El suicido ampliado

Mª Victoria Páez | Maqueta Sergio Berrocal Jr

Se llamaba Lucia, vivía con su hijo de 7 meses, todo lleno de vida, en la Avenida Ricardo Soriano de una ciudad cualquiera. Un día decidió que ya estaba bien, que no tenía objeto seguir y, que , ya que esto era un infierno, su niño lindo no tenia por qué sufrirlo. Cuándo Andrés llegó, con su traje fluorescente, la escena era dantesca: Lucía en el suelo, inconsciente, sin respuesta a estímulos, y su hijo, ese niño rollizo de 7 meses, en la cama de mamá, moradito como los lirios del campo, con una almohada a su lado que había servido para aprisionar definitivamente su cuerpo indefenso.

El policía que había levantado la almohada lloraba y, a ratos, vomitaba.La compañera de piso de Lucía miraba la escena desde la puerta, desencajada, como un personaje de los Warren.

Andrés volvió a su puesto de trabajo, en aquel Centro de Salud. Allí, a solas, lloró y gritó sin que lo escucharan. Maldijo, rezó, se apiadó, insultó… su cabeza era una tormenta, no distinguía lo bueno ni lo malo, estaba aturdido, en shock ( como nos gusta decir ahora).

En aquella locura que invadía su cabeza, recordó a aquel profesor de psiquiatría, de sus años de residencia: “ SUICIDIO AMPLIADO”. Buscó en su móvil la descarga del DSMV y comenzó a devorarlo por encima de sus gafas de miope:

“ SUICIDIO AMPLIADO”: TRASTORNO DEL COMPORTAMIENTO DEL INDIVIDIO, EN EL QUE, UNA VEZ LLEVADO A CABO EL INTENTO DE MORIR, LO APLIA A SUS FAMILIARES MÁS CERCANOS.

EL SUICIDA PUEDE O O TENER  CONOCIMIENTO DE LA CONSECUENCIA DE SUS ACTOS, E INTENTA, POR TODOS LOS MEDIOS, EVITAR EL SUFRIMIENTO DE LOS SERES QUERIDOS.

Andrés volvió su memoria hacia Lucía, por primera vez veía las cosas claras. Salió del Centro de Salud, con su traje escandaloso, y volvió a buscar a la compañera de aquella desgraciada

¿ Cómo era tu amiga?¿ Cómo era el chiquillo?¿ Cuéntame cosas de ellos?

No se que decirle doctor, siempre fue reservada. Yo la conocía porque era sobrina de una amiga de mi trabajo; se había separado del papá de Fede, creo que nunca se habían casado, que mas nos da doctor. Llegó con el niño a casa, tan bonito, tan gordito, tan risueño… mire… comía tan bien. Eso también le da a usted igual ahora ¿ verdad?. ¡ Claro! Fede no va a comer más… bebé…..

Yo sabía que no se encontraba bien, pero yo trabajo ¿sabe?. Alguna vez le dije que por qué no iba a ver a su doctora.

Mire, escúcheme… tenía la mirada perdida muchas veces. Un día empezó a decir que el papá de Fede la seguía, yo nunca vi a nadie, se lo juro. Se encerraba sola en el baño, a llorar. Yo pegaba en la puerta porque Fede lloraba de hambre.. pero a mi me encantaba darle la frutita de la tarde y las verduritas de la cena… esos ojos tan lindos, esa risa de gordo satisfecho.

Un día me dijo que ella no quería sufrir más : ¡ doctor! ¡ Creí que iba a ver a su médica!¡ doctor!¡Déjeme que se lo explique!. Fue hace 3 semanas, más o menos, apareció con una bosa de la farmacia; me dio alegría, por fin iba a terminar con su pena, pero, ¡óigame!, yo no la veía mejorar, le preguntaba si había tomado sus pastillas y siempre me decía que sí con la cabeza, cada vez más ida.

¡ Doctor!¡ si no voy a trabajar me echan!¡ no podía estar todo el día con los dos!¡ Usted sabe la verdad! ¡ No se tomaba las pastillas! ¿ cierto?

¡ Doctor! ¡ si usted llora que hago yo!

¡ Doctor! ¡ Lucia y Fede!

El médico se levantó con la cara llena de lágrimas, intentó sonreir a aquella criatura, pero no pudo, sólo tenia una cosa en la cabeza:

SUICIDIO AMPLIADO

Dedicado a todas las madres que, en su depresión, de una u otra causa, han creído proteger a sus hijos llevándolos a la muerte. Dios los acoja a todos. Al Dr. Andrés Belmonte, que fue por “ Lucía y Fede”, jamás olvidaré como lloraste entre mis brazos aquella tarde de enero. Todavía tengo tus lagrimas en mi uniforme fluorescente