Cuba, PRENSA LATINA y un amigo orgulloso

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La Habana

“Un día como ayer, hace 50 años, entré por primera vez en la sede fundacional de PRENSA LATINA (5to. Piso) y aún sigo aquí, con gran orgullo”, escribió en su cuenta en FB un colega, viejo amigo, Félix Albisu, y su entrada me revolvió la profesión, transportándome hasta aquel piso que ya no existe donde aprendimos soñando. Medio siglo, ¡le ronca!, y más cuando no contamos con el magisterio de Ricardo Agacino, ni con la visión geopolítica de Aroldo Wall, ni la sapiencia de otros. No sé, quizá en este tiempo hayan surgido en la agencia nuevos bendecidos que no conozco, pero lo que sí sé, o creo saber, es que aunque el tiempo es un suspiro nuestra profesión sigue en deuda, cuando la vida se complica y el futuro de la nación parece una línea difusa.

No, no es que hoy me cuelgue el pesimismo, es que como casi todos vivo el día a día, no el de los informes, y como sigo intentando ejercer, a veces me cuesta encontrar la brújula. En pocos días se pondrán en marcha nuevas regulaciones en el minúsculo sector privado, otra contradicción que oficialmente se promueve como el necesario ordenamiento de esa esfera –algo totalmente lógico-, pero que en la práctica, en el decir de los reglamentados y en el resultado de cualquier interpretación simple de lo que se dictaminó tras meses y meses, y más meses de estudio, es otra multiplicación de la burocracia y un freno no declarado a ese quehacer, surgido de una necesidad todavía latente, porque la eficiencia de la empresa estatal o pública –nadie se pone de acuerdo en el bautismo- sigue en falta, como la liquidez o la inyección de capital extranjero que requiere una economía en agobio desde hace demasiadas décadas.

Puedo estar equivocado y ojalá que sea así, pero por el camino que vamos –un paso adelante y 20 atrás-, con el bloqueo enfurecido, es más necesario que nunca antes el periodismo de opinión, la suspicacia ante lo que nos quieren vender, de adentro o de afuera; urge incluso despertar los sueños de hace 50 años. Siento orgullo de haber pertenecido a aquellos jóvenes del 5to piso, me complace haber aprendido allí a competir con las grandes agencias –algo bien difícil-, no olvido que escribir una buena crónica es “estar siempre en riesgo de hacer un gran ridículo”, enseñanza de un poeta-periodista que hace tiempo se sumó al bando contrario. Sigo admirado los reportes a PL desde Sudáfrica, con Ilsa y Anael; me estremecieron los de Pedrito bajo bombardeos en Siria; no he perdido el contacto con FF reportando ahora para una agencia italiana, ni con ML refugiado lejos en su página web sobre turismo.   Pero hoy no basta con lo que pudimos ser si pretendemos que nuestros nietos y sus hijos vivan en un país mejor. Me revolvió las entrañas un buen amigo orgulloso y lo agradezco porque me llevó a reiterar que los tiempos en curso no son de regodeo.