Cuba, la burocracia y José Martí

Manuel Juan Somoza

La Habana

La vida continuaba generando acontecimientos –tiende a normalizarse la comercialización del aceite de cocina después de escasear en todas partes, como antes ocurrió con la harina y el pan-, y yo engarrotado sin cumplir con mi editor en España. Llegué hasta culpar a Leonardo Padura por mi repentina desidia; leía “La memoria y el olvido” , en la que se resumen varias narraciones (entre 2006 y 2011) de este escritor cubano, de los contadísimos que dedican tiempo al acontecer nacional, y me pareció que las esencias de los males de entonces seguían siendo las de hoy: doble circulación monetaria, de cuya unificación ya nadie habla; alto costo de la vida, y salarios y pensiones deprimidos; lentos cambios estructurales que once años después de iniciados no mejoran la vida de la gente…Ante mí surgía la interrogante de para qué volver escribir sobre lo escrito y mucho más que eso, sobre lo que sufren tantos cubanos, sin respuesta práctica a la mano. La pereza profesional se había impuesto y no me la quitaba de encima ni el inédito esfuerzo hecho en La Habana para auxiliar a cientos de familias mal heridas por el cabrón tornado de enero. Y para bien de mis neuronas en quietud ocurrió entonces lo inesperado, llegó a mis manos un artículo de Doctor en Ciencias Juan Triana –“Burocracias y burócratas”- que devoré antes de colgar en FB, y me llevó a pensar todavía un poco más la entrada de un intelectual amigo, Rodolfo de la Fuente, quien simplemente me envió un artículo del inigualable José Martí –“La futura esclavitud”-, escrito en abril de 1884 y contenido en el Tomo 15, páginas 388-392, de sus Obras Completas, de la Editorial Ciencias Sociales, 1975.

Me despertó Juan Triana porque describe con perfección la esencia de la burocracia cubana –esa que realmente manda para reventar todos los días nuestras vidas y malograr cualquier iniciativa buena-, y me sacudió porque de manera casi científica describe lo que parte de nosotros intuimos de forma casi empírica. “Las burocracias –dice Triana- existen independientemente del sistema político al cual sirven y al cual luego subordinan” – vaya, que existen en cualquier país, eso me consta- y continúa, “Cuba desde 1959 tiene una larga historia con la burocracia (…) que se tradujo casi siempre en alguna campaña popular en su contra promovida siempre desde el propio poder político, el mismo que la había creado, y esa reacción contradictoria llega hasta nuestros días, pues aquellas campañas (…) atendieron más a los factores subjetivos asociados al fenómeno de la burocratización, mientras las condiciones objetivas fueron en gran parte soslayadas”. Triana apunta sobre el origen de nuestra descomunal burocracia: “Sin dudas el crecimiento de la estatización de la vida económica y social en Cuba desde inicios de la Revolución fue una de las causas. Para 1960, con excepción de una parte del comercio minorista, el transporte y la agricultura, estaba estatizada al 100% toda la economía y a finales de 1968, la estatización lo alcanzó todo con excepción de una pequeña parte de la agricultura y el transporte de carga”. No continúo con Triana por razones de espacio, solo recomiendo su artículo que reprodujo originalmente OnCuba.

En tanto, Rodolfo de la Fuente remató el tema –por su certera entrada en mi muro en FB- y me llevó a teclear este domingo, cuando releyendo a Martí y sus comentarios sobre algunos pensadores del Siglo XIX acerca del socialismo que aún era una idea, el Estado y la burocracia que este genera, comenta: “Ya en Inglaterra, como en casi todas partes, se gusta demasiado de ocupar puestos públicos, tenidos como más distinguidos que cualesquiera otros, y en los cuales se logra remuneración amplia y cierta por un trabajo relativamente escaso; con lo cual claro está que el nervio nacional se pierde. ¡Mal va un pueblo de gente oficinista!”.

Vivimos en Cuba otros tiempos duros –no recuerdo cuándo dejaron de serlo- y hoy los que mandan llaman cada día a enfrentar la burocracia y a “destrabar” soluciones, aunque ello, de momento, no sea más que un tenue cosquilleo a los burócratas. Ojalá entonces que el artículo de Triana y la invocación a Martí de Rodolfo lleguen a las alturas del poder, porque a mi modo de ver el horno nacional no está para coser pastelitos.

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