El timo

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

El populismo arrasa con la inteligencia que todavía le queda a la gente, que cree pensar cuando en realidad está dejándose guiar por intereses que nada tienen que ver ni con la verdad ni con la calidad.Premiamos alegremente a los listos que nos dan gato por liebre, a los que nos siguen haciéndonos víctimas del timo de la estampita, aquel truco viejo como el mundo, desde Cherter Himes a Robert Redford, que consistía en inducir a la gente a cambiar su dinero contante y sonante por nada, por ilusión. Pero estaban contentos porque iban a ser ricos y la riqueza bien vale una misa de difuntos. Nos timan alegremente, sin el menor rubor, nos manipulan, nos dejamos manipular, no oponemos la menor resistencia a la manipulación, y no solo de la información, porque en nuestros genes está grabado con el fuego que consumía a más de una bruja en las alegres hogueras de Salém. Está grabado en esos genes la necesidad de ser estúpidamente y políticamente correcto.

Cuando decimos, muy convencidos, con la mano en el pecho como para escuchar el himno nacional en una final de la Super Bowl, yo no soy políticamente correcto queremos dejar sentado en realidad que tenemos únicamente una actitud de fachada, de buen tono, elegante si se quiere, para no molestar a los que todavía piensan.

Pasa en cualquier actividad de nuestras absurdas vidas. En el fútbol, que capta las preocupaciones y los haberes poquito a poco en entradas cada día más caras, en viajes cada vez más onerosos, de una gran parte de la feliz población europea, a la que no le importa más que eso que las estrellas que ellos veneran, jalean, luzcan en el pecho como una Legión de Honor publicidad para monarquías y cosas parecidas donde sí que hay que ser políticamente correcto si quieres vivir en medio de tanto petróleo, a veces manchado de sangre. Pero, supongo que la gente dirá, mientras no sea la mía.

¿Y qué decir de la política nuestra de cada mañana donde de pronto un señor se autoproclama Presidente de un país grande y que fue próspero y también lleno de oro negro? Nosotros no decimos nada, o casi nada pero los Estados Unidos del inefable Donald Trump aplauden hasta con las orejas y las otras naciones creen estar haciendo un ejercicio estratégico y diplomático políticamente correcto.

Hay que echar al tirano, grita la prensa, dicen las Cancillerías, aunque a veces les cueste situar en el mapa el país al que se quiere poner firme, para que, una vez más, adopte la sola actitud correcta, lo políticamente correcto.

Y a nadie se le ocurre pensar, porque para pensar hay pensadores oficiales, que detrás de un tirano siempre habrá otro tirano, aunque es cierto que todo se hará en plena corrección política para que el amito de Washington DC quede contento y no sea que se le ocurra volver a abrir el siniestro penal llamado también infierno de Guantánamo, situado al sol en una sonriente provincia de Cuba.

Pero mientras seamos políticamente correctos, nada tendremos que temer.