Cuba, España y “el vendedor de vientos”

Manuel Juan Somoza |Maqueta Sergio Berrocal Jr

La Habana

Con una visita oficial de apenas 24 horas, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, “el vendedor de vientos”, le dicen los escépticos, llenó de símbolos las relaciones políticas, económicas y culturales con Cuba, que “son prioritarias para nuestro país”, según aseguró antes de poner punto final a una estancia que trató de sepultar tres décadas de desencuentros gubernamentales. Con su par cubano, Miguel Díaz-Canel, se reunió en privado, después cenaron juntos como buenos amigos, sin serlo, se encontraron unas cuantas veces más lejos y al alcance de los focos de la prensa, y repartieron risas y frases de esperanza a cientos de empresarios interesados en el mercado nacional y reunidos en el hotel Iberostar Gran Packard de La Habana, satanizado por Estados Unidos. Washington incluyó a ese hotel en una lista negra por hacer negocios con la isla el mismo día de su inauguración hace poco más de una semana.

Entre los empresarios españoles estaban los pesos pesados en construcción e infraestructura, aerolíneas, gestión de aeropuertos, hostelería y turismo, telecomunicaciones, sectores para los cuales los cubanos reclaman inversión extranjera de urgencia y hasta el gigante Google se ha interesado. Todo indica que España ha fortalecido su posición de socio comercial de la mayor isla del Caribe, tras la debacle en Venezuela, que encabeza la lista de aliados seguida por China. En la reunión empresarial se habló incuso de otra renegociación de la deuda cubana y Sánchez dijo que “sean cual sean los obstáculos” España seguirá invirtiendo en el país caribeño. Agradecemos la “confianza y comprensión” ante el débito de unos 300 millones de euros, replicó el vicepresidente cubano, Ricardo Cabrisas.

“Apreciamos sinceramente la visita”, afirmó en tanto Díaz-Canel en momentos en que su país carece de liquidez, y el visitante le respondió:  “España quiere contribuir activamente” a los cambios económicos que tienen lugar en la isla, sin abandonar el sistema de partido único.

Los presidentes hablaron también de la probable visita a Cuba de los Reyes de España en noviembre de 2019, cuando La Habana cumplirá 500 años de fundada, y acordaron reuniones gubernamentales de manera sistemática para abordar temas políticos, incluido derechos humanos, mediante un mecanismo similar al que La Habana tiene con la Unión Europa (UE) y México.

Hubo además emociones, porque los lazos familiares de la isla con la otrora metrópoli son profundos, y gestos controvertidos como el préstamo a los cubanos de la silla de tronco de Palma del general Antonio Maceo, el más intransigente de los independentistas cubanos, para ser exhibida por dos años. La silla fue sacada de Cuba por el general Valeriano Weyler, el más sanguinario de los Capitanes Generales de España en el país caribeño hasta 1897.

En la meteórica visita no cupieron los grupos opositores al gobierno, como solicitaron la bancada parlamentaria de los derechistas Partido Popular (PP) y Ciudadanos, el exilio cubano y Amnistía Internacional. “Queremos conocer la realidad cubana, no ponernos medallas” políticas, dijeron funcionarios españoles, luego de apuntar que tampoco se reunieron con disidentes, ni el papa Francisco, ni la alta representante de la Unión Europea (UE), Federica Mogherini, ni los últimos cancilleres del PP que visitaron la isla. En cuanto a Cuba, para bien o para mal, España juega un papel clave en la UE, bloque con el cual La Habana busca un mecanismo de protección contra el bloqueo de EU. “España no debe perder por segunda vez a Cuba”, afirmó por su parte el Historiador de La Habana, Eusebio Leal, otro de los anfitriones de Sánchez, al evocar el momento en que Madrid “en vez de otorgarle la soberanía a los cubanos como debió ser, se la cedió a EU” en 1898, al finalizar la guerra de independencia.

Como Dios manda, hubo de todo en esta visita, hasta el forcejo de los corresponsales de prensa extranjera acreditados aquí, a fin acceder a una conferencia de prensa del mandatario –la única- solo prevista por la Moncloa para las decenas de informadores españoles que lo acompañaron. No obstante, el “vendedor de vientos” hizo lo suyo y sembró símbolos, en una isla en que los símbolos se asumen muy en serio.