Ojos de Chinito

María Victoria Páez | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Venus llevaba toda la tarde complacida observando el espectáculo. Se había olvidado del resto de la galaxia, pero que más daba, ¡llevaban tantos años esperando!

Galatea se acercó y en un susurro le preguntó :

¿ Ya?

Venus se revolvió inquieta, ella era la primera que se levantaba y la última que acostaba:

¡ Pues claro que ya ¡¡ Hace amaneceres!¡ Estás siempre atontada!¡ Ya ¡ ¡Desde que se envolvió en la colcha del hotel y buscó el hueco de sus piernas!¡ Fue épico! ( cómo dicen ellos).

Galatea dio un respingo asustada:

¡Perdona mujer!, me preguntaron Fobos y Deimos, que andan como locos con ese trasto que han mandado de la tierra para hacernos fotos. ¡ Cómo si no tuviéramos bastante con levantarlos y acostarlos! ¡Y , ahora, enseñarnos y sonreir! ¡ Si no nos ponen nombre no paran! ¿ El sol también lo tiene apuntando en su agenda?

El sol – replicó Venus a Galatea- ese lo tiene grabado… pero nooooo….tiene que estar calladito ,para que cuando me pregunten todos los satélites de Júpiter se los tenga que contar uno a uno.¡ Cómo va de astro rey!¡ Mira lo que me mando… y de paso le das la grabación a Ió, Europa, Gamínedes y Calisto…que me ponen la cabeza como un bombo, y, por muy bonito que sea, yo tengo otros a los que mirar ¡ No te rías Galatea, qué no tiene gracia!¡ Aunque son tan monos!…. Mira, mira, antes de que venga el reyezuelo y nos quite el sitio:

¡Refractario!¡ No refectorio!¡ Refractario! – lo miró con sus inmensos ojos oscuros desde detrás de la taza de café- te lo explico otra vez; la culpa la tiene el sistema simpático, la neuronas llegan a su tope de impulso nervioso y tienen que parar un rato. La miro con esos “ ojos de chinito”  con los que jugaba a reírse y enamorarla

Pues yo no soy así, mediquilla. Las cosas no son siempre como vuestros “ libros gordos de Petete” os enseñan. ¡ Qué pena no poder ir a ver a aquel profesor que te suspendió la fisiología y te suspendió!¡ Le explicaría yo unas cosillas! El sol mediterráneo los envolvió en aquel ventanal, mientras se alzaba sobre el mar  y apremiaba a Venus para que se apartara:

Déjame unos segundos mas agonioso, todas las historias tienes que contarlas tu; pues esta va a ser a medias, porque tu sabes la teoría pero yo la práctica – y sonrió con su brillo de buenos días, que al sol no le disgustaba.

Ya lo ves rubita. Se han enamorado. Tenía que ocurrir ¿ no?. Llevábamos años cuadrándonos en la galaxia para que pasara, pero tenía que ser el señoritingo de Marte el que dijera : “¡ Qué no!¡Qué no!¡ Qué en julio del 2018!, qué para eso voy a estar más cerca que nunca en quince años y así me entero de todo”. Mira que es cotilla. Si después lo sabemos siempre todo de todos …que si te veo y me ves…que si yo Doña Blanca porque me enamoré de un Don Pedro…que si yo no sabía lo del ordenador… que los perrines buscan ayuda.

Creía el señorito Marte que su aproximación a la tierra, el supereclipse de la década y el bla, bla, bla  de los satélites iba a ser que no nos enteráramos de nada, como si no lleváramos 46 millones de años juntos. Pero mira los “pajaritos” rubita, que hablo tanto o más que tu. Yo creía que el se quedaba mocito y ella amargada. Disimulaban bien, que lo comentábamos de vez en cuando, pero están hechos el uno para el otro. Mira como se ríe cuando le ilumino el pelo; qué la andará diciendo para que ponga “ojos de chinito”. ¿La luna no te ha dicho nada? Pues mira que sois dos chismosas y pasáis mucho tiempo juntas. ¡ Corre vete ya!¡ Saldrás en los informes del Observatorio Príncipe de Asturias por acostarte más tarde¡ Yo me quedo a curiosear como “ pelan la pava”

Venus se recogió un tanto mosqueada; aquella historia de amor de humanos le había tocado su núcleo de hierro hirviente… ¡ qué tontería!¡a sus 4500 millones de años!¡ pero eran tan lindos!¡ no eran dos adolescentes!¡ no venían de vuelta todo!¡empezaban a aprender ahora el uno del otro! Tenían muchas preguntas que hacerse y muchos proyectos que planear…. Bueno ¡ Eso lo hablaría con la Luna!¡A esa si qué le gustaba curiosear! Seguro que ella sabría mucho más. Ahora dormiría un rato, aquella historia del “ periodo refractario” la había tenido sin parpadear.

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