Cuba y Venezuela

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Unos 20 mil cubanos, la inmensa mayoría médicos, enfermeros, técnicos en salud y maestros, cumplen “misión oficial” en Venezuela, país con el que la isla tiene fuertes vínculos económicos y financieros – buena parte del petróleo que consume le llega de esos predios a precios preferenciales-, de ahí que lo que acontece allá no sea ajeno a los cubanos y cada quien saque sus cuentas. Aunque es difícil sacar cuentas, es riesgoso hacer vaticinios desde la distancia, sobre todo cuando el acontecer venezolano se pierde en las entrañas de una descomunal batalla propagandística, en los fondos de un “gran timo” como diría el colega Sergio Berrocal. Venezuela es el país “de las media verdades” de un lado y del otro, considera Adriana Esthela Flores, enviada especial a Caracas del Grupo Multimedios MILENIO, en su intento diario por informar lo que registra cada día. “Ayer, fue un domingo (3 de febrero) de mucha tensión en la convulsa Caracas. Desde temprano, audios con mensajes que hablaban de la hora precisa del inicio de la invasión estadounidense o de instrucciones de cómo actuar ante la llegada de militares extranjeros inundaron los grupos de WhatsApp.

“No los confrontes ni hagas algo que los haga sentirse amenazados… No son tus enemigos, ellos cumplen una misión para devolverle la libertad, democracia y prosperidad a Venezuela”, indicaba un video difundido en los chats de las redes sociales.

No fueron casuales estos mensajes. Ocurrieron justo después de que el autoproclamado presidente de Venezuela, Juan Guaidó, difundió en su cuenta de Twitter las tres próximas acciones de su plan: la “coalición humanitaria internacional” con tres centros de acopio en la frontera de Colombia, Brasil y una isla caribeña; movilizaciones para exigir a las  Fuerzas Armadas que permitan la entrada de la ayuda; y pedir a Europa la “protección de activos”, o sea, arrebatarle al gobierno chavista el control de los activos en el exterior de la petrolera Pdvsa y su filial Citgo. ”, escribió Adriana Esthela para uno de los principales medios privados de México.

Y al leer su nota recordé los días previos a la invasión anticastrista que lanzó el gobierno de EU por Playa Girón (Bahía de Cochinos). Entonces no existía Internet, pero sí la manipulación mediática, el timo como recurso de guerra, y la isla fue virtualmente inundad de mensajes falsos sobre desembarcos, atentados, bombazos, deserciones de alto oficiales cubanos, emitidos por emisoras de radio bajo control de la CIA. Incluso, cuando aviones de guerra bombardearon posiciones militares y civiles en La Habana y Santiago de Cuba, el secretario de Estado, Aldai Stevenson, convocó a una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, a fin de revelar a bombo y platillo una presunta “rebelión” de pilotos de la revolución, con sus aviones de combate, que según él, fueron los responsables de los bombardeos. Sin embargo, más allá del timo, los desertores, como reconoció después el propio Stevenson –engañado también por la CIA- nunca lo fueron, eran mercenarios pagados por la Agencia, con aviones contratados por los servicios especiales de EU.

Eso ocurrió hace mucho tiempo, ya lo sé, pero es que la esencia del esquema montado para llevar “democracia a Venezuela” y “terminar con la sangrienta dictadura de Maduro”, se parece cada vez más al que conocimos aquí, y cuando Washington se empeña tanto en “ayudar”, no sé por qué, siempre Eduardo Galeno me de unos golpecitos en el entendimiento: “Cada vez que EU “salva” a un pueblo, lo deja convertido en un manicomio o un cementerio”, escribió el uruguayo, quien seguramente nos sigue observando desde alguna estrella.

 

 

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