Leónide Moguy: causas sociales y estrellas

Sergio Berrocal

Léonide Moguy, fallecido en 1976 a los 78 años de edad, fue uno de los más atrevidos directores de cine que se hayan conocido en Europa.Cuando no estaba de moda, él se metió de lleno con la realización de películas sobre los problemas sociales más acuciantes, consiguiendo rodar películas como “Demain il será trop tard” (Mañana será demasiado tarde), donde lanzó a una estrella de futuro, Anna Maria Pier Angeli, y en la que participaba Vittorio de Sicca. Como esta película, rodada en Roma, que trata sobre el dilema de los jóvenes ante el amor en tiempos de los años cincuenta, cuando la educación sentimental y sobre todo la sexual era todavía cosa del futuro.

“Prison sans barreaux”(Cárcel sin rejas), “Les enfants de l’amour”(Los hijos del amor), “Donnez-moi ma chance” (Deme una posibilidad), son otros títulos que le llevaron hasta 1975, teniendo siempre como preocupación central la condición de los jóvenes en aquellos años de postguerra.

En “Donnez-moi ma chance” (Deme una posibilidad), que es uno de sus títulos más populares, Moguy trataba de un fenómeno bastante particular que tuvo su epicentro en Francia. Jóvenes de todos los horizontes sociales y de todos los rincones de Francia, acudían a París en busca de la celebridad que prometía el cine.

Muchos fracasos y algunos gordos de la lotería de la vida compusieron aquel tiempo de las “starlettes”, las aspirantes a estrellitas. Eran sobre todo las muchachas más bonitas las que se apiñaban en colas interminables en los estudios para pedir un papelito, el que les pudiera sacar de una condición social que no les gustaba y de la que querían huir incluso jugándose sus ilusiones. Porque eran muchas las llamadas y pocas las escogidas.

Brigitte Bardot se convirtió en el prototipo de joven desconocida que había llevado la vida más burguesa del mundo hasta que el cine llamó por la puerta grande. Era el tiempo de las starlettes (las estrellitas).Cuando trató este tema, Léonide Moguy estaba en lo cierto. El mismo sacó de la sombra a desconocidas que luego tuvieron una posibilidad en el cine.Todo esto lo cuenta con mucho brio Éric Antoine Lebon, que acaba de publicar en Francia “Léonide Moguy. Un citoyen du monde au pays du cinema” (Léonide Moguy. Un ciudadano del mundo en el país del cine).

Es el primer libro serio sobre este controvertido realizador de cine.Y cita el caso de una de esas aspirantes a estrellas, que después de haberse movido por los estudios durante algún tiempo colgó los guantes para casarse nada menos que con un barón de Rotchild. La afortunada se llamaba Nadine Letellier y como otros cientos de muchachas de su edad buscaba fortuna en la pantalla cuando le tocó vivir su particular cuento de hadas.

El libro de Lebon relata con minucia y excavando en los archivos de la época y en la memoria de gente de entonces, como la propia hija del director, Katia Moguy, una vida que fue importante para el cine pero que no se reconoció en general como tal.

Algunos críticos de cine estimaban que aquel emigrante ruso que había llegado a Francia en enero de 1929 trayendo tras de sí fama como montador de cine, nunca se tomó la pantalla muy en serio y le acusan, hoy todavía, de haber hecho muchas veces películas mediocres. Un calificativo inexacto que el autor del libro se empeña en echar abajo dando un repaso más que exhaustivo, en más de 340 páginas, a la vida y obra de Léonide Moguy.

Es un libro imprescindible para quienes no han conocido a este realizador, que además de talento tenía un alma que le llevaba a tratar de que los hombres no acabaran en el holocausto nuclear. Esa fue la tesis defendida en su película “Les hommes veulent vivre” (Los hombres quieren vivir), que tuvo mucha repercusión en el mundo de los iniciados donde otros hombres se hacían la misma pregunta.

Tratar de humanista a este cineasta preciso y quizá excesivamente comprometido con sus temas no tiene nada de exagerado. Pero Léonide Moguy fue sobre todo un cineasta empeñado en una temática social que le parecía esencial, quizá guiado por el cine italiano que con el neorrealismo llevó a las pantallas las causas de los más pobres, de los que más necesidad tenían de que les ayudasen. Hasta unos meses antes de su muerte estuvo comprometido con causas difíciles de las que no sacó más que disgustos y decepciones. Leer el libro de Eric Antoine Lebon es un paso para descubrir a ese director de cine que tanto molestaba a algunos críticos por su empeño en denunciar las causas perdidas de los menos agraciados de la sociedad, aunque fuese a su manera y no tan exquisitamente como les exigían sus detractores.