El espiritismo, y su variantes en Cuba

Marta Gómez | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Cuando se habla de religiones o de cultos populares en Cuba, la mirada ajena e incluso la propia se detiene en el ornamentado y al mismo tiempo profundo mundo del Panteón de creencias de origen africano, sincretizado o transformado en un proceso enriquecedor, y hoy por derecho, parte de la cultura nacional. Con influencias en la espiritualidad mágico-religiosa,  también es esencial en la danza, la música, artes plásticas, la literatura y la escultura, por solo citar las más connotadas. Sin contar con el peso del catolicismo y del sincretismo cuajado en la mezcla de la religión cristiana y credos de origen africanos, no reconocido ni aceptado por la Iglesia. Pero la realidad es más rica y compleja todavía que ese mundo ya abigarrado. Porque poco se sabe o se supone de otro cuerpo de prácticas o de culto como el espiritismo y su variante de cordón, también de actual vigencia y alcance en varias regiones del país, sobre todo de La zona oriental. Entiéndase desde la provincia de Camaguey hasta las cinco provincia que una vez fueron una en el legendario oriente de la Isla. No es una realidad nada nueva y e incluso el  sobresaliente etnólogo Fernando Ortiz, fue el primero en estudiarla in situ en su momento, a comienzos de la década de los 50.

El resultado de su acucioso estudio fue publicado en 10 artículos por la revista Bohemia, a partir de julio de 1952, bajo el nombre de Los cordoneros del Orilé. Teóricos, investigadores y practicantes del espiritismo, en general,  gustan definirlo hoy como una ciencia, una filosofía y un cuerpo ético y nunca como una creencia religiosa, ni tampoco adherido o subordinado a credo religioso alguno, ideología u organización política.

 Con esos presupuestos han reorganizado y puesto en función  antiguas sociedades espíritas a partir de principios del presente siglo, las cuales habían dejado de existir en 1963. Proclaman el fin ético de ayudar a la armonía, la paz en sus comunidades y en el mundo, además de trabajar bajo presupuestos científicos, de acuerdo con sus enunciados, en la demostración de la existencia eterna del espíritu desencarnado, post-mortem y la posibilidad de sus contactos con los vivos.

En su ensayo, publicado en 2013, El espiritismo en el Oriente cubano, el periodista e investigador Martín Corona Jerez, afiliado a la Sociedad Más Luz, de Bayamo, y secretario de la Federación Espiritista de la provincia de Granma, ofrece interesantes datos de la llegada del espitismo kardeciano –con metodología de Allan Kardec- a Cuba posiblemente hacia 1856, cuando la isla estaba bajo el dominio de España.

Reconoce la existencia y la notable extensión que tuvo el espiritismo de cordón, clasificado por los etnólogos como credo o forma de culto, y más apegado a la visión de folklor que tanto auge tuvo en la gnoseología y estudios sociales en la medianía del siglo XX.

“Precisamente en la región histórica del Valle del río Cauto, señala Corona Jerez en su investigación, escenario principal de luchas patrióticas tanto del siglo XIX como del XX, es donde el Espiritismo toma mayor auge, mantiene su esencia redentora, liberadora y progresista, y recibe una variación notable en la forma de implorar, evocar y vibrar para atraer los espíritus, sin que ello signifique cambio alguno en las propuestas medulares de la doctrina!.

El estudioso subraya: “El espiritismo de cordón está solamente en la forma que según los espíritus superiores “es nada” y consiste en que los médiums hacen cordones o cadenas humanas al tomarse las manos para realizar rítmicos movimientos corporales y entonar cantos, todo lo cual les ayuda a alcanzar el estado necesario de concentración, afinidad y disposición para la incorporación de los espíritus.

También afirma Corona Jerez que en términos numéricos el mayor número de centros espirituales del oriente de Cuba son de cordón, pero los de estudio conservan un prestigio indiscutible y son vistos como escuelas. Ambas variantes han  marchado unidas y con intercambios permanentes, aunque por un camino no exento de contradicciones lógicas.

Pero a pesar de ello, Corona señala como algo positivo que ambas variantes conservan en sus ceremonias como algo muy importante “las oraciones que espíritus superiores dictaron a Kardec”, el precursor del método científico en el Espiritismo, universalmente reconocido.

El ensayo del colega supone que las prácticas del oriente, aunque no consideradas religión por la teoría actual, entroncan con la filosofía del bien y la espiritualidad del cristianismo, más que con los cultos afroides o de origen africano. Sin embargo, en la región occidental de Cuba hay variantes espiritistas o invocantes de las ánimas de los fallecidos, muy relacionadas con el Panteón africano. Nada sencilla la espiritualidad de la profunda alma cubana.

Volviendo al espiritismo de cordón, por supuesto que mantiene su vigencia preferentemente en la zona geográfica antes citada. Su origen ha sido muy discutido y se han manejado hipótesis variadas, pero no conclusivas, desde la primera expuesta por Don Fernando Ortiz. Otro estudioso del tema, Angel Lago, aunque reconoce el loable mérito de la investigación de Ortiz a mediados del pasado siglo, valora que estuvo permeada por el peso que el relevante etnólogo dio en vida al estudio de los elementos afrocubanos. En ese caso Ortiz preconiza la influencia bantú.

Lago Vieito manifiesta que aunque no se haya podido comprobar la magnitud de la influencia de la herencia  aborigen –los más antiguos pobladores de la Isla- esta existe, aun sin verse directamente, debido a la zona geográfica de origen y su cosmogonía. Y esto es algo que al parecer subvaloró Ortiz.

También podría afirmarse que el espiritismo de cordón es la variante más folklórica y vistosa  esta forma de la espiritualidad cubana, por lo que en casos excepcionales ha sido utilizada por inescrupulosos para fines alejados de su esencia. Como ha sucedido con todos los credos y religiones, incluso poderosas. Nada para señalar especialmente.

Pero la gran mayoría de sus sinceros y entregados practicantes forman parte de lo más humilde y noble del pueblo, de su intelectualidad también, y se enorgullecen de un pasado en el cual, afirman, líderes descollantes de los combates patrios e incluso del primer partido comunista, fueron miembros activos de sus sociedades y centros.Solo visualizamos la punta del iceberg. Si nos atenemos a lo descrito por Hemingway, la mayor parte está sumergida e invitando a descubrirla.