De Napoleón a Fidel Castro

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

El invierno ha hecho una pausa en este final de Europa y comienzo de África. Los turistas del norte más norteño de Europa están encantados. Siguen chupando sol como los nuevos autos que nos prometen cuando haya más enchufes disponibles que árboles. Imagino que los reemplazaran los unos por los otros, porque se trata de obtener una rentabilidad a todo. Alguien me fotografió a traición con uno de esos teléfonos que captan imágenes de precisión de pura Leica. Qué asco, mon Dieu, los más analfabetos del mundo pueden hacer bellas fotos sin haber tenido que abrir un libro ni haberse pasado días eternos en laboratorios para aprender cosas sobre sensibilidad de película y papel.

Tanta estupidez, tanto teatrillo de la vida concebido para satisfacer a los mercachifles del templo que cantan aquello de más, nosotros queremos más.Pero, bueno, hermano, esto ha pasado siempre en Europa, lo de los mercaderes, lo de un Mercado común en el que ya no creen más que los funcionarios que obtienen mensualmente jugosos estipendios.

Y Bruselas, donde todos esos señores, no le llamen ustedes gandules, por favor, que son funcionarios de alto rango, que hablan varias lenguas, se ha convertido en una ciudad más cara que cuando yo iba a comer patatas fritas con mayonesa en un cucurucho. ¿O habrá sido en la Gare du Nord de París? Ya ni lo sabes.

El otro día me tropecé con un imbécil que acababa de regresar de uno de esos viajes organizados en los que la gente no sabe ni siquiera adónde va. Los metieron en un lugar llamado Kazajistan. Por supuesto ellos no sabían adonde iban. Luego les explicaron que era la más reciente ex república soviética, se convirtió a esa religión solo en 1991, y el amo del cotarro, no les daré su nombre por pudor y por miedo a que vengan a pedirme cuentas, gana todos los comicios por una aplastante mayoría tan aplastante que algunos odiosos ciudadanos, seguramente que son viejos comunistas, dicen que el amo es en realidad un tirano y sus elecciones farsas.

El turismo nos come a todos y es lógico que las agencias de viaje paseen a la gente por lugares donde nunca soñaron ir.Comprendo que no soy el más indicado para hablar de monumentos funerarios, pero se suficiente para darme cuenta de que representan un patrimonio muy rico.Y no es solamente el mausoleo de Lenin en la Plaza Roja de Moscú, que sigue date que te pego a los turistas pese a que la Unión Soviética desapareció y ahora se llama más familiarmente Rusia.

Están los Invalides de París, con la tumba faraónica de Napoleon Buonaparte, que pasó toda su vida conquistando países que no eran suyos, naturalmente, porque es la condición sine qua non para ser conquistador.

Toda Europa está llena de tumbas. El cementerio de Montparnasse y otros de París están repletos de tumbas famosas, otros tantos espectáculos a la que los turistas acuden.Es una bárbara costumbre que perpetuar la vida por debajo de la tierra del campo santo. A menos a mí me lo parece.

Pero las cosas son como son y no como uno quisiera que fueran.La última tumba de una celebridad está ya preparada en Santiago de Cuba, donde enterraron a Fidel Castro hace cosa de dos años.En pleno delirio e construcciones no faraónicas pero casi y casi siempre de una fealdad que mete miedo hasta a los muertos, allí en Santiago se ha construido el que dicen es el hotel más moderno parido en Cuba. Eso cuentan los medios locales que muestran fotos de dos cilindros redondos de un azul profundamente deprimente que “conecta” con el cementerio donde reposa el líder de la Revolución cubana.

El turismo que tanto y tan pronto ha conquistado a los cubanos es de esos que dejan huella en la gente y en la vida de un país. Ejemplos de esa lacra los tenemos en Europa, donde los habituales moradores de pisos y casas de zonas céntricas han tenido que evacuar hacia el exterior para permitir que los propietarios saquen jugosas ganancias enganchando en el negocio a los extranjeros llegados como turistas.

En España el asunto está tomando proporciones graves y ya son varias las municipalidades que han decidido tomar cartas en el asunto, cuando tamaño daño infligido al alma de un país necesita de la intervención contundente del Estado.

Pero aquí por lo menos no tendremos que ruborizarnos de ver surgir del suelo un hotel con el único fin de amontonar turistas para luego llevarlos al ladito donde hay un cementerio histórico.En momentos así ganan dar de llamar a las armas a los ciudadanos del mundo, como ya se hizo en 1789 en París. Pero eran otros tiempos, me dice mi secretaria, que sabe mucho de esto.

× ¿Cómo puedo ayudarte?