La entrevista delirante

Mª Victoria Páez | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Lola aceptó a regañadientes, a ella no le gustaba la prensa y los periodistas menos. La apertura de Museo Ruso había supuesto un giro a su vida y , de ser profesional independiente, se encontraba casada, con dos niñas, un museo y FITUR 2018 a sus espaldas y eso, en poco más de dos años. Pero nada era bastante, ahora una entrevista para no se que gloria de una agencia internacional y, claro, ¡ no podía ser en su despacho ¡, tenía que encajar a casa del susodicho porque “tenía miedo a los espacios abiertos”. Allá conducía ella, a casa del buen señor, en el quinto carajo, y, como iba a contra reloj con FITUR, no podría parar en ningún chiringuito a tomarse un pescadito y una cerveza.

 

 

 

Con cara de resignación pegó al timbre. Abrió una cara sonriente :
– Buenos días. ¿ La doctora Gutiérrez supongo?. La esperaba vestida de amarillo.
– Buenos días, si, soy Lola Gutiérrez, encantada – tendió la mano educada- Amarillo ¿por qué?

– Mire, estaba yo en Tánger, cuando por la ventana vi una preciosa chiquilla de amarillo, que ni caso me hizo. Años después, mi prima, de amarillo. Suponía que a quien tanto admira a Van Gogh le gustaría vestir de amarillo.¡ Señor recógeme pronto! – estuvo a punto de soltar Lola, se le quedó en la punta de la lengua, y en el último instante salió – ¡ Qué curioso ¡

– Pero pase mujer, no se quede en la puerta. Si no le importa, charlamos en mi despacho. Allí tengo por costumbre escribir temprano, sabe, es cuando mas fluidez mental tengo, y es donde más a gusto me encuentro. Lola lo siguió silenciosa; era un tipo educado, pausado, meticuloso, con un acento indefinido, que marcaba las “s” al hablar.
No pudo evitar sonreir, al sentarse el el sofá inmenso de aquella habitación. Delante de ella había una foto en blanco y negro de Salvador Salí con un chaval, que supuso era su entrevistador.

Como buen observador, se dio por aludido inmediatamente:
– ¿Le agrada la foto doctora?
– Lola, puede llamarme Lola. Si, me encanta. Es muy curiosa. -Verá, yo acababa de llegar del sur, y los zapatos eran de allí, con el frío tardaron en romperse 15 días, por eso no se ven mis pies en la foto. Los fotógrafos de antes plasmaban las imágenes enteras, para poder atestiguar que no engañábamos a nadie.

– Curioso – murmuró Lola con amabilidad. Empezaba a gustarle el lenguaje elaborado y culto de aquel hombre.
– Ya, después, fue diferente…. Gala me explicó como se hacía el té

– ¡Ahhhh! – Lola puso ojos como platos, no sabía si la anécdota era real, si estaba ante un embustero profesional que quería embaucarla o ante un ególatra, egocéntrico, que si se hubiese quedado callado habría reventado.

– ¿ Quiere tomar algo?. No se me da muy bien el café, pero algún refresco….
– Agua, por favor – contesto la historiadora mientras se giraba hacia un boceto que firmaba Rabbane

Su entrevistador apareció con dos vasos largos llenos de agua:

– Es un boceto que trazó en una entrevista, entonces yo todavía salía de casa ¿sabe?, el miedo vino después, me da miedo todo, no sólo salir, mi médico dice que por algún trauma; traumas tengo, pero también viví muchas cosas bellas, he sido afortunado y he tenido suerte porque he trabajado y trabajo en lo que me gusta, pero soy quejica de nacimiento.

Dirá que hablo mucho, y la que viene a contar es usted, pero soy un cuentista que dejó el mundo activo, creyendo que la paz de este pueblo le sentaría bien. Me equivoqué Lola, me siento preso. Es usted la primera persona inteligente que viene por aquí en mucho tiempo. He seguido su trabajo, tengo mis informadores, y no quería dejar de pasar la oportunidad. Lola asentía con la cabeza, en silencio, no quería ser quien rompiera aquella confesión.

– Se que no tengo motivo, pero me siento desgraciado; quizá es puro egoísmo y quiero protagonizar todas las películas rodadas; a ratos mis fantasmas bailan a mi alrededor y me cubren de un manto negro, entonces necesito soledad y, si alguien se acerca, termino haciéndole daño. Una tarde, ojeaba el mundo a través de internet, para no desencadenar mi pánico, encontré su nombre. Pensé que sería curiosa la historia de una profesional como usted y, más, si es capaz de llegar hasta aquí. Lola seguía sin mediar palabra.

– Le toca hablar a usted ¿ cuándo decidió que su mundo era la pintura?.
– Yoooo….. creo que siempre – se había quedado en blanco, no sabía que decir. Después de todo lo que se le pasó por la cabeza durante el trayecto, aquello era lo único que no se esperaba. Sin saber como se había transformado en la“confidente “ de aquella “gloria del periodismo”, que después de batallar con medio planeta, se había refugiado en su propio miedo y en sus recuerdos para no iniciar más aventuras, tal vez porque no tenía quien lo siguiera, tal vez
porque sus fantasmas eran tantos que no lo dejaban moverse.

Lola miró los cuadros de aquel despacho: fotos, condecoraciones…. Su cerebro se sumergió en sus niñas y Juan; se juró a si misma que ningún cuadro los sustituiría, así vinieran de Rusia o de Honk Kong. Se volvió sonriente hacia su nuevo amigo y, entonces, fue ella quien se confesó.

Seis meses después 

Esta vez había sido Lola quien concertó la cita con “la vieja gloria”. No podía llevar su coche, ¡ no ¡, así que había alquilado una furgoneta. Cargó los lienzos y se dirigió a aquel pueble: hoy si se tomaría la cerveza con pescaditos.

Pegó en el portero electrónico:

Buenas tardes. Soy la Doctora Gutiérrez. ¿ Puede usted bajar?. ¡Necesito que lo haga! – sonó antipática, pero aquel egocéntrico la sacaba de sus casillas. Escuchó el clic de la puerta a sus espaldas: allí estaba, mirándola por encima de las gafas .Venga usted por aquí. Aquel es mi vehículo – le espetó Lola ¡ Cambió su utilitario de niña de colegio de pago por un furgón!

Aquello encendió a Lola, no soportaba el sarcasmo de aquel tipo que creía que aún era “alguien”. Nada más que por ver el furgón merecía la pena bajar y aparcar el miedo, Aunque fuera por cinco minutos. Lola se revolvía en su interior. Ahora quería chantajearla con sus fobias. Hace seis meses me echó de su casa. Quería volver a verme cuando pintara en amarillo: ¡Aquí los tiene!¡ Retos a mí!¡ A Lola Gutiérrez!

El periodista se subió curioso al vehículo, dispuesto a ver los cuadros. Se encontró una explosión de color, aunque con un predominio evidente del amarillo:

¡ Mon Dieu!¡Mon Dieu!. No esperaba que se lo tomara usted tan a pecho doctora.

¡ Lola!, si no le importa, ¡Lola!- le dijo dando un portazo tras de si al subir al coche- y, ahora, estamos en mi terreno caballero: no hay agua con pompitas, ni fotos de famosos. Lola Gutiérrez, encantada de conocerle. ¿ empezamos otra vez? Puede preguntarme lo que quiera, sin indirectas, sin recovecos. El miedo se reflejaba en el rostro del periodista, que comprendió que había caído en su propia trampa.

Tragó saliva y comenzó:

Doctora, perdón, Lola ¿ cuando empezó su interés por la pintura? Desde que tengo uso de razón. Mis padres decían que andaba siempre garabateando. ¿ por eso se doctoró en historia de arte contemporáneo, señora?

Por eso y por mucho más. Siempre fui una mujer muy independiente, hasta que nacieron mis hijas ¿sabe?, y el arte contemporáneo rompe con el pasado, los tabúes, las mujeres apocadas. Necesitaba algo acorde a la vida que quería vivir. ¡Pero usted estaba empeñada en el negro, señora!

Si, por cosas que no vienen a cuento, el negro ha sido fundamental en mi vida: me acompañó en lo bueno y en lo malo, hasta hoy. Y si no fuera porque se dedicó a retarme seguiría con ese color. Pero ahora me toca a mí ,señor egocéntrico: ¿ por qué amarillo?

El amarillo es contradictorio; simboliza la felicidad, la alegría, el optimismo y, por otro lado, los celos y la envidia.

¿ Y usted vive en medio de ese lio?

Yo vivo una pesadilla, escondido en este rincón. Tengo envidia de todo el que sabe vivir; celos de la risa franca, porque yo no puedo tenerla; soy optimista cada mañana cuando escribo al levantarme, aunque después mi día se vuelva oscuro. No, no soy feliz, salvo en momentos como este, en el que contacto con personas inteligentes ¿ entiende ahora el amarillo?- se atrevió a quitar el mechón de pelo de la frente de Lola

Hábleme de sus hijas doctora, ¿ la hacen feliz?¿se ríe con ellas?, y su esposo: López, Juan López ¿verdad?¿es el hombre de su vida?¿se precipitó usted hace un año con tanto cambio?. Soy curioso y observador, disculpe si entrometido – y le volvió a apartar el flequillo.

Lola apenas salía de su asombro, había cargado el coche de lienzos, para ahora no saber que contestar a aquel franchute cursi. Mire, la verdad, es que no se que contestarle, porque tampoco tuve tiempo de pensarlo. ¡ Tengo tantas puertas abiertas y no se cerrar ninguna!

Pero yo venía a hablar de mis cuadros. Es la segunda vez que me planto aquí en seis meses y todavía no se que quiere de mi. Sencillo doctora. La llevo observado desde mi refugio durante años: quiero su energía, su vitalidad, sus ganas de trabajar, sus mil caminos empezados ¡ quiero la esencia de Lola Gutiérrez!¡ Estoy dispuesta a robarla si es preciso!

Lola se había quedado muda. Estoy cansado de tardes silenciosas frente al televiso y el ordenador; quiero visitas, charlas con café, porque nunca me gustó el té; niños que revolucionen; hasta un perro, y mire que yo soy alérgico, pero me pondría una mascarilla si eso me devuelve la felicidad.

Lola ya ni parpadeaba, lo miraba ojiplática

¿ Pretende usted robarme mi vida?

No señora, ¡ quiero copiarla!¡ de principio a fin!¡que no falte una coma!

Usted necesita ayuda profesional.

Si señora, pero de profesionales como usted, que sepan de colores, de libros,de charlas sin prisas. ¡La invito a comer! Me esperan mis niñas y usted es agarofóbico. Sus niñas pueden esperarla un rato más, y la fobia se me pasará con dos copas de Chadornay. Soy muy cabezota ¿ sabe? . Arranque este cacharro la invito a gambas y a conversación inteligente, a saber cuantos años lleva sin ella

¡ Será pedante!- soltó Lola con una gran carcajada. Si señora, pedante, pero el mejor de su oficio y por eso usted, la doctora Dolores Gutiérrez, me va a conceder la entrevista mas larga de su vida