Comida de Infarto

Mª Victoria Páez | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Leopoldo creía en la vida más allá de la muerte, pero nunca se lo había imaginado así. Presenciaba aquel revuelo, sentado en el butacón de la habitación 1735 de aquel hotel tan pijo, en medio de la Costa del Sol. Gritos, ruido, sirenas, botas de seguridad corriendo por un pasillo, 30:2, alarma de monitor: ASISTOLIA. El era médico, sabía de que iba aquel rollo. Pena le daba aquella pobre doctorcilla de emergencias, que, tirada, en el suelo, intubaba con un 7,5 y aportaba oxigeno al cien por cien. Más dolor le daba Concha, su mujer de toda la vida, que se negaba a parar aquel paripé. Cuarenta años juntos, y, ahora, en el cumpleaños de su hermana, había decidido abandonarla.

Pobre esposa suya, había pedido tres veces al equipo de urgencias que no parara: ¡Si no había nada que hacer¡¡ Lo sabían los dos!¡ Era hora de separarse! El seguía sentado en aquel sillón, viendo pasar a tanta gente de bien que hacía lo imposible porque él se quedara a celebrar el cumpleaños de Tita Lupe. ¡ Cuántas buenas intenciones! El, sólo tenía ojos para su Concha, y para aquella mediquilla de azul que seguía en el suelo y que, como si lo viera, se giraba hacia aquel sillón de las 1735. Sólo ella sabía que el corazón se le había partido en dos, se había dado cuenta en aquel electrocardiograma en el que registró actividad, porque él, por un minuto, había pensado en volver con su Concha. Un minuto, sólo lo pensó un minuto, el tiempo en el que una luz se presentó ante él y le dijo:

Leopoldo, es tu ocasión. Fuiste bueno, el camino está abierto. El tiempo lo inventaron otros. Concha sube en un abrir y cerrar de ojos. Vamonos.

¿Un segundo más?

Pones en riesgo la paz de los dos, Leopoldo, tu decides Miró por última vez a aquella criatura que había decidido meterlo en la ambulancia para consolar a su Concha, su compañera, la mujer de su vida, la madre de sus hijos.Concha, en un parpadeo la volvería a ver. Lesión por falta de riego sanguíneo, que se produce por la obstrucción de las arterias que llevan el oxígeno al músculo cardiaco.

De todas ellas, la más letal, es el infarto inferior, ya que deja sin riego, al Haz de Hiss, encargado de los impulsos eléctricos del músculo cardiaco. Leopoldo presentó un infarto antero inferior: se bloqueó la coronaria izquierda , hasta dejar su corazón sin estímulos para el latido. A Leopoldo se le partió el corazón en dos. Espero que hayas encontrado la luz, yo, sigo teniendo agujetas.