García Márquez: el mejor embajador de la música cubana

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

“Nostalgia quiere decir regreso, porque, según Tagore: “Un pueblo sin memoria no puede tener porvenir, es como un árbol sin raíces”.

Se está conmemorando el aniversario del cumpleaños 89 de Gabriel García Márquez (6 de marzo de 1927), siempre se consideró un embajador de la música cubana, la defendía como un cubano más.“Desde que comencé como columnista en 1951 en El “Heraldo” de Barranquilla le dediqué dos crónicas a el inmortal Pérez Prado, uno de mis ídolos más antiguos y tenaces, como consta en los archivos de los periódicos. Mi pasión por la música cubana está bien correspondida, tanto así es que la música cubana me ha gustado más que la literatura”.Huelga decir que en la dieta musical de los colombianos, está en primer plano lo cubano. “Fíjate que mi cantante preferido es un cubano llamado Bienvenido Granda, cuando escribía Cien años de soledad, me convertí en su fanático más furibundo. Yo llegué a admirarlo tanto que siempre he creído que yo me dejé el bigote para toda la vida por Bienvenido Granda. Entonces me decían “El bigote que escribe”. Siempre lo seguí en México donde quiera que se presentara con ese chorro de voz tan extraordinario”.

Otros colosos de la música cubana que García Márquez amaba eran: El Trío Matamoros, Miguelito Valdés con la Orquesta Casino de la Playa, la cual dice Gabriel que fue el origen de la salsa con los “solos” en los tumbaos y montunos de Anselmo Sacasas y Pérez Prado. La Sonora Matancera con Bienvenido Granda, Celio González y toda la corte de cantantes que por allí pasaron. Uno de sus géneros musicales más queridos es el bolero: “Hablar de música sin hablar de los boleros es como hablar de nada”, decía siempre el escritor.

Hay una entrevista de la revista Opina (no. 75, octubre de 1985) donde el colombiano hace gala de sus conocimientos musicales. En ella formula una serie de declaraciones donde demuestra ser un verdadero especialista de la música cubana. En otra crónica, cuando el novelista cumpla 90 años podríamos publicar esos conceptos sobre la industria de la música cubana que ahora se están imponiendo.

En su visita de 1997 a la Feria Cubadisco, en Pabexpo me dijo: “Ya ves que Cuba va a tener que hacer algún día una necesaria industria de la música. Si venden el tabaco, el azúcar y el café; por qué no venden su música. Si Cuba tuviera esa industria, con el boom de la salsa cubana, hubiera barrido en el mundo, en la década de 1990. Ahí tienes el fenómeno del Buena Vista Social Club que está acabando en el mundo entero. El mambo de Pérez Prado, la primera bomba atómica del ritmo americano, derrumbó las murallas chinas por el esfuerzo de la comercialización. Cuba desaprovecha su música y otras industrias saquean y se alimentan de lo que producen los cubanos”. Cuba, antes de la Revolución, era productor de música, que se comercializaba a través del baile, el canto, la radio, el espectáculo. Pero Cuba no recibía los beneficios porque su música la distribuían las empresas discográficas estadounidenses. El beneficio iba a parar a Estados Unidos. He tenido pleitos con muchos directivos culturales de Cuba por este tema. Hoy esa música cubana sigue en el mercado, y en primera línea, con el nombre de salsa, que no es más que sones, guarachas cubanas utilizados por el imperialismo, por los cubanos que residen en el exterior y por puertorriqueños y demás músicos caribeños”.

En un recorrido que le hicieron por la playa de Varadero al Premio Nobel de 1982, le preguntaron altos funcionarios qué le había perecido del recorrido. “Lo que más me gustó fue la música”, contesto rotundamente.

En la última visita a La Habana, en la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano le pregunté si estaba al tanto de las últimas en la música cubana, me confesó: “Lamentablemente, en los últimos tiempos, he estado trabajando en mis memorias. Pero, siempre estuve al tanto de todo lo que pasaba en la música en Cuba. Cuando me meto en la música es un rollo que no acaba nunca. Siempre escuché música no menos de dos horas diarias. Es lo único que me relaja. Lo único que me pone en mi tono…Y he pasado por etapas de toda clase. Dicen que uno vive donde tiene sus libros, pero yo vivo donde tengo mis discos. Tengo más de dos mil. Eso se lo revelé en una ocasión a uno periodistas en 1977 a tres jóvenes: Carlos Martínez, Humberto Molina y Martha Elena Restrepo”.

Esta sección de la “Nostalgia Musical” la he comenzado con Gabriel José de la Concordia García Márquez. Sin dudas que el ídolo de Aracataca siempre fue un nostálgico. “A nosotros nos correspondió vivir, en un momento en que todos los recuerdos son eternos. Todo esto nos enseñó a vivir la nostalgia de la nostalgia, un sentimiento muy hondo y desgarrador que puede arrugarle a uno el corazón”.

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