Informatización de la sociedad cubana

 

José Dos Santos | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Con gran interés y moderado entusiasmo sigo los propósitos del estado cubano en lograr la informatización de la gestión de gobierno, un empeño loable que pondría a la sociedad en la que vivo entre las que ya disponen de esas facilidades de la era actual. Por mi trabajo –corresponsal de Prensa Latina– viví o permanecí (por  breves temporadas) en entornos económicamente desarrollados, en los cuales, por ejemplo, pagar una cuenta de restorán con dinero físico era ya algo extraño a la altura de los años 90, en Alemania Federal. No eran tiempos de Internet, de comercio electrónico, de “bitcoin” ni otras “modernidades” contemporáneas, pero ya los sistemas automatizados habituaban a los ciudadanos a utilizar más el “dinero plástico” (tarjetas que avalaban al poseedor de una cuenta bancaria) que los billetes en curso. Recuerdo el caso de un dirigente uruguayo de la agencia alemana DPA, con sede en Hamburgo, que tras verme liquidar el saldo de un almuerzo al que le había invitado en Bonn, donde radicaba mi oficina de PL, me enseñó su billetera plagada de esos rectángulos plásticos al decirme “con estas viajo a Montevideo ahora mismo, si quisiera, sólo teniendo en la cartera unas monedas para las propinas”.

Yo seguí desconfiando de la modernidad de entonces y continué pagando en marcos occidentales, constantes y sonantes, mis gastos hasta que terminé mi gestión, en 1985. Sólo firmé cheques para abonar las cuentas institucionales pero nunca las propias.

Buena onda me dio ver aparecer en mi país, tiempo después, los cajeros automáticos, que aligeran procedimientos de extracción de dinero. Ya entonces estaba familiarizado, por profesión y tareas, con el correo electrónico y la red de redes, cuando comenzaba el auge global de las “redes sociales”, ese intercambio masivo de textos, fotos y videos via facebook u otros servicios para internautas cada vez más extendido. Por eso, mi ánimo se nutrió a finales de 2018 cuando leí que “el empeño que ha puesto el Estado cubano para respaldar la informatización de la sociedad es un hecho. Acciones concretas se desarrollan a lo largo y ancho del país para concluir la etapa inicial de Gobierno electrónico”, Esto se reflejaría en que “todos los órganos y Organismos de la Administración Central del Estado y los gobiernos territoriales” tendrían sus sitios web en la red, “antes de concluir el año”.

 Sin embargo, 2019 comenzó con ejemplos nefastos en ese campo: el Banco Metropolitano cercano a mi casa (Juan Delgado y Lacret, Santos Suárez), estuvo dos días “sin conexión” y sólo se brindaba servicios elementales a los usuarios, muy numerosos porque es el único en varios kilómetros a la redonda. La escasa información que brindaron fue, el primer día, que así estaban todas las sucursales de la capital. En el segundo ya habían cuatro municipios funcionales pero no el nuestro.

 Una gestión personal, ya salvado el obstáculo bancario,  realizada posteriormente por un familiar cercano en la dependencia de la Dirección de Identificación, Inmigración y Extranjería del barrio tuvo obstáculo similar, cuando el pasado sábado, una hora antes de terminar de atender a la población, alguiena informó “se cayó la red, deben regresar el lunes”.

 Si las funciones ya habituales y ordinarias del servicio sufren de inexplicadas interrupciones, como confiar en que ya estemos hablando de una sociedad digital, que permita a través de los mecanismos interactuar con el pueblo, como aspira un entusiasta de ese proceso como  nuestro presidente, Miguel Díaz-Canel.

Los alcances de sus propósitos son mayores que garantizar una compra de sellos o la legalización de un documento. Tiene que ver con el futuro de nuestra nación y de un socialismo sustentable, por el que muchos hemos estado y estamos dispuestos a seguir luchando y soñando, pero con los ojos abiertos a la realidad cotidiana. La divisa proclamada por Raúl de “si se puede” tiene que superar los escollos técnicos (y humanos, si los hubiese) que impiden llevarla a la práctica.