¿Y si Michael Moore tuviera todavía razón?

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr

En una película de 1995 que concibió y filmó son el título de “Bacon u “Operación Canadá” el humorista norteamericano Michael Moore contaba con una sensatez de teólogo cómo los colaboradores de un Presidente de los Estados (el magnífico Alan Alda) se inventan una guerra para reanimar la apagada popularidad presidencial.“EEUU continúa en su perverso afán de fabricar falsos pretextos para justificar la intervención y agresión a Venezuela”. Es algo que ha dicho el Presidente de Cuba, Miguel Díaz-Cánel. Quienes piensan como el presidente cubano saben que los payasillos que alrededor de Donald Trump cumplen todo tipo de cometidos sucios no se han ido de vacaciones.Pero volvamos a la película. Cuando han decidido que hay que reanimar la popularidad del Presidente, los asesores presidenciales llegan a la conclusión de que lo mejor es declarar la guerra a la vecina Canadá.Y empiezan las provocaciones para conseguir que los norteamericanos se den cuenta de que tienen un presidente guerrero, capaz de defenderles contra todos los enemigos. Al principio, el Presidente (Alda el magnífico) se muestra un poco reticente, porque en el fondo es buena persona y todo aquello le parece una barbaridad. Pero uno de sus consultores, el más maligno le decide; “Señor Presidente, en Canadá son muy violentos”. Y entonces atribuyen a ese país el apagón de Nueva York. Entre otras barbaridades.Un analista de la CIA se las ingenia para hacer creer que Canadá es un nido de rojos. Y agrega sin el menor temblor de labios: “El pueblo norteamericano se tragará lo que queramos que se trague”. ¿Y si Michael Moore, el director de esta irreverente y desopilante película, tuviese razón y algún majara de Hollywood anduviese preparando “pruebas” para que en cualquier momento tropas norteamericanas pudieran emprenderla contra cualquier país? El cine es la recreación de la fantasía y puede hacer creer lo que quiera. Y no digamos cuando tiene detrás toda la maquinaria del Estado: Cientos de analistas en el mundo entero se preguntan todavía cómo Donald Trump ha conseguido ocupar el despacho oval de la Casa Blanca. Era el último de su clase, sus propios correligionarios, los republicanos, lo tenían por un perdedor y si lo dejaron meterse en las elecciones contra la más prestigiosa de las norteamericanas, Hillary Clinton, fue por un cálculo que les salió mal.

Los asesores de Trump no tuvieron que inventarse ningún enemigo al que hubiese que callar la boca como en la película de Moore. Llegó al estrellato ante el estupor del mundo entero y todavía hoy hasta los especialistas mejor informados, más meticulosos, se trituran las meninges para tratar de averiguar qué ocurrió. ¿Le ayudaron los rusos con mensajes provocativos? Nadie llegó a la simple conclusión de que una parte del electorado norteamericano, callada durante muchos años, supo de pronto que era el momento de actuar viendo las payasadas que Trump les ofrecía en cada una de sus apariciones. No hubo necesidad de inventarse un enemigo. Ni de simular acciones de “enemigo” que necesitaban una rápida intervención o sería la catástrofe. Donald Trump, casi todo el mundo lo ha olvidado, ha sido un refinado showman de televisión que sabía jugar con el público. Todos nos acordamos únicamente de que era millonario o multimillonario.Aunque él ya se inventaba ese enemigo, el enemigo de los Estados Unidos, de los poderosos Estados Unidos, cuando proclamaba a los cuatro vientos que este país tenía que ser primero para los norteamericanos, que los norteamericanos tenían que ser los primeros, algo que a Hillary Clinton ni se le había pasado por la cabeza.

El desprecio de Donald Trump por los extranjeros emigrados, de todos los extranjeros que siguen llegando a EEUU en busca de un porvenir, era una manera de decir que o le elegían o el Extranjero, con mayúsculas, se adueñaría de las calles de los Estados Unidos. Y aquellos electores que quizá casi nunca habían votado, que no creían en el poder de ese estilo de vida, supieron de pronto que Trump era el elegido que Dios les mandaba para que ellos, los más miserables, los más alejados del poder, tuvieran una posibilidad de ser algo en el país más rico del mundo.

Si creen que todo es ficción… Que Michael Moore es simpático pero no sabe lo que dice y que nadie debe de tomárselo en serio, escuchen. No solamente Trump es Presidente, no solamente tiene grandes posibilidades de ser reelegido sino que el Presidente de Corea del Sur, que a juzgar por el éxito de los automóviles surcoreanos en el mundo y por la prosperidad de ese país no debe de ser ningún paranoico, ha propuesto a Trump para el Nobel de la Paz. Ríanse, ríanse. Lo mismo han hecho 18 congresistas republicados de Estados Unidos y dos políticos noruegos. No quiero decir que se han reído si no que han pedido su titulación al Nobel. ¿Qué son fantasías? ¿Qué nadie le dará el Nobel y menos la Presidencia para un segundo mandato? Acuérdense que los observadores más calificados del mundo daban como ganadora sin el menor esfuerzo ni la menor duda a la señora del guapo Clinton, sí, aquel que tuvo el lío con una jovencita en ese despacho oval al que llego Trump sin el menor esfuerzo.Todavía hoy los más consecuentes se preguntan cómo pudo producirse ese desacierto.Esperemos que dentro de algún tiempo no tengamos que preocuparnos por ese país latinoamericano que posee el petróleo que tanta falta le hace a los EEUU.

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