Cuba y el drama de la selva

Manuel Juan Somoza | Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

Es difícil para cualquier isleño tocar con las manos las culturas lejanas, dejar de flotar por algún tiempo y sentir la serenidad de esas tierras firmes repletas de historias viejas, que casi siempre deslumbran a quienes venimos del mar. O al menos, así ocurrió conmigo al desembarcar en Yugoslavia en el decenio de los años 60, cuando en Belgrado se almorzaba de lujo con menos del equivalente a un dólar. Ni pensar que algún tiempo después, en otro salto, llegaría acompañado a Argelia para una estancia de casi cuatro años, solo que con vista a ese segundo desplazamiento éramos dos, y Vivian y yo quisimos prepararnos acudiendo en La Habana a todos los especialistas que encontramos. Pretendíamos aterrizar en el norte de África menos ignorantes. Sin embargo, no fueron ellos –presuntos conocedores de conflictos distantes- los que nos aproximaron a esa realidad tan distinta a la del Caribe, hasta en la concepción del tiempo, sino otro colega, el argentino Jorge Timossi, a quien le sobraron unas cuantas sentadas en París para ponernos certeramente al tanto de lo que nos esperaba, y que él ya había vivido, mientras su hijo Fernandito siempre aguardaba, patineta en mano, a fin de llevarnos a recorrer sin apuros la ciudad luz. Comenzamos a comprender así que es erróneo suponer que sabemos o pretender sentar cátedra desde la distancia, por mucho que leamos, sigamos internet o creamos en la televisión. Aprendí que nunca me correspondería evaluar desde aquí lo que está ocurriendo en Cataluña, Siria, Ucrania o Gibraltar, y mucho menos hacer pronósticos. Tras recorrer el triángulo Belgrado-París-Argel supe que no hay que tomar al pie de la letra lo que nos cuentan otros. De ahí que ni intente explicar –aunque trato de entender- cómo fue posible la victoria electoral de un personaje tan controvertido y siniestro como Jair Bolsonaro.

Pero el caso del presidente electo de Brasil y el conflicto con los médicos cubanos que están regresando, me toca de cerca; tengo referencias próximas, una de ellas a menos de 300 metros de casa, por lo que este no es tema distante y bien vale la pena intentar algunas consideraciones propias sobre ese asunto político, social, que al menos en la isla es pan del día a día.

Todo comenzó mucho antes de que los isleños llegaran al gigante suramericano. “Ahora nos llenarán de cubanos porque vendrán con 30 familiares cada uno”, tronaba Bolsonaro cuando era apenas un político de cuarta categoría, el programa “Más Médicos” acababa de surgir como iniciativa de la entonces presidenta Dilma Rousseff y nadie podía imaginar el impacto que tendría para bien de 113 millones de pacientes sin recursos con qué pagar a un doctor. Tras vencer en los últimos comicios al Partido de los Trabajadores (PT), que antes llevó a Rousseff a la presidencia, Bolsonaro ajustó el tiro y adelantó que obligaría a los médicos a recalificarse -duda de su profesionalidad-, y los calificó de “esclavos” porque prestan su asistencia, solitarios, sin familias –nunca viajaron con los vaticinados 30 parientes por cabeza-, en los lugares más humildes e inaccesibles de su país. En consecuencia, La Habana reventó, decidió la retirada de los ocho mil y tantos galenos que trabajan todavía en Brasil y el ex militar que devendrá mandatario les prometió asilo político a todos los que optaran por quedarse, en tanto, de inmediato, las plazas de los isleños fueron puestas a disposición de otros doctores extranjeros o nacionales que estuvieran dispuestos ¿? a ir a esos lugares del fin del mundo que sobran en Brasil. Los cubanos viajaron, precisamente, porque ni los nacionales ni otros extranjeros aceptaron los riesgos de “Más Médicos”.

Soy de los que cree que al futuro mandatario brasileño le importa poco la suerte de esa gente que no suele ir a votar y pasa hambre; en política ellos no cuentan, la inmensa mayoría conoció por primera vez a un médico cuando llegaron los cubanos a sus chozas. Allá, entonces, pierden los de siempre ,  aquí dejan de ingresar unos 850 millones de usd al año por concepto de esos servicios, según estimados independientes, y los medios hacen zafra, los de derecha pronosticando deserciones masivas o culpando  a La Habana por la retirada, los de izquierda iniciando la oposición al político ultraderechista, más de un mes antes de que asuma la presidencia, y justo al medio, los que no saber leer, no votan y viven poco.

No sé si cuando asuma la presidencia, Bolsonaro romperá relaciones o si la oposición, tardíamente, alcanzará el milagro de la unidad; aunque me mantengo al tanto de los muchos puntos de vista que corren, esos asuntos son de los distantes. Pero lo que sí me consta, porque me toca de cerca, porque he compartido con ellos en el Sahara Occidental, Angola, Mozambique y otras partes, es que lo hecho por los isleños que fueron a ese país-continente que es Brasil, no se paga ni con los 760 usd mensuales que cobraba cada uno –aquí no llegan a 70- , ni con política, ni con todas esas glorias que nos inventamos los humanos. ¡Respeto, coño, profundo respeto!, es lo que merece cualquier médico que deje su tierra para llevar la bendición de la salud a quienes en la selva no saben ni de bendiciones.