Bombas manipuladoras para Cuba

Sergio Berrocal | Maqueta Sergio Berrocal Jr.

La manipulación de la información es el juego al que se libran los Estados del mundo entero desde el momento en que hay algo que defender. Los griegos manipularon con el caballo de Troya. Y la Unión Soviética y los Estados Unidos son maestros amantísimos en el arte de hacer creer lo que quieren que se crea. La manipulación es una ciencia complicada y muy necesaria. Y más necesario es saber combatirla.Actualmente, hay especialistas en manipulación en los dos campos que tratan de dilucidar la jugada que prepara el enemigo para abortarla. No siempre es fácil y a veces la maniobra puede surtir el efecto contrario. Aprovechando el reciente viaje del presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, por Rusia y China, los manipuladores se han frotado las manos y se han puesto a trabajar. Y mientras Díaz-Canel volaba de un lado para otro, se han lanzado los cohetes de la propaganda, de la contra propaganda y la que nada entre dos aguas. Todas ellas pueden provocar daños muy importantes sin que haya un solo muerto si así se dispone.

1962 fue el año del último enfrentamiento entre la Unión Soviética y los Estados Unidos cuando EEUU descubrió que en Cuba había bases de misiles nucleares de alcance medio instaladas por la Unión Soviética.

Tembló el mundo y el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear o por lo menos de la manipulación de una guerra catastrófica. Había fotos de las bases de los cohetes, nadie daba un paso atrás. Estaba montado el escenario para la crisis más grave que hubiese conocido el mundo y esta vez con el posible estallido de armas nucleares.

Con la visita del Presidente de Cuba a sus antiguos aliados soviéticos, que ahora son rusos y han tomado el aspecto de un señor llamado Vladimir Putin al que algunos prefieren la rudeza campesina de un Nikita Kruschof, que no era precisamente un diplomático, se ha vuelto a activar el mecanismo del miedo. Un señor al que diversas publicaciones presentan como experto militar ruso, Igor Korotchenko, jefe de redacción de una revista rusa de Defensa Nacional, ha soltado como quien no quiere la cosa: “Tenemos que volver a Cuba, necesitamos allí tres bases militares. Una de inteligencia electrónica para poder controlar y entender qué hace EEUU. Una base para nuestros submarinos nucleares multifuncionales. Y, si EEUU sale del tratado INF (sobre prohibición de armas nucleares) podríamos desplegar allí sistemas de misiles adecuados, lo cual contribuiría a la seguridad cubana y a la lucha antiterrorista internacional. Es necesario un acuerdo entre Cuba y Rusia de cooperación estratégica y de alianza militar”.

Justo en el momento en que Cuba y Estados Unidos atraviesan relaciones más tensas que nunca quizá porque en Washington el presidente es un señor llamado Donald Trump que antes de hacer una especie de paz con Corea del Norte se entretuvo en mantener con el líder de ese país un jueguecito absurdo pero peligroso que consistía en saber quién tenía la bomba nuclear “más gorda”.

En sus tiempos, la Unión Soviética fue el mejor y mayor manipulador político del planeta. Eran tan poco fiables las noticias que procedían de ese país que la agencia de prensa France Presse mantenía en su sede en París un costoso servicio de Escuchas (Service des Écoutes) que consistía básicamente en “descifrar” todas las informaciones que escupían por los teletipos los diferentes medios de prensa soviéticos y de sus países satélites.

Los integrantes de esa Redacción eran especialistas en cuestiones del Este de Europa que tenían la sabiduría de saber distinguir bastante a menudo entre lo auténtico y lo falso. Pasaban el día leyendo los teletipos de la Agencia Tass, agencia de prensa oficial de la URSS, que probablemente en un deseo de entorpecimiento no daba casi nunca un comentario que tuviese menos de dos mil palabras. En medio de toda esa fraseología, en ruso desde luego, aunque también en inglés, el periodista de turno tenía que intentar localizar algo que al corresponsal de France Presse en Moscú o en cualquier otra capital del Imperio soviético le permitiese seguir la pista y encontrar una noticia con sentido.

Compañeros míos que atendieron ese servicio durante años comentaban que era como buscar la famosa aguja en un pajar y que salían de sus turnos totalmente agotados. Con este sistema se descubrió más de una vez chanchullos informativos que los soviéticos querían hacer pasar por verdades. Eran los magos de la manipulación de la información, sobre todo porque en aquellos años sesenta del siglo pasado las comunicaciones eran lentas al lado de lo que conocemos ahora.

Entonces, mientras Washington sigue con un ojo avieso el viaje del Presidente cubano a Moscú, alguien tiene la sana idea de poner en marcha esas declaraciones del llamado Korotchenko a ver lo que pasa.

Y todavía hoy no se sabe qué puede pasar. Ningún comentarista en su sano juicio cree posible que Cuba acepte de nuevo bases nucleares, precisamente ahora que se ha lanzado en un comercio que puede sacarla de muchos apuros, la explotación del turismo multitudinario.

Arturo López Levy, presentado como profesor de Relaciones Internacionales en Estados Unidos, se pronuncia de forma muy categórica: “Es muy poco probable que Cuba vaya a aceptar ningún cohete, porque no tiene interés en llevar la discusión con EEUU hacia ese nivel”.

¿Se ha apagado el incendio? No es nada seguro. Porque cuando quienes están detrás de los belicistas rusos vean que la primera salva ha fallado prepararán otra y otra. Y quién sabe lo que puede ocurrir. La manipulación no necesita más que talento. Ni siquiera hace falta verificar quién tiene la bomba más gorda, como hubiera dicho el señor Presidente de los Estados Unidos de América.