Belleza brasileña embiste al Presidente Bolsonaro

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Mon Dieu! Al presidente brasileño Jair Bolsonaro se le ha armado la marimorena por mor de un bellezón de mujer llamada Giselle, que pese a su nombre de pila pilera no es francesa o ciudadana de Liechtenstein sino brasileña afincada como modelo de postín en Estados Unidos y amante de la naturaleza. Giselle Bundchen tiene poco más de treinta años, los ojos azules, mide 1m80 y es oriunda de Rio Grande do Sul, donde en los años cuarenta se asentó una importantísima colonia alemana que huía de los fastos que Adolfo Hitler organizaba por entonces ruidosamente y sangrientamente en lo que él creía sería su cortijo, la Europa herida y maltratada por sus tanques y por su lengua. Mon Dieu! Pasé tres años en Brasil y nunca me tropecé con Giselle aunque hubiese sido en el shopping de al lado de mi oficina donde solía refugiar mi tremenda desesperación porque no encontraba esquina donde llorar mis penas. Sí, Brasilia no tiene esquinas, ni café de la esquina donde sumergirte en un baño reparador de cerveza.

Pero me cuentan que era normal que no la viera. Ya para entonces ese bellezón de mujer vivía en Estados Unidos donde era modelo de lo más cotizado, donde además bailaba, cantaba y encantaba con las Space Girl, o algo parecido.

Mon Dieu! Estuve en Rio Grande do Sul, al lado del pueblo donde ella nació de padres alemanes, en una ciudad pequeñita y llena de chocolate que se llama Gramado. Pero mi secretaria no había tenido siquiera la idea de avisarme de que Giselle se crio en esas tierras donde abundan los ojos azules, como los de Giselle, porque es tierra colonizada por los alemanes huidos de la Europa en guerra.

Mon Dieu!. Y nadie me dijo que por lo menos podía haber buscado a una prima hermana suya, que seguro que es tan bella como ella. Y yo viendo cine y comiendo chocolate en los paseos inmaculados de Gramado, que se parece a un pueblo de Suiza, mientras la bomba Bundchen estaba agazapada presta para la lucha.

Pobre presidente Bolsonaro. Ahora resulta que su mayor rompedero de cabeza no es Lula, que aunque está a buen recaudo en la cárcel no es de fiar, sino esa modelo, esa garota de Rio Grande do Sul, que hasta ahora no había dicho esta boca es mía.

Mon Dieu! Imaginen que la prensa europea, y en particular el diario español El País, dice que la muchacha, con su metro ochenta de belleza vertical y no sé cuánto de belleza horizontal, y me desespera no saberlo, y los periódicos son unos mal informados, unos atrevidos, porque la medida del pecho de nuestra protagonista podría tener una importancia capital en esta guerra entre Giselle Bundchen y Jair Bolsonaro, ex capitán del glorioso ejército brasileño y actualmente Presidente de la República do Brasil.

¿La bella y la bestia? Oiga, que yo no he dicho eso. Me limito a poner los datos sobre el tapete.

Se cuenta en la prensa, que siempre lo sabe todo menos lo esencial, que la Giselle es un bicho raro para ser tan bellezón que adora la naturaleza y no quiere que toquen a su Amazonia, que es ese lugar, tan bello como la señorita, o señora, que no me han dicho si está casada, y que se ha liado a darle la lata al pobre Presidente quien está empeñado en que esa gigantesca selva sirva para algo que de dinero y se deje de ser reserva ambiental de la Humanidad.

Giselle ya le ha hecho saber a su presidente que no quiere que toquen a Amazonia, cuando el Presidente en cuestión ya ha dado instrucciones para todo lo contrario. Ella, además, es embajadora de buena voluntad para la conservación de la naturaleza, y ya está teniendo con el gobierno brasileño sus más y sus menos acerca de la deforestación que parece acercarse a grandes pasos a la Amazonia.

La deforestación es lo que la gentuza rica quiere hacer desde hace mucho tiempo. Meterle mano a los árboles de esa selva, desforestarla, llevarse y vender sus ricas maderas sin que los guardas, muy eficaces, desplegados por el gobierno, puedan impedirlo. En tiempos pasados, los brasileños han defendido con uñas y dientes la virginidad de la selva, y a veces a tiros, con más de un muerto. Todo el mundo sabe que sería una catástrofe para el mundo que se tocara a esa reserva de la humanidad, pero parece ser que al Presidente Bolsonaro y su ministra del ramo les importa tres pepinos lo que piensan los ambientalistas.

Ya le han dicho a Giselle que se calle y que se conforme con sus trapitos. Pero la mujer, la belleza de ojos azules como el cielo no se da por enterada y en Brasilia temen que les traiga problemas, porque en Estados Unidos es alguien muy influyente, capaz de convencer a cientos de miles de personas para que se vayan a defender Amazonia.

Mon Dieu! Yo no sé, ignoro incluso para ser sinceros, si el Presidente Bolsonaro conoce a Helena de Troya, aquella super mujer de la mitología griega, tan bella que sus enemigos tenían infartos de miocardio nada más que de verla.

Cuentan que Helena de Troya nació de la forma más pintoresca. Zeus, el patrón del Olimpo griego, se encaprichó de una bella que andaba tan tranquila, tan soltera y tan virginal por la tierra. Entonces se transformó Zeus en un bello cisne –estos dioses podían hacer lo que les viniese en gana—y se fue a la caza y captura de la bella Leda, que probablemente se parecería mucho a la Giselle de nuestro cuento.

El caso es que se le echó encima y como la muchacha tenía la costumbre de andar siempre desnuda y le gustaban los pajaritos, la penetró con un certero golpe y la embarazó de inmediato, sin siquiera pedirle permiso.

Y de ese parto nació Helena de Troya, que en cuanto fue mocita casadera trajo de cabeza a todos los hombres de la antigüedad griega, convirtiéndolos en peleles y ella transformándose su vez en la heroína más sexy de toda la historia griega. Ahora Brasil tiene su Helena de Rio Grande do Sul, dispuesta a olvidarse por un rato de las pasarelas para repetir sin parar que Amazonia no se toca