Cuba, el Tornado del Siglo, un meteorito y la bola de fuego

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Pretendía relajarme tras una semana intensa cuando mi móvil comenzó a sonar.  “Oye, ponte las pilas, parece que hubo una explosión muy grande en Pinar del Río, no se sabe qué pasó….”. Y la alerta, de rutina entre quienes nos dedicamos a este oficio aunque después compitamos para ser o estar entre los primeros en desentrañar misterios, rompió el sosiego. Desde el domingo anterior, nadie había descansado en La Habana por el furioso torbellino que en pocos minutos convirtió en polvo cuatro municipios, matando a cuatro personas, hiriendo a un centenar y transformando en damnificados –maldita palabra- a unos ocho mil cubanos. La recuperación estaba en marcha; brigadas de la estatal Unión Eléctrica -llegadas de muchas partes- habían restablecido el servicio en el 90 por ciento de los barrios y espontáneamente la gente seguía yendo a los lugares golpeados a ayudar en lo que pudiera porque “la solidaridad humana no se puede burocratizar”, en el decir de todos los que sienten. El catastrófico fenómeno, incluso, había sido bautizado, el “Tornado del Siglo”, primero en golpear a la villa en sus 500 años de vida. Y cuando parecía que las cosas, poco a poco, iban siendo enderezadas, un meteorito reventó en el cielo de Pinar del Río, al oeste de La Habana, y al este una enigmática bola lo fuego hizo lo mismo sobre el mar a la vista de la ciudad de Matanzas.

“El meteorito se desintegró en numerosos fragmentos de diferentes tamaños, esparciéndose por las localidades de Los Jazmines, Dos Hermanas, Palmarito, El Cuajaní y cercanía del pueblo de Viñales. El fragmento mayor fue hallado en Palmarito, con un tamaño aproximado de 11 centímetros de longitud, que ocasionó un pequeño cráter o embudo en el suelo”, explicaron los científicos, al tiempo que advirtieron que “en la ciudad de Matanzas, en el horario de la 1:16 pm, algunos vecinos informaron que fue visible una esfera incandescente con un diámetro aproximado de un metro, cayendo al mar muy cerca de la costa sur de la bahía, en el área donde comienza el malecón. Especialistas de la Delegación Territorial del CITMA realizaron un recorrido por el litoral aledaño y no se encontraron huellas en tierra firme”.

Por suerte, esta vez no hubo víctimas ni mayores daños materiales, pero una extraña sensación, un presagio tenebroso recorrió la isla de una punta a otra, cuando todo el mundo sabe que este año será muy duro y, al parecer, hasta la naturaleza se ha confabulado. “¡Coño!, ¿qué está pasando ahí?”, se multiplicaron los post de los cubanos dispersos y los malos augurios se dispararon dentro y fuera de una isla que cree en augurios.

Hoy es sábado y quiero intentar de nuevo relajarme, poner la mente en blanco como enseñan los asiáticos, espero que el móvil haga igual; confío, quiero confiar en que iremos sobrepasando las carencias, aunque no puedo quitarme de la mente la sospecha de que la nación se adentra en la tormenta.

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