Cuba y el contexto perdido

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Un colega y amigo entrañable me hizo llegar esta interesante nota – “SER MINISTRO EN CUBA: ANATOMÍA PATOLÓGICA DE TRES DECISIONES MINISTERIALES Y LECCIONES PARA EL PRESIDENTE”-, con un cierre que invita a detenernos un momento y a pensar, más allá de la propaganda que insiste en atiborrar el raciocinio:  “La burocracia, como se dice en términos beisboleros, ´le enseñó el número´ al presidente. Está probando fuerzas con Díaz-Canel, que ya sabe con quién se las tiene que ver y de lo que son capaces”. La nota a la que hago referencia se encuentra en cubayeconomia.blogspot.com a la firma de Ricardo J. Machado, autor que descubro por primera vez, quien en 2 mil 932 palabras hace un disección casi científica -muy próxima a la realidad-, del ejercicio de ser ministro en el contexto de Cuba, de los recientes cambios de los titulares de Transporte, y de Finanzas y Precios, así como del cierre de 2018, etapa que califica de “sensible para toda la ciudadanía” por los dislates con el incipiente sector privado –incluidos los transportistas de La Habana- y el controvertido decreto 349 del ministerio de Cultura. Fin de año “enardecido aún más –dice- con la inesperada crisis del pan y de los huevos”.

“Fue en ese período – continúa- que se activaron las tres resoluciones de marras, la restricción a una sola licencia de los trabajadores por cuenta propia; la regulación del transporte privado de la capital mediante un experimento masivo y obligatorio; y la disposición del ministerio de Cultura (decreto 349), proponiendo inspeccionar las actividades culturales del país. Un amigo me comentó que al leer el documento se imaginó a Benny Moré y a Silvio Rodríguez perseguidos por inspectores para prohibirles presentarse en público por intrusismo profesional”.

Y como una de las consecuencias de tantos disparates juntos, el autor apunta: “Dañó los niveles de confianza” del sector privado –ya da trabajo a más de un millón de personas-; hizo elevar el nivel de escepticismo y recelo. Confirmó la sospecha, de no pocos, de que la dirección del país los considera como posibles enemigos”, aun cuando el propio Díaz-Canel, varios de sus allegadas y hasta la Constitución que será sometida a referendo en febrero próximo, subrayan la pertinencia de los privados y las cooperativas, como complementos indispensables de la predominante empresa estatal.

Obviamente, cada quién hará su interpretación de esta nota. La mía es que en ella hay algunas de las claves de la multitud de problemas que nos hunden y que poco o nada tienen que ver con el bloqueo de Estados Unidos.

Los arrendadores de viviendas, las cooperativas, las mini industrias asociadas a entidades públicas, los carpinteros y fontaneros por cuenta propia, no son la solución a los graves problemas estructurales de la economía nacional. Pero son necesarios para hacer menos ardua nuestra cotidianidad. Incluso los taxistas privados, “sector de cuentapropistas que probablemente tiene entre sus filas al mayor número de persona sin escrúpulos” para ganar dinero a cualquier costa, dice el autor de la nota, son imprescindibles en estos tiempos -se dice que diariamente mueven al 30% de los habitantes de La Habana-,  donde el transporte estatal está muy lejos de cubrir la demanda.

Vivimos en medio de contradicciones que cada vez cuestan más caro. Por ello se agradecen análisis como el de Ricardo J. Machado. Ojalá podamos contar con muchos más y lleguen a quienes tiene la misión de decidir y enfrentar a esa burocracia que se multiplica cada hora.