Amanecer

Sergio Berrocal | Marqueta Sergio Berrocal Jr

Eran las ocho de la mañana del domingo y se dispuso a esperar la mañana siguiente, de la que le separaban unas veinticuatro horas. Los domingos no le eran favorables. Nunca había amado los domingo, ni siquiera cuando todavía Melina Mercouri no lo proclamaba en aquella película de su esposo Jules Dassin, Nunca en domingo.Muchos domingos y muchas vicisitudes tuvo que aguantar Jules Dassin hasta morirse con 96 años de una vulgar gripe. La muerte ni siquiera respetó a uno de los más grandes cineastas del Hollywood donde cine era compromiso.

Tanto compromiso que te podían hacer correr hasta Europa donde seguramente encontrarías la piedad que no tenían los sabuesos de la comisión senatorial McCarthy, un senador loco que veía comunistas hasta en su sopa. Es cierto que Dassin estuvo metido en política y fichado como hombre de izquierdas. Huyó como tantos otros de los Estados Unidos a Europa y su historia la siguió su hijo Jules Dassin, cantante de un encanto y una voz muy especiales que llegó más lejos que su papá.

Todavía no han dado las nueve. Me quedan 23 horas antes de que vuelva a amanecer mañana, lunes, y tenga la esperanza de que quizá las cosas van a cambiar. Pero en realidad es mentira. Todos los días espero que amanezca el día siguiente y así llevo años y el resultado es siempre negativo. Pero mientras queden amaneceres a los que achacar la posibilidad de una mejoría seguiremos tirando.

No sé siquiera por qué les he dado esos apuntes sobre Jules Dassin, pero la verdad es que nunca me quitaré de la cabeza las escenas en blanco y negro de su logradísima película rodada en 1950 “Pánico en las calles”, en la que Richard Widmark es un oficial de Sanidad que busca desesperadamente por toda la ciudad a un marinero que ha desembarcado trayendo consigo la peste. Gran interpretación de Jack Palance.

Cuántas carreras truncó aquel senador llamado Joseph McCarthy, que ha pasado a la historia por haber perseguido con una alegría infantil a todo lo que le olía a izquierdista y todavía más a comunista dentro de Hollywood. Creía que Estados Unidos sería contaminado por esa doctrina, que en ese país no representaba absolutamente nada más que cuatro intelectuales que se decían de izquierdas.

Ahora estamos más tranquilo con el presidente Donald Trump. Antiguo actor de televisión no se mete con la gente del cine. Vaya usted a saber por qué. Ya es mediodía. Ya me quedan menos horas para asomarme a la terraza y ver cómo despunta un nuevo día. Pero nadie me dice que será el que yo busco. Lo que quiero es un día en el que durante veinticuatro horas goce de paz interior, sin grandes problemas, aunque tampoco tenga grandes alegrías. Simplemente un día tonto, en el que pueda escribir un poco sin que los miedos que me persiguen desde que era un niño aparezcan. Suelen hacerlo de pronto, sin avisar, y me arruinan la vida.

Me gusta ver películas de miedo porque me digo que quizá mis miedos, viendo que me llevo bien con todo tipo de miedos cinematográficos, me consideren de los suyos y no intervengan en todo momento en mi vida. Esta mañana ha salido ya el sol, la temperatura media es de 21 grados en este sur al límite de África –dicen que es la última frontera de Europa. Allí, al otro lado del mar, en plena guerra mundial, los norteamericanos, que estaban en todo, escogieron la ciudad marroquí de Casablanca como escenario de una épica lucha por la libertad protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Todo se rodó en estudio pero daba igual. El propósito era ver cómo en esa ciudad de Marruecos, Ricky, un norteamericano aventurero pero fiel a los principios de la democracia, es decir antinazi, daba una lección de patriotismo al mundo entero enfrentándose a musculitos de las fuerzas de ocupación alemana enviadas por Adolf Hitler. Y así nació el mito de “Casablanca”.

Hollywood tuvo una valiosa contribución en la lucha anti nazi, favorable a las fuerzas de varios países que luchaban contra Adolfo en lo que se llamó la II Guerra Mundial (1939-1945) con películas hechas exclusivamente para poner de relieve el valor de los soldados norteamericanos, soviéticos, franceses e ingleses principalmente, para enfrentar al monstruoso Hitler que quería comerse Europa.

Ya es medianoche. Dentro de siete horas volverá a salir el sol, porque aquí estamos en el sur. Y entonces veremos si ha valido la pena esperar otro día. Pero ya son tantos. Y lo peor es que durante la noche apenas duermo porque aguardo con cierta ansiedad que el día nuevo llegue. Son las 10 de la mañana. El día no ha amanecido. Todo está negro. Son las 14.00 del día siguiente. Sigue la oscuridad.