XIV Coloquio Internacional de Jazz, conocimiento y musica superlativos

José Dos Santos | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

LA HABANA

Forma parte de un acontecimiento mayor, notable por su diversidad y magnitud de escenarios y participantes, como lo es el Festival Jazz Plaza. Pero, a su vez, el coloquio que por decimocuarta ocasión se realizó, simultáneo a la gran cita jazzística cubana, es en sí mismo un notabilísimo acontecimiento artístico. Ha sido capaz de emular y sobrepasar en su sede de la Fábrica de Arte Cubano (FAC) a cuantos en el entorno latinoamericano se celebran por estos días, aunque su propósito no sea ese. El que acaba de concluir, con un prólogo inédito en la indómita Santiago de Cuba, resplandeció de forma notable. Y lo afirma alguien que lo ha estado siguiendo desde su fundación –muchas veces como participante activo, creado y mantenido gracias a la idea, tenacidad, capacidad y sapiencia de la joven musicóloga Neris González Bello, apoyada en y desde las autoridades del Centro Nacional de Música Popular, perteneciente al Instituto Cubano de la Música, institución que resultó también agasajada ahora.

No pretendo hacer aquí la historia de un fenómeno que ya merece documentarse más allá de los resúmenes de cada uno, que se hace y proyecta en el siguiente encuentro, pero es necesario mencionar al menos que por él han pasado los más notables asistentes extranjeros a los Jazz Plaza –que no son pocos—y lo que más brilla de la pléyade cubana, y, en ambos casos, no solo con disertaciones, talleres y otros ángulos teóricos.

Nunca olvidaré la ocasión en que el gran contrabajista Christian McBride hizo un mano-a-mano de excelente improvisación con el talentoso pianista Rolando Luna –que disfrutamos solo unas 30 personas— o las “descargas”, igualmente sin ensayo, de multipremiados como Joe Lovano. Al que siente el jazz correrle por las venas, son episodios inolvidables que fueron creados por esos coloquios, cuyo concepto rígido queda pequeño ante lo que genera.

Este año la historia se repitió pero con una vuelta más en la espiral de su desarrollo. Incluso los que podían haber sido homenajes –más o menos formales– a grandes disqueras cubanas (EGREM, Colibrí, Abdala y Bis Music) e incluso a estudios de grabación como Siboney, de Santiago de Cuba, fueron virtuales ferias de presentación de catálogos y obras recientes y en perspectiva, con asistencia de músicos cuyas obras son difundidas por ellas. En algunos casos, como en la etapa inicial en el oriente cubano, con interpretaciones del Cuarteto de Saxofones, con el flautista Iván Acosta y la cantante Zulema Iglesias como invitados.

Resulta extenso relacionar los momentos disfrutados en los cinco días del Coloquio 2019, pero también es imposible no mencionar a muchos, porque estuvieron concebidos y llevados a cabo con calidad a la altura del empeño.

Comienzo por la sala Polivalente Sierra Maestra, en el Hotel Meliá Santiago, en la que se conversó sobre ¨Juventud y Jazz: pujanza de un género con apellido cubano¨ y fue presentado el adelanto de un libro que está a punto de aparecer sobre el tema. También se conoció sobre ¨La estrategia institucional que se lleva a cabo para promover el jazz en ese territorio¨, ¨Los préstamos armónicos del jazz en los arreglos corales¨ y un recuento histórico del género en tierras del oriente cubano.

Desplazada en tiempo por problemas logísticos, la conferencia llevada a cabo por el laureado pianista, compositor y líder de orquestas Arturo O´Farrill, devino excelente oportunidad para conocer planes, que se pondrían en marcha ese mismo día, en unir sus visiones jazzísticas con la rumba de Los Muñequitos de Matanzas y el quehacer de la santiaguera Conga de Los Hoyos. ¿Habrá nacido una nueva corriente musical en Santiago de Cuba?

Ya en el escenario principal, el complejo artístico conocido por sus siglas FAC, un milagro de oratoria tuvo lugar al multiplicarse –cual panes y peces—las voces con diversos acentos, desde la garganta de una especialista española a las ráfagas eruditas y castizas de un veterano anglosajón.

Engarzar al Niño Rivera y el Beny Moré o a Los Van Van y la Orquesta Aragón, en una valoración desde el jazz, solo se podía lograr en el contexto de conocimiento profundo y mirada aguzada de los especialistas que desfilaron en las distintas sesiones. Fueron autoridades que cada una, por ellas mismas, darían para colmar las expectativas de los más exigentes auditorios. Entre ellos hay que mencionar el más reciente Premio Nacional de Música, Jesús Gómez Cairo, también agasajado en esta ocasión, y al autor del Diccionario Enciclopédico de la Música en Cuba, Radamés Giro.

Temas de trascendencia fueron también “Jazz y academia musical en Cuba. El resurgir de las jazz bands”; “Jazz y música electroacústica en Cuba”; “El drums en el jazz”; “Un mundo de posibilidades rítmicas” (a partir del libro de Dafnis Prieto y presentado por su autor); “El afrocubismo musical”, a cargo de su gestor, el pianista Aruán Ortiz; “Improvisación, jazz y Musicoterapia”; e investigaciones sobre la Orquesta Cubana de Música Moderna y los festivales de jazz en Villa Clara.

Además se abordó, como homenaje, el 50 aniversario de La Esquina del Jazz, de CMBF, que permitió al gran batería Horacio “El Negro” Hernández hablar de su fallecido padre, de igual nombre, a quien se debió la creación de ese espacio, hoy decano del género en Cuba. La ocasión fue propicia para que se diera a conocer la convocatoria a un concurso de improvisación para estudiantes, aficionados y jóvenes que hará la emisora en marzo con motivo del medio siglo del programa radial. A continuación se trató sobre origen, contenido y propósito del ya mencionado libro sobre los jóvenes jazzistas cubanos titulado “Leyendas del mañana”.

Músicos de alto calibre tuvieron a su cargo clases magistrales con las que cerraron cada una de las jornadas, como Dennis Chambers, Jeff Berlin, Dave Weckl, Tony Succar y Roberto Fonseca, cada uno con invitados que convirtieron sus comparecencias en verdaderas fiestas sonoras.

Por el coloquio desfilaron, además de los mencionados, Bobby Carcassés, Joaquín Betancourt, Harold López-Nussa, José Portillo, Cucurucho Valdés, Michel Herrera, Alberto Lescay, Enrique Plá, Braulio Hernández “Babín”, Janio Abreu y Víctor Goines, entre otros. Especiales muestras de cariño despertó la presencia de José Miguel Crego “El Greco”, uno de los buenos cultores del género en Cuba.

La Nave 4 del complejo artístico se llenó en las tardes con estudiantes que accedieron al edificio de calle 26 e/11 y 13, en El Vedado, gracias a una iniciativa de los organizadores, capitaneados por el músico X Alfonso, que dispuso de ómnibus para trasladarlos desde su centro docente. Ellos hicieron vibrar el espacioso local cuando el sábado de cierre se presentó una excelente jazz band, la de la Escuela Amadeo Roldán, conducida por el director de la institución, Enrique Rodríguez Toledo.

Un momento importante que tuvo como sede la FAC fue visto el sábado en la noche en el popular espacio televisivo 23 y M, conducido por Edith Massola. Por primera vez ese programa se desplazó de sus estudios y grabó a estrellas cubanas que dieron realce al Festival que concluye hoy: Daymé Arocena, Dafnis Prieto, Horacio “El Negro” Hernández y Roberto Fonseca.

El colofón de la cita teórico-práctica lo aportó el pianista, compositor, líder musical y director artístico del Festival Jazz Plaza, Roberto Fonseca, quien junto a un trío de lujo demostró las razones por la que el jazz cubano está en la cúspide del género a nivel mundial.

Con lo que sucedió en la Fábrica de Arte y en Santiago de Cuba, en este enero de 2019, todos los participantes compartimos la satisfacción –que me confesara hoy su Coordinadora General– por haber tomado parte en un acontecimiento de tal complejidad y alcances, el cual debía de contar con una audiencia mayor para socializar aún más las privilegiadas luces de conocimiento y música que allí iluminaron a la cultura cubana.