Cuba y las cuentas claras

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Por interés, necesidad o simple curiosidad, se sacan cuentas. No hay otra forma de vivir o subsistir en este planeta complicado, si no eres de los pocos que tienen mucho e incluso ellos, los pocos, suelen estar siempre sacando cuentas. Recuerdo la pregunta de mi madre – ¿Cuánto tienes en el banco, mi´jo?-, la única vez que volvió a la isla, cuando en la década de los 70 aquí suponíamos que podíamos vivir sin el tormento de la plata guardada, y de alguna manera lo hicimos. “Nada, mami”, respondí y acto seguido, sentados frente al atracadero de la lanchita de Regla evocando otros tiempos, desgrané las verdades de aquellos años en que nadie pagaba impuestos, ni alquileres, ni agua, y la cuota de electricidad era simbólica; mandaban las gratuidades en la educación y la salud –una de mis hijas fue operada exitosamente a corazón abierto-, y las subvenciones estatales abarcaban desde los alimentos hasta espectáculos públicos. Pero los tiempos cambiaron, hay que volver a sacar cuentas de casi todo y por estos días se repiten una y otra vez los cálculos sobre los resultados del SÍ a la nueva Constitución de Cuba, que sumaron seis millones 816 mil 169 votos (86,85% de los votantes) –según el último y definitivo parte oficial-, aunque por primera vez en medio siglo, las abstenciones y el NO llegaron un millón 563 mil 780 sufragios. Con las boletas anuladas la cifra anterior llegaría a 1,8 millones  El cronista José Alejandro Rodríguez, del oficial diario Juventud Rebelde, abordó el asunto de la siguiente forma: “Y los resultados finales del referendo deberán ser objeto de estudio permanente por la institucionalidad gubernamental y partidista. Las cifras, aun cuando son más contrastantes que en anteriores votaciones, reflejan el mayoritario respaldo popular a la Revolución y el socialismo, en una Cuba más diversa. El Sí de hoy es más definitorio y elocuente, en una época mucho más sutil y delicada, con menos complacencias y zonas de confort en el pensamiento. Los No y las abstenciones, lejos de quitarnos el sueño, hay que enfrentarlos con realismo y valentía política, sin reconcomios, incluso hacia los que puedan definir una actitud de rechazo político a la Revolución.

Para los decisores, es asunto a tener en cuenta con realismo, y a la vez con sentido proactivo. El trabajo político y la gestión gubernamental deben elevarse mucho más en materia de resultados visibles, en convencimientos y en el noble y dificultoso arte de seducir y atraer. Que el alejamiento sea obra individual y de cada quien, y no promovamos molestias y desencantos con los errores de la gestión pública. Nunca como hoy, los nobles principios del socialismo tienen que aterrizar en eficiencia y eficacia concretas allí en la realidad, y no quedarse en palabras y meros propósitos. Hay que demostrar todos los días las bondades del sistema, como se ha hecho a raíz del paso del reciente tornado en La Habana”.

No es noticia, los tiempos han cambiado. La salud y la educación siguen siendo públicas y la nueva ley de leyes también las ampara; las subvenciones estatales se mantienen, aunque en menor cuantía. Sin embargo, volvieron las duras reglamentaciones fiscales, el pago de alquileres, del agua, el gas y la electricidad; subió el costo de la vida sin correspondencia con el salario y las pensiones; todavía la eficiencia de la mayoritaria empresa estatal es asignatura pendiente; el maldito bloqueo de Estados Unidos se agudiza; y todo eso tiene un costo. La anterior Constitución de 1976, que abogaba por el socialismo al estilo de la Unión Soviética en medio de la Guerra Fría fue aprobada por el 97,7 por ciento de los cubanos.

Algunos votaron NO porque fueron desestimadas sus propuestas de cambios, cuando el proyecto constitucional pasó a discusión en barrios, universidades y empresas, y se le hicieron 700 modificaciones. Otros simplemente expresaron su desacuerdo u oposición al rumbo del país. Y tales posiciones son tan válidas como las que mayoritariamente hicieron imperar el SÍ. El referendo acaba de marcar el contexto en que transcurre la vida nacional y no sacar las cuentas que corresponden sería cuando menos muy riesgoso, si la utopía de 1959 sigue imperando.