En Cuba hay gente que cree en los poderes de la ceiba

Marta Gómez | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

Y no se trata solo de los capitalinos o viajeros curiosos que por cientos,  acuden cada año en la víspera del 16 de noviembre, fecha de la fundación de San Cristóbal de La Habana en 1519, a darle vueltas y pedir deseos a la ceiba.Ese rito de dar tres vueltas al árbol sagrado del panteón africano en Cuba, forjado por el sincretismo de creencias, principalmente de origen yoruba  y españolas, está enraizado con la práctica de diferentes ofrendas o ceremonias que hablan de la veneración y respeto que inspira la formidable especie vegetal. No solo en la bella y cumpleañera Habana se rinde culto a la ceiba: en Cuba hay mucha gente que cree de manera más visible o más íntima en los misterios y poderes de la ceiba. Vive Dios!

La joven ceiba de El Templete, el pequeño edificio de corte neoclásico inaugurado a principios del siglo XIX en homenaje a la misa fundacional de la ciudad y el primer cabildo. La tradición oral y escrita señala que ello ocurrió bajo la sombra de una ceiba, allí plantada por Madre Natura, la cual afirman que logró resistir el paso de vientos huracanados y otras contingencias humanas hasta el siglo XVIII.

Era y sigue siendo muy cerca de la llamada Bahía de Carenas, hoy Bahía de La Habana. La ceiba actual es muy joven y sustituyó sin remedio, con permiso de los orishas, a una planta  vieja y , comida por las plagas a pesar de intentos de salvarla.

 Allí, tras esperar en larga fila,  cada cual espera su oportunidad de, en fecha tan significativa, poder dar tres vueltas a la ceiba allí plantada y pedirle sus bendiciones y deseos.

  o hay que hablar de la majestuosa ceiba, una especie de árbol, presente en la franja tropical de América y en Africa, siempre fue conocido en la flora autóctona, aunque sin abundancia significativa de ejemplares. El 16 de noviembre se dedica, si se quiere, a la veneración de la ceiba, a quien muchos consideran tan sagrada y simbólica como la palma real, que es el árbol nacional del país.

El culto a la ceiba, que algunos especialistas han considerado como una creencia religiosa casi independiente incluye a diversos sectores de la sociedad: blancos y negros, urbano y rural y se extiende sin distingos por toda la geografía cubana.La ceiba que este año recibirá a los capitalinos, un vigoroso ejemplar de 17 años y ocho metros de altura, traído de la localidad de Las Terrazas, Artemisa, fue recibido por la ciudadanía y el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal.

Una buena parte de las creencias en torno al mítico árbol proviene de la religión yoruba, pues esa religión lo valora como sagrado o árbol de Dios. Según predica la tradición, caminar alrededor de una ceiba, dar tres vueltas, tocarla y hasta besarla, atrae prosperidad.  Y aunque no es el verdadero iroko de la cultura africana madre, también se le llama iroko por estos lares. En su copa viven los espíritus de las deidades, por los que encierra un gran poder, aconsejable no usarlo para el mal. Determinados ritos pueden atraer salud, suerte y desarrollo profesional.

  Nadie se atrevería a cortar una ceiba en Cuba sin permiso de las deidades. Y existe también la creencia, muy arraigada, de que es un árbol respetado por el rayo y las tormentas. Se le considera expresión de lo eterno, de la vida, de la fuerza y la unión.

  De acuerdo con los diversos credos que la veneran no solo habitan en ella los espíritus de las deidades. También de todos los muertos, blancos y negros, que han vivido en esta tierra. Incluso una deidad del vudú. Además, se dice que alberga a la Virgen María y al Niño Jesús, que en ella tuvieron que refugiarse cierta vez que eran perseguidos. Por eso incluso se le llama el árbol de la Purísima Concepción. Además de Iroko, de la Purísima Concepción, o de Dios se ha llamado también a esta especie en Cuba  “Fortuna-Mundo” y “Niña-Linda”, costumbre que le atribuyen a los mayomberos del campo.Como es santa y está bendita nunca  debe usarse para cauar mal el mal, se insiste, pues cuando le proponen acciones maléficas es capaz de llorar.

  Los creyentes que veneran el magnífico árbol de grueso tronco y copa de gran envergadura la tratan con gran respeto. Jamás pisan su sombra sin pedirle permiso y nunca le dan la espalda al alejarse de ella. Les ofrecen sus ofrendas tratando de cumplir con rigor los mandamientos religiosos. De no ser así, la ceiba puede no perdonar. “Esa mata, caballero, sí tiene poder”, sentencian los más viejos a los que ven con cara de incrédulos. Y diciendo: “Misericordia”, redondean la frase las señoras mayores.