De la valentía en periodismo

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Argelia se había ganado su independencia por la fuerza de las armas en una guerra sin cuartel y sin piedad entre 1954 y 1962, que terminó con una paz que para millones de franceses que vivían en aquellas tierras paradisíacas desde 1830, y que se consideraban en su casa, en su patria, fue una catástrofe, el fin de un sueño. La mayoría de ellos, tras la paz agenciada en gran parte por el general Charles de Gaulle y que cientos de miles de franceses consideraron una vergüenza, tuvieron que abandonar su vida en Argelia, donde la mayoría eran agricultores, con tierras propias, o comerciantes ricos. Pero no cedieron así como así. El ejército francés libró una larga batalla contra el naciente Front de Libération Nationale, el FLN.

La auténtica derrota fue para los llamados pieds noirs, los habitantes franceses de Argelia, que en Francia tuvieron muchas dificultades, salvo los que habían podido salvar bienes. Su llegada a la metrópoli, donde no habían vivido nunca, donde se sentían como extranjeros, y donde los otros franceses no los querían, provoco una crisis nacional que todavía da de vez en cuando algún coletazo, el del recuerdo.

Kamel Daoud, de 48 años de edad, es un lejano descendiente de aquellos argelinos que pelearon por la independencia. Periodista y escritor, de exquisita escritura en francés, sigue viviendo en la Argelia de sus padres y trabaja en un diario de Orán, al mismo tiempo que colabora con prensa francesa.

¿Quién quiere callar a Daoud? Se preguntaba hace unas semanas el semanario francés Le Point, del que Kamel Daoud es uno de los principales cronistas.Esa pregunta se ilustraba con una foto del escritor Premio Goncourt, sentado en lo que parece una plazoleta poco acogedora en la ciudad argelina de Orán.

El mismo semanario aclaraba: “Tras un artículo publicado en Le Quotidien d’Oran, el escritor y periodista Kamel Daoud ha sido atacado en las redes sociales, sobre todo en Francia.”En una de sus últimas crónicas, Kamel Daoud decía algo terrible: “Después de las cinco de la tarde, en un pueblo argelino puedes elegir entre una de estas tres cosas: la mezquita, la droga o el suicidio. Eso me lo ha dicho un amigo”.

Espantoso resumen del estado moral de un país, cuyos habitantes, apretujados entre la miseria, el desempleo y la desesperación del exilio, sueñan con reunir los 3.000 euros que los traficantes exigen para meterte en una lancha, como si fueras una lata de sardinas, y ver si llegas a las costas de España. Otras veces andan hasta la frontera de Marruecos con España y se la juegan intentando saltar vallas terroríficas. Muchos lo intentan y pocos la saltan. Total, para ser devueltos a su país.

Un colega de Daoud, el periodista Saïd Mahrane, escribe sobre él y de paso cuenta: “En Argel hay una clase de jóvenes argelinos que están todo el día adosados a la pared porque no tienen nada que hacer (no hay trabajo, no hay nada). Y los muchachos charlan, juegan con el teléfono portátil, y hacen proyectos para marcharse, proyectos de boda, de tristeza”.

Agrega enseguida que pocos de esos sueños se realizarán en un país donde los islamistas están muy presentes en la sociedad.

Otro apunte: “Un día, un amigo de Argel me dijo: En nuestro país no llueve, llora”. Pues eso es lo que hace Daoud. Hablar de lo que ve, de lo que sabe, como cualquier periodista, como cualquier cuentista. Pero resulta que una pandilla de intelectuales, sociólogos, universitarios o sencillamente gente sin más, cuenta el amigo de Daoud, le piden que se calle, que piense políticamente correcto.

El cronista Saïd Mahrane informa sin tapujos: “Cuando se criticaba a Stalin decían que estabas con la burguesía. Criticar al presidente argelino, criticar la censura que existe en los países árabes… y preocuparse por el destino de las mujeres de esos mismos países, es hacerle el juego a Marine Le Pen (líder de la ultraderecha francesa)”.

En Argelia también mueren periodistas. Algunos años más que en México. Y si no los matan los toleran muy mal. El bloguero Touati Merzong fue condenado a diez años de cárcel por “haber tenido relaciones cómplices con una potencia extranjera”. Algo totalmente falso, pero los que opinan y deciden en Argelia son los jueces.

Y uno que vive en Europa Occidental, adonde los tiros no alcanzan fácilmente a los periodistas, se pregunta cómo se puede ser Kamel Daoud, vivir en un país donde las autoridades y los islamistas odian a la gente que cuentan lo que a ellos no les gusta.

Y no dejas de preguntarte cómo a veces, a menudo, de vez en cuando, tú, que tienes todas las garantías de seguir vivo a menos que atravieses al mismo tiempo que llega un camión, tú, el elegido, el señorito de las letras, a veces tienes miedo de contar algunas cosas. Por si acaso. ¿Será que la valentía se adquiere donde realmente hay que usarla si quieres no ser políticamente correcto?

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