Nat King cole en Tropicana

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Nathaniei Adams Cole “Nat King Cole” (Montgomery, 17 de marzo de 1919 – Santa Mónica, 15 de febrero de 1965), el famoso crooner de la voz de terciopelo, visitó por primera vez el cabaret Tropicana de La Habana en febrero de 1956. Realmente vino a Cuba en cuatro ocasiones, una de forma privada para conocer el escenario donde se presentaría, aunque de esa visita no hay muchos datos, y tres para cantar en el famoso cabaret.Fue durante un cóctel party en Hollywood donde el presidente de la disquera Panart, Ramón Sabat, convence a Nat King Cole para que grabe un disco LD cantado exclusivamente en español, con canciones cubanas.Nat declara, el 24 de febrero de 1956, al periodista de la revista Bohemia Don Galaor: “Siempre me dio alegría saber de La Habana, que tiene tanta fama. Quise ir en varias ocasiones a Cuba, y estuve a punto pero siempre algo lo impidió. Ahora tengo un compromiso ineludible”.

Como todo artista profesional, organiza un equipo especial para estudiar el escenario y todo el cabaret. La impresión es satisfactoria, así se lo revela a Don Galaor: “Conocer La Habana era uno de mis sueños, ahora que la conozco, imagínense. Sus avenidas, jardines y tiendas son sencillamente sorprendentes, paradisíaca; en general La Habana es muy bella”.

El esperado momento se acerca, Nat King Cole estaba contratado para presentarse en Tropicana en la primera semana de marzo de 1956, para acompañarlo en el viaje hacia La Habana se traslada hasta Miami el gerente de Relaciones Públicas del cabaret, Alberto Ardura. Junto al cantante viaja un equipo de periodistas y fotógrafos cubanos, la esposa y su hija Natalie, el peluquero, el jefe de audio y luces y un grupo musical acompañante (bajo, drum y guitarra eléctrica)

Nat ensayó rigurosamente por el día, se concentró fuertemente en su preparación, esa tarde fue muy hermético. La orquesta de Tropicana, dirigida por Armando Romeu, era la mejor de Cuba. De cualquier manera reforzó con los violines de la Sinfónica Nacional.

En la presentación aparece con elegante sencillez, smoking de fantasía, de corte irreprochable. Movimientos escénicos sencillos, aunque en su actuación se cambió varias veces de vestuario con chaquetas de brillo. Cantó 16 canciones, durante cuarenta minutos, también descargó al piano, era uno de los más grandes pianistas de jazz del mundo. Senén Suárez, director del conjunto bailable de la noche, dice que Nat después cantó muchas más canciones.

El triunfo fue apoteósico, el público y los artistas estaban eufóricos, todos querían retratarse con el visitante. Rodney (coreógrafo del cabaret) y sus muchachas quisieron posar con ellos en el Salón Arcos de Cristal. Lo invitan a posar bailando cha cha chá, el ritmo de moda, y se prestó cordialmente y hasta marcó los sencillos pasos.

Armando Romeu me contó que en su actuación dialogaba con el público y de buenas a primera entraba a cantar en el mismo tono que la orquesta, era un músico completo, de un oído absoluto, excepcional. “Nosotros tocábamos y no se escuchaba ningún seseo, ni ruido parásito, sólo el pianista muy quedo. Es difícil tocar más alto o más bajo, no sé si era un truco de él, del Cat Face (Cara de Gato) como le decían. El trajo su propio drum, para asegurar los tiempos, se encontró con una orquesta muy buena. Más adelante coincidimos en un hotel de New York y me atendió muy bien”.

En la segunda actuación en Tropicana se hospeda en el Hotel Nacional por dos semanas y una tarde se da una escapadita, en presencia de periodistas y cámaras de televisión, para visitar la fábrica de discos Panart, concesionaria de la Capitol. También llega hasta la discoteca de Fusté, en Amistad y Neptuno. En una crónica del colega Rolando Pérez Betancourt leemos la anécdota ocurrida a su papá en aquella tarde invernal. “Mi padre me contó —rememora Rolando— que Nat llevaba un saco deportivo a cuadros. Un gran público se le abalanzó y le hacían saber lo mucho que apreciaban sus canciones. Mi padre alzando la voz, en rudimentario inglés le dijo que tenía uno de sus discos, -“what record” —preguntó Nat—. Nat sing for two in Love, contestó mi padre-. Al rato el automóvil vino en su rescate y Nat partió entre vítores y aplausos”.

La tercera visita se registra en la revista Bohemia del 23 de febrero de 1958, p. 142, en la sección Farándula: “El famoso Nat King Cole ha llegado a La Habana cubriendo su cabeza con un modelo atómico de sombrero”.

El cantante grabó con la orquesta de Tropicana reforzada y la dirección de Armando Romeu. “Sabía que la orquesta era una constelación de estrellas —me dijo Romeu— y grabó con toda confianza con nosotros. Yo le arreglé cuatro canciones: Quizás, quizás, quizás; de Osvaldo Farrés. Noche de ronda de Agustín Lara, El Bodeguero, de Richard Egues, y Tú mi delirio, de Portillo de la Luz, en versión instrumental; porque no logró dominar la fonética de la canción. Nat era una persona muy amable y respetuosa, admiraba mucho la música cubana”.

Después de la grabación en la Panart, se celebra una comida en La Bodeguita del Medio, donde queda para la historia una foto con su esposa y Martín Fox. Nat King Cole azabache de la canción, llegó a grabar tres discos en español: A mis amigos, en Cuba; Cole en español, y More Cole (Más Cole).