La habana ya está de fiestaV centernario de la ciudad

Rafael Lam | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Este viernes 16 de noviembre del 2018, dio inicio a los festejos por el V Centenario de La Habana, la ciudad sintió la atmósfera festiva que ya se siente en el preludio de la Magda fecha de los 500 años de una ciudad ecuménica, al decir de Eusebio Leal. El Historiador de la Ciudad, asegura que “La Habana ala mucho, me fascina París, a Venecia he viajado muchas veces, es una ciudad que me gusta mucho. Pero no cambiaría a ninguna de las dos por La Habana. La Habana es una ciudad que hala mucho, tiene sus propios misterios, su propia maravilla, su propio encanto, sus propios secretos”. (Prismas, 1997). Lo primero que un caminante debe saber es la ciudad en que nace y vive, a veces la costumbre nos hace olvidar muchas cosas. Los que viven al lado de las pirámides de Egipto, no necesariamente comprenden la gigantesca obra que sus antepasados construyeron.

¿Conocen exactamente los nativos de América Latina las historias de los nahuales y mayas de México, de los chibchas de Colombia, de los cumanagotos de Venezuela, de los quechuas del Perú, de las animaraes de Bolivia, de los charrúas de Uruguay, de los araucanos de Chile?

¿Saben de las ruinas más bellas de México, de los mayas de Oazaca, con sus palacios de muros fuertes cubiertos de piedras talladas, que figuran hombres de cabeza de pico con la boca muy hacia afuera, vestidos de trajes de gran ornamento y la cabeza con penachos de plumas? ¿La grandiosa entrada del palacio, con las catorce puertas, y aquellas gigantes de piedra que hay entre una puerta y otra? (Ver a José Martí en La Edad de Oro).

 La admiración por la ciudad ha cambiado en los cubanos, Eusebio Leal tiene mucho que ver en eso; muchas veces los que acostumbran caminar por la ciudad y no tener puntos de referencia, desconocen la ciudad en que vive.

Por ejemplo, muchos no saben que un especialista como el profesor de la Universidad de Cornell, Presidente del Colegio de Arquitectos E. Weiss en su libro de La arquitectura colonial cubana (2002), escribe que “descontando a México y Perú, dos de los más extensos y ricos territorios de la América histórica. Pero fuera de estos; es probablemente la arquitectura más completa y mejor representada de la época colonial en nuestro continente. Su personalidad es clara y bien definida; sus soluciones, enteramente funcionales, reflejan el modo impresionante el medio social en que se produce la vida y costumbres del país y los materiales que el suelo y la industria brindaban a sus habitantes. Su sobriedad, la sencillez de sus soluciones no pueden estar más a tono con los ideales modernos, al propio tiempo es pintoresca y de un gran colorido. La grandeza de su escala, sus amplios soportales, sus voladizos, balcones, sus enormes rejas, han sido admirados por viajeros de todos los tiempos, incluso por arquitectos de proyecciones enteramente modernas”.

La rareza de la capital cubana reside en muchos aspectos: La Habana es una ciudad que parece intacta, desde mediados del siglo XX, no es una ciudad moderna en su arquitectura, escapó a la avalancha arquitectónica la “cancunización” que cambió la faz de ciudades de Iberoamérica las que perdieron la esencia prístina colonial. En La Habana no hay puentes colgantes, rascacielos que llaman “elefantes blancos”; pero La Habana cuenta con la mejor fortificación de América, la zona estratégica era la más apreciada por aquí pasaba todo el oro, la plata, las piedras preciosas saqueadas q las Américas. Toda esa rareza la hace atractiva y seductora, Eusebio Leal con su proyecto apoyado por el gobierno cubano, fue levantando la ciudad de sus escombros, resurgió dentro de las cenizas con el Ave Fénix. el centro histórico emerge de sus propios restos. Esa es su gran proeza que deja atónitos a los visitantes, quedan prendados de la magnificencia de su arquitectura.

Hagamos como dijo Alejo Carpentier, “seamos curiosos cuando caminemos por La Habana. Porque La Habana tiene un privilegio que sólo conocen las grandes capitales del mundo. Y es que el aburrimiento no vive en sus calles. La calle habanera es un espectáculo perenne. Hay en ella materia viva, humanidad, contrastes, que pueden hacer las delicias de cualquier observador”.