un swing”… cantaba Manolito Simonet en su bailable, contagioso y particular tema: La Habana me llama.A punto de cumplir sus 500 años, cada individuo la siente, la vive, la sueña y disfruta a su modo muy personal, para mí: es encanto, es historia, sacrificio, baile, ritmo, risas, sol, mar.La Habana tiene una luz propia, que nada tiene que ver con su arquitectura e historia, es natural, está en su esencia, es una ciudad que siempre esta despierta, aquí no se escapa nada. Posee muchos lugares hermosos para el disfrute de los cubanos y los que nos visitan, pues la ciudad de las columnas te invita a adentrarte en una combinación de lo contemporáneo con lo moderno, de revivir historias que aún quedan palpables en cada una de sus esquinas, en cada bar, en cada iglesia; donde no puede faltar el caballero de Paris y el parque John Lennon. Y como no rendirse a sus pies? Si sus fortalezas, su gente, su estampa conservadora de los viejos Ford o Chevrolet, que abren paso al mar y los bajos edificios del malecón, te hacen pertenecer a ellos y sentirte viva, una más.Valdría la pena la visita a su Fortaleza de San Carlos de la Cabaña, ubicada al lado este del puerto de La Habana, donde se aprecia en toda su inmensidad la ciudad, después de perdernos un poco entre sus bóvedas y rampas es muy recomendable pasar por el faro, ubicado en el Castillo de los Tres Reyes del Morro y de allí no dejar pasar la maravillosa experiencia de contemplar como comienza a fugarse el sol por el oeste de la ciudad. Sembrada de recuerdos y envuelta en hojas de tabaco, La Habana huele a Habano, Habana Club, a rumba y alegría, la habana huele a Cuba.

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