Comedias revolucionarias

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Ocurre muy de tarde en tarde que te tropieces en la televisión con una película que te da ganas de seguir viendo cine. Ya sé que todos los puros y duros se me van a echar encima acusándome de cualquier cosa. Pero sostengo que “Cómo sobrevivir a una despedida”, película española de Manuela Burló Moreno, te deja el alma en paz y la sensación de esta en otra dimensión, de dar la espalda a la comedia española cutre donde sin el sexo más brutal y más sin gracia la vida no parece ser la misma. Es una sencilla historia de un grupo de amigas, sanamente alocadas, que en espera de conseguir lo que quieren en la vida, un hombre guapo, un trabajo de rechupete y un piso de película, se encuentran en un hotel de una playa para una despedida de soltera.

Merecen mención las actrices, Natalia de Molia, Úrsula Corberó, María Hervás, Celia de Molina…Todas esplendidas en sencillitos papeles que no hubiesen salido de la pluma de Ingmar Bergman, y es tanto mejor. Porque es una película para no pensar y mirar. Llegan a una playa y empiezan las locuras alrededor de la preparación de la despedida de soltera de una de ellas.

A mí me ha recordado comedias norteamericanas de otros tiempos, sin llegar a las exquisiteces de ”Con faldas y a lo loco” o a las estupideces de algunas producciones exclusivamente para adolescentes norteamericanos cuyo nivel mental es realmente bajo.

No, es una historia en la que a uno le hubiese gustado incluso jugar. Las muchachas tantean su destino en unos días de vacaciones y los muchachos, menos listos, hacen lo que pueden. Lo que más me ha agradado es la frescura, la falta de inútiles bromas pesadas muy frecuentes en ciertas producciones norteamericanas que parecen no tener más visión que el sexo desparramado, y el tremendismo en todos los conceptos.

Una película sin grandes aspavientos, sin metas taquilleras que lleva la felicidad a un montón de espectadores o de televidentes o de videntes simplemente. Pero cumple su misión de distraer. Me he sentido más cerca de esos personajes que solo buscaban una felicidad barata, un rato de felicidad sin complicaciones que de los sofisticados de Cumbres borrascosas o de esas cosas que en nombre del sacrosanto dinero Hollywood imprime ahora como si fueran churros.

Tengo en curso una discusión sobre qué es ser revolucionario. Yo creo que es sencillamente ser subversivo, querer cambiar las cosas y hace algo para cambiarlas. Cuando Hollywood decide dar Oscar a toda la bazofia que producen sus estudios entran ganas de ser revolucionarios. Y proclamo que “Cómo sobrevivir a una despedida” es subversivo y por lo tanto revolucionario.

Qué gusto contar felicidad sencilla, sin apuros, sin truculencias frente a las fórmulas dichas sabias de construcciones cinematográficas complicadas o tan infantiles como esas desvergüenzas de “rápidos y furiosos” que nos quieren vender como cine novedoso, de calidad máxima.

Los grandes del cine, “Que bello es vivir” sin ir más lejos, nunca han buscado la complicación de la imagen y de las tramas intentando pillamente perder al espectador en un maremoto de grandiosa imbecilidad que si no entiendes es porque no mereces ser de este mundo.

Me ha recordado también a “Caramelo”, una deliciosa comedia libanesa, que es para relamerse de gusto. La trama también es sencillita. Un grupo de amigas se reúnen en una peluquería, que les sirve de confesionario. Una de ellas está enamorado de un hombre casado, otra va a casarse pero ha perdido la virginidad en camino y está preocupada por lo que pueda pensar su futuro esposo. Y a otra le gustan las mujeres, lo cual es bastante difícil de aceptar en una sociedad tan entramada como la libanesa.

La película la dirigió Nadine Labaki, que es una de las protagonistas, en 2008 y es probablemente una de las comedidas mejor conseguidas en muchos años. Me pregunto cómo los norteamericanos no la han comprado para versionarla. A menos que ya lo hayan hecho.

El secreto de “Caramelo”, las golosinas tienen un papel importante en la sociedad árabe, es su sencillez, su buen gusto, un guión sin estridencias, una interpretación de palmarés en cualquier festival.Pero la sencillez y el buen gusto son dos factores que se van desvaneciendo en un cine convencido de que el éxito estriba precisamente en el ruido y el furor, en la falta de gusto y en la baratura de la argumentación.

Pobre comedia. Porque las comedias no han tenido nunca tramas complicadas. La más refinada de todas ellas, Con faldas y a lo loco, no requería de espectadores con coeficientes intelectuales espantosos.Pero en lugar de eso te echan a las taquillas cositas monas como Hallowen, que por lo visto ya está escandalizando a las taquillas. Terror en todos los planos. Hubo tiempos en que las películas tenían por lo menos una misión profiláctica y de multiplicación de los panes. Eran años en que el precio de una habitación de hotel no estaba al alcance de todo el mundo, sobre todo los más jóvenes. Se metían en un cine de barrio, última fila, y a esperar las escenas más terroríficas para agarrarse, de terror, claro, unos a otros. En aquella época no lo dijeron las autoridades pero seguro que la demografía creció y disminuyó el número de agresiones sexuales.

Sigamos soñando.