Cuba, cambios estructurales y agobio económico

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

Cuba, único país de América con el comunismo de paradigma, realizará en 2019 la repartición entre tres personas de la presidencia de la República, la jefatura del gobierno y el liderazgo del Consejo de Estado, según su nueva Constitución, cuyo texto definitivo reprodujeron este fin de semana los medios nacionales y será sometida a referendo el 24 de febrero próximo. En un año que estará signado por “inéditos cambios” en la estructura de gobierno y una “tensa situación económica”, de acuerdo con advertencias oficiales, la carta magna establece nueve meses a partir de febrero para la adopción de una nueva ley electoral y la elección por la Asamblea Nacional (AN) del Presidente de la República, su vicepresidente y el Consejo de Estado. Se especula que la nueva estructura entraría en vigor en diciembre. La Constitución mantuvo invariable el principio de elección de segundo grado (por la AN) para el presidente, pese a más de 12 mil propuestas a favor de la elección directa y secreta, registradas durante cuatro meses de debates populares, que determinaron 760 cambios al texto inicial.

Observadores consideran que los cambios adoptados “respondieron a los sectores menos aperturistas” del liderazgo nacional. Se da por descontado que Miguel Díaz-Canel, 58 años, mantenga el cargo de presidente -fue elegido en abril pasado-, y sea candidato a sustituir en 2021 a Raúl Castro, 87 años, en la jefatura del Partido Comunista de Cuba (PCC), que la Constitución ratifica como “fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”. La sustitución tendría lugar en el próximo congreso del partido, cuando el llamado “liderazgo histórico de la revolución”, pasaría definitivamente a retiro. Díaz-Canel tendrá entre sus facultades proponer a la AN al primer ministro, cartera que despareció en 1976.

Fidel Castro de 1959 a 2006 y después su hermano Raúl hasta 2018 mantuvieron en sus manos los mandos del gobierno y el Estado. A partir de abril pasado, se puso en marcha oficialmente “un proceso de transferencia (del poder) a las nuevas generaciones” que marcharía “muy bien”, en el decir de Raúl Castro. De ahí que las principales expectativas se centren en conocer quiénes serán el primer ministro y demás miembros del futuro gabinete, así como el presidente del Consejo de Estado.

En paralelo, el gobierno también inició este fin de semana una fuerte campaña publicitaria a favor del SÍ en el referendo de febrero –hasta en las transmisiones de la serie nacional de béisbol-, escrutinio que indicaría el respaldo de los cubanos al rumbo trazado por la nueva Constitución, que mantiene a la isla como el único país marxista del continente. El exilio y la oposición interna han llamado a votar NO. En la isla no se realizan encuestas públicas antes de acontecimientos de este tipo. En el debate popular participaron más de ocho millones 900 mil personas, de una población total de 11,48 millones, según datos oficiales.

Todos estos cambios se realizarán en otro difícil contexto económico, “agobiado por las tensiones en las finanzas externas a causa de las afectaciones en los ingresos de las exportaciones y el recrudecimiento del bloqueo norteamericano y sus efectos extraterritoriales”, advirtieron las autoridades. “Cuba viene arrastrando tasas de crecimiento muy bajas desde hace ya casi un lustro y el promedio de crecimiento en los últimos cinco años apenas ronda el 2 por ciento como promedio anual (se necesitaría 5%)”, dijo por su parte el Doctor en Ciencias Económicas Juan Triana, quien resumiendo el sentir de economista independientes apuntó que las causas de ese fenómeno “son definitivamente estructurales”, en una economía que tiene como eje al empresariado estatal. “La empresa estatal socialista es probablemente el ente económico que ha experimentado más procesos de cambios en todos estos años” sin que hasta ahora se logre “un sistema que permita a esa empresa ser eficiente, productiva y competitiva”, puntualizó.