Cuba, amigos y tiempos duros

Manuel J Somoza | Maqueta Sergio Berrocal

En los tiempos duros, que para Cuba han sido muchísimo en estos casi 60 años, se recurre a la familia, a los amigos siempre dispuestos aunque tengan poco e incluso a aquellos con recursos e inviolables intereses propios, que en casos de ahogo pueden devenir salvavidas. Y al parecer ese recurso tan viejo como la humanidad lo han puesto en práctica los líderes isleños, cuando en Washington sube la fiebre de las sanciones al país caribeño, en una práctica que al parecer no variarán de inmediato ni los resultados de las elecciones de medio término en Estados Unidos.

En consecuencia, el presidente Díaz-Canel inició en Rusia el 1 de noviembre una gira que lo llevó también a Corea del Norte, China, Vietnam, y concluyó en Laos diez días después. La arrancada en Moscú no pudo ser más simbólica, ese mismo día, hablándole a la ultraderecha de Miami, el asesor de seguridad nacional de EU, John Bolton, anunciaba nuevas sanciones contra Cuba, Venezuela y Nicaragua. Claro que recurrir a Moscú ahora, pasados los tiempos de la Unión Soviética, y a Pekín, nuevo impero económico y financiero que crece para algún día “pasarle la cuenta a occidente”, como me confió un entrañable amigo y experimentado conocedor del tema, implica reconocer que esos viejos aliados, hoy, se interesan más por las cuentas claras en la economía que por la ideología.

“Al desarrollar nuestras relaciones con Cuba no debemos hacerlo en perjuicio propio, porque podría repetirse la experiencia viciosa de la Unión Soviética” –le deuda llegó a 35 mil millones de usd-, dijo el viceprimer ministro ruso Yuri Borísov, encargado de la colaboración con la isla, mientras Díaz Canel y el mandatario Valdimir Putín se reunían en el Kremlin, y el ruso santiguaba varios acuerdos económicos negociados por Borisov por un monto de “más de 250 millones de dólares” y subrayaba el “carácter estratégico especial” de sus relaciones con La Habana.

No trascendió si esa cantidad incluye un préstamo “por 50 millones de dólares para la compra de armamento”, como anunció el diario ruso Kommersant  – y parece probable-, o si los dos líderes evaluaron el interés de especialistas rusos de establecer bases militares en la isla “en respuesta a la intensión de EU de retirarse del Tratado sobre Misiles de Alcance Medio y Corto de 1987”, algo a todas luces improbable. . “La Habana no tiene interés en llevar la discusión con EU a ese nivel·” en detrimento de la vía diplomática, consideró el experto Arturo López-Levy, del Gustavus Adolphus College, en Minnesota.

En Pekín, en tanto, el mandatario también trató de acelerar los vínculos económicos tras caer en unos mil millones de dólares en 2017 las exportaciones del gigante asiático “por problemas de pago de los cubanos”, según China. El gobernante isleño y el mandatario Xi Jinping presidieron la firma de siete acuerdos económicos incluidos dos créditos, cuyo monto no trascendió, para la adquisición de equipos de construcción con vista al turismo y al sector de las energías renovables. No obstante, en paralelo, el director general de América Latina y El Caribe del ministerio de Relaciones Exteriores, Zhao Bentang, aclaró que su gobierno “se compromete a ampliar las inversiones y los planes de otros negocios en la isla bajo los principios del mercado internacional”.

En Corea del Norte todo transcurrió entre imágenes multicolores diseñadas para la televisión de coreografías gigantescas en saludo y respaldo al visitante y al jefe de los coreanos Kim Jong-un, mientras en Vietnam, que no olvida el respaldo cubano en tiempos de la guerra y es menos estricto ante los incumplimientos de pago de la isla, se suscribieron varios acuerdos económicos, al igual que Laos.

Los resultados desde el punto de vista comercial y financiero pueden ser pocos en comparación con las necesidades de Cuba; es difícil sacar cuentas cuando las cifras se guardan bajo llave. Sin embargo, en tiempo duros hay que moverse en todas direcciones. El próximo 22 de noviembre desembarcará en La Habana Pedro Sánchez, presidente del gobierno de España -principal inversionista europeo-, en la primera visita oficial de ese tipo desde 1986, y aunque no hay confirmación oficial, doy por descontado que Díaz-Canel viajará en diciembre a México para asistir a la toma de posesión presidencial de André Manuel López Obrador, un soplo de izquierda en América Latina, cuando la mayor parte de los nuevos mandatarios electos en la región quieren bailar con Donald Trump y hasta el otro gigante de la zona, Brasil, tendrá al mando en enero a Bolsonaro, amante declarado de los tiempos de Pinochet.